CITAS BIBLICAS, POR TEMAS 


ACCIONES DE GRACIAS

Debemos dar gracias a Dios por todos los beneficios
¿Qué podré yo dar a Yavé, por todos los beneficios que me ha hecho? Levantaré el cáliz de la salvación e invocaré el nombre
de Yavé. (Sal 115, 12.)
¡Bendice, alma mía, a Yavé, y bendiga todo mi ser su santo nombre!; Bendice, alma mía, a Yavé y no olvides ninguno de sus
favores! (Sal 102, 1, 2)
No olvides el beneficio de tu fiador, pues se empeñó por ti. (Eclo 29, 20)
Frecuentes gracias del Señor al Padre:
Mt 15, 36; Mc 14, 23; Jn 6, 11.
Debe ser la actitud normal del cristiano
Y la paz de Cristo reine en vuestros corazones, pues a ella habéis sido llamados en un solo cuerpo. Sed agradecidos. (Col
3,15)
Por nada os inquietéis, sino que en todo tiempo, en la oración y en la plegaria, sean presentadas a Dios vuestras peticiones
acompañadas de acción de gracias. (Flp 4, 6)
Orad sin cesad. Dad en todo gracias a Dios, porque tal es su voluntad en Cristo Jesús respecto de vosotros, (I Tes 5, 17)
Dad gracias en toda ocasión.
Y todo cuanto hacéis de palabra o de obra, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por El. (Col
3, 17)
Entre las diversas virtudes cristianas, San Pablo recomienda la gratitud: Col 3, 15.
A Timoneo le ruega que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por los reyes y por todos los
constituidos en dignidad, a fin de que gocemos de vida tranquila y quieta con toda piedad y dignidad. (I Tim 2, 1)
San Pablo da también gracias al Señor por haberle fortalecido y haberle juzgado fiel para el ministerio: I Tim 13; por la
gracia otorgada en Cristo Jesús (1 Cor 1); y recomienda a los primeros cristianos que den en todo gracias a Dios, porque tal
es su voluntad en Cristo Jesús respecto a vosotros. (I Tes 5, 17)
Dar gracias por la fe:
Rom 1, 8; I Corl,4.
Dar gracias por la caridad fraterna:
Col 1, 3-4; 2 Tes 1, 3; etc.
Acciones de gracias de los bienaventurados en el cielo:
Apoc 4, 9; 7,12.:
Del samaritano leproso:
Lc 17, 16.
Del fariseo soberbio en el templo:
Lc 18, 11.

ALEGRIA
Son para mí tus palabras el gozo y la alegría de mi corazón. Jer 15, 6.
Dichosa la que ha creído que se cumplirá lo que se le ha dicho de parte del Señor. Dijo María: Mi alma engrandece al Señor y
exulta de júbilo mi espíritu en Dios, mi Salvador. Lc 1, 4647.
Díjoles el ángel: No temáis, os traigo una buena nueva, una gran alegría, que es para todo el pueblo; pues os ha nacido hoy
un Salvador, que es el Mesías Señor, en la ciudad de David. Lc 2, 10-11.
Abraham, vuestro padre, se regocijó pensando en ver mi día; lo vio y se alegro. Jn 8, 56.
Pero no os alegréis de que los espíritus os estén sometidos; alegraos más bien de que vuestros nombres estén escritos en los
cie10s. Lc 10, 20.
En el cielo será mayor la alegría por un pecador que haga penitencia que por noventa y nueve justos que no necesitan de
penitencia. Lc 15, 7.
Era preciso hacer fiesta y alegrarse, porque este tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y ha sido
hallado. Lc 15, 32.
De nuevo os veré, y se alegrará vuestro corazón, y nadie será capaz de quitaros vuestra alegría. Jn 16, 22.
Les llevó hasta cerca de Betania, y levantando sus manos les bendijo, y mientras los bendecía se alejaba de ellos y era
llevado al cielo. Ellos se postraron ante El y se volvieron a Jerusalén con gran gozo. Lc 24, 50-52.
Ellos se fueron contentos de la presencia del sanedrín, porque habían sido dignos de padecer ultrajes por el nombre de Jesús.
Hech 5, 41.
Tengo mucha confianza con vosotros; tengo en vosotros grande motivo de gloria, estoy lleno de consuelo, reboso de gozo en
todas nuestras tribulaciones. 2 Cor 7, 4.
Luego oí como una voz de una gran multitud, y como una voz de muchas aguas, y como una voz de potentes truenos, que decía:
"¡Aleluya!" Porque el Señor, Nuestro Dios omnipotente, ha establecido su reino. Apoc 19, 67.

AMOR
Nadie tiene mayor amor que quien da la vida por sus amigos. Jn 15, 13, 1
El que no ama permanece en la muerte. I Jn 3, 14.
El que ama, construye. I Cor 8, 1.
El verdadero amor es "paciente y benigno" I Cor 13, 4.
Hacerlo todo por amor: I Cor 16, 14.
Es también un fruto del Espíritu Santo: Cal 5, 22.
Dios es Amor. I Jn 4, 8.
No hay temor en el verdadero amor: I Jn 4, 18.
Es la señal que distingue al cristiano: Jn 15, 12.
El amor es fuerte como la muerte (...) Cant 8, 6.

AMOR A DIOS
Yo soy el Señor tu Dios (...). No tendrás otros dioses fuera de mi. Ex 20, 2-3.
Escrito está: Adorarás al Señor tu Dios y a El sólo servirás. Lc 4, 8; Mt 4, 10.
Adorad a Aquel que hizo el cielo, y la tierra, y el mar, y las fuentes de las aguas. Apoc 14, 7.
El ángel dijo: Adora a Dios. Apoc 22, 9.
Dios es espíritu y, por lo mismo, los que le adoran, en espíritu y en verdad deben adorarle. Jn 4, 24.
El le dijo: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Mt 22, 37; Dt 6, 4-9; 11,
13-19.
Pues éste es el amor de Dios, que guardemos sus preceptos... I Jn 5, 3.
¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la
espada? Rom 8, 35.
Respondió Jesús y les dijo: Si alguno me ama guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y en él haremos
morada. Jn 14,23.
El que recibe mis preceptos y los guarda, ése es el que me ama; el que me ama a mí será amado de mi Padre, y yo le amaré y le
manifestaré a él. Jn 14, 21.
(...) Escrito está, ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios ha preparado para los que le
aman. I Cor 2, 9.
(...) Sean los que te aman como el sol cuando nace con toda su fuerza. Jdt 5, 31.
"Por lo cual te digo que le son perdonados sus muchos pecados, porque amó mucho. Pero a quien poco se le perdona poco ama. Lc
7, 47.
Guarda Yahvé a cuantos le aman (...) Sal 144, 20.
Para los que aman a Dios todo ocurre para su bien. cfr. Rom 8, 28.

AMOR DE DIOS A LOS HOMBRES
El amor incansable de Dios: Os 11, 1-9
Dios es Amor: I Jn 4, 8.
Falta de correspondencia por parte de los hombres. Parábola de la viña: Is 5, 1-7.
El amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por virtud del Espíritu Santo, que nos ha sido dado. Rom 5, 5.
El amor de Cristo nos apremia: 2 Cor 5, 14.
El amor de Dios nos predestinó antes de la constitución del mundo para que fuéramos santos e inmaculados en su presencia". Ef
1, 4.
He venido a echar fuego en la tierra, ¿y qué he de querer sino que se encienda? Lc 12, 49.
"(...) Caminad en el amor, (amad) como Cristo nos amó y se entrego por nosotros (...) Ef 5, 1.
En esto está el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que El nos amó y envió a su Hijo, como propiciación por
nuestros pecados. I Jn 3, 18.
Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, y estando nosotros muertos por nuestros delitos, nos dio
vida por Cristo [...1" Ef 2, 4-5.
El Padre nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al reino del Hijo de su amor. Gal 1, 13.

APOSTOLADO
La misión del cristiano.
Así como Tú me has enviado al mundo, así yo los he enviado también a ellos al mundo. Jn 17, 18.
Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. Mc 16, 15.
Vosotros sois la sal de la tierra. Mt 5, 13.
Vosotros sois la luz del mundo. Mt 5, 14.
Quien a vosotros recibe, a mi me recibe; y quien a mi me recibe, recibe a Aquel que me ha enviado. Mt 10, 40.
El cristiano ha de ser levadura en la masa.
Es semejante el reino de los cielos al fermento que coge una mujer y lo pone en tres medidas de harina hasta que todo
fermenta. Mt 13, 33.
Un poco de levadura hace fermentar toda la masa. I Cor 5, 6.
Unión con el Señor.
Al modo que el sarmiento no puede producir fruto, si no está unido con la vid, así tampoco vosotros si no estáis unidos
conmigo. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; quien está unido conmigo, y yo con él, ése da mucho fruto, porque sin mi no
podéis hacer nada. Jn 15, 4-5.

Voluntad salvífica de Dios
Dios quiere que todos los hombres se salven y vengan al conocimiento de la verdad. I Tim 2, 4.
Yo he venido a echar fuego en la tierra, ¿y qué he de querer sino que se encienda? Lc 12, 49.
Instrumentos del Señor
Yo planté, Apolo regó: pero es Dios quien da el incremento. I Cor 3, 5-7.
Ejemplo de los Apóstoles
Los Apóstoles no cesaban de enseñar y anunciar el Evangelio por todas partes: Hech 5, 42; 8, 4.
No desanimarse ante las dificultades
Teniendo presente que vuestro trabajo no es vano en el Señor. I Cor 15, 58.
Mis elegidos no trabajarán en vano. Is 65, 23.
Responsabilidad
El que tiene la palabra de sabiduría, pero no quiere emplearla en provecho del prójimo, es lo mismo que quien pone el dinero
en una bolsa y la tiene siempre atada. Ecl 49, 17.

AVARICIA
El amor a las riquezas de nada aprovecha: Ecl 2, 17; 5, 9; Eclo 14, 3.
La avaricia causa de muchos males: Prov 1, 19; Eclo 10, 10; 1 Sam 25, 38; 2 Sam 17, 23.
Hay que guardarse de ella: Sal. 118, 36.
Especialmente deben evitarla los que gobiernan: Ex 18, 21; 23, 8; Dt 16, 19;Prov28, 16;1s5,23;Ez 22, 12-13; Miq 3, 11.
Algunos perecieron por causa de la avaricia: Jos 7, 21-25; 2 Rey 5, 20-27; 2 Mac 10, 20-23.
Si abundan las riquezas, no apagareis vuestro corazón. Sal. 61, 11.
Nada más inicuo que el avaro, pues es capaz de venderse a si mismo. Eclo 10, 6.
No podéis servir a Dios y a las riquezas. Mt 6, 24.
¿De qué le vale al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma? Mc 8, 36.
Guardaos bien de toda avaricia que, aunque uno esté en la abundancia, no tiene asegurada su vida con la hacienda. Lc 12, 15.
(...) son los paganos quienes buscan estas cosas con afán. Lc 12, 30.
Haceos con bolsas que no se gasten y tesoros inagotables en el cielo, donde no se acerca ningún ladrón, ni roe la polilla,
porque
Donde está vuestro tesoro allí estará vuestro corazón. Lc 12, 33-34 (Mt 6, 19-21).
Especie de idolatría: Col 3, 5; Ef5, 5.
(...) ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos (...) heredarán el reino de Dios. I Cor 6, 10 Tit 1, 7-11.
Que vuestra conducta esté libre de avaricia. Contentaos con lo que tenéis (...) Heb 13, 5.
(...) los cuidados del siglo y la seducción de las riquezas ahogan la doctrina y queda sin fruto. M' 3, 13, 22.
Traición de Judas por dinero. Mt 26, 15;Jn 12,ó.
Castigo de la codicia de Ananias y Safira: Hech 24, 26.
Codicia del procurador Félix y la prisión de Pablo: Hech 24, 16.
A los ricos de este mundo encárgales que no sean altivos ni pongan su confianza en la incertidumbre de las riquezas, sino en
Dios, que abundantemente nos provee de todo para que lo disfrutemos. I Tim 6, 17.
La fornicación y cualquier género de impureza y avaricia ni siquiera se nombre entre vosotros, como conviene a los santos. Ef
5, 3.
Es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de los cielos. Mc 10, 25.

AYUNO
En señal de luto y de tristeza: Jue 20,26; I Sam31, 13;Jer 41,2;52, 12; Zac 7, 2-5; 8, 9.
Penitencia unida a la oración para obtener la misericordia de Dios: Lev 19, 29; Num 30, 14-26; Tob 12, 8; 1 Mac 2, 47; 2 Mac
13, 12.
Día del ayuno: Lev 16, 29.
Cómo se ha de ayunar: Is 58, 3-7; Jer 14, 12.
De Nuestro Señor en el desierto: Mt 4, 1-2; Mc 1, 12-13; Lc 4, 1-13.
Nuestro ayuno debe ser humilde; si no, pierde todo el mérito: Mt 6, 16-18; Lc 18, 11-14.
Ayuno y oración para obtener de Dios el poder de arrojar a los demonios: Mt 17, 20; Mc 9, 28.
El ayuno de los hipócritas: Mt 6, 16-18; Lc 18, 9-14.
Ayuno de Saulo después de su conversión: Hech 9, 9-19.
Bienes espirituales del ayuno
Antes de la imposición de las manos a Saulo y Bernabé: Hech 13, 2-3.
De Pablo y Bernabe antes de la ordenación de los sacerdotes: Hech 16, 22.
Los ayunos frecuentes de San Pablo: 2 Cor 11, 27.
San Pablo recomienda a todos la templanza, en especial a los que habían de ser ordenados ministros: 1 Tes 5,6;2Tim4,5;
Tit1,7;2, 2-3.
Nuestro Señor defiende a sus discípulos de las acusaciones que les hacían porque no ayunaban: Mt 9, 14-15; Mc 2, 18-20; Lc 5,
3335.
Dispone para recibir las gracias del Señor: Lc 2, 37-38.
Los ministros de Dios y el ayuno: 2 Cor 6, 4-8.
Para someter nuestro cuerpo: I Cor 9, 27.

BAUTISMO
Sacramento instituido por Jesucristo.
Yo (Juan Bautista) os he bautizado con agua, mas (Jesús) os bautizará con el Espíritu Santo. Mc 1, 8; Mt 3, 2; Jn 1, 33.
Id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Mt 28, 19; Mc
16, 15-16.
Haced penitencia y que cada uno de vosotros sea bautizado en el nombre de Jesucristo. Hech 2, 38; 8, 12.
Jesús fue con sus discípulos a Judea, y allí moraba con ellos y bautizaba: Jn 3, 22; Jn 4, 2.
Necesario para la salvación.
Quien no renaciera del agua y del espíritu no podrá entrar en el reino de los cielos. Jn 3, 5.
El que creyere y fuere bautizado se salvará. Mc 16, 16.
Id, pues enseñad a todas las gentes, bautizándolas (...). Mt 28, 19.
Efectos en el alma.Una vida nueva
Dios nos ha salvado por el Bautismo de regeneración y renovación del Espíritu Santo: Tit 3, 5.
Revestidos de Cristo: Cal 3, 27.
En el Bautismo hemos quedado sepultados con Cristo para resucitar a una nueva vida: Rom 6, 4; Jn 3, 5.
Efectos en el alma. Perdona los pecados
Sea bautizado cada uno de vosotros (...) para remisión de vuestros pecados. Hech 2, 38.
Levántate, bautízate y lava tus pecados. Hech 22, 16.
Cristo amó a su Iglesia y se sacrifico por ella para santificarla, limpiándola con el Bautismo del agua: Ef 5, 25-26.
Efectos en el alma. Somos incorporados a la Iglesia
Aquellos que recibieron su doctrina fueron bautizados, y se añadieron aquel día (a la Iglesia) cerca de tres mil personas.
Hech 2, 41.
Todos nosotros hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para un solo Cuerpo. I Cor 12, 13.
Otras citas sobre el Bautismo.
Aquel día habrá una fuente abierta para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para la purificación del pecado
y de la inmundicia. Zac 13, 1.
En ese día manarán en Jerusalén aguas vivas, la mitad hacia el mar oriental y la otra mitad hacia el occidental, lo mismo en
verano que en invierno. Zac 14, 8.
Sacaréis con alegría el agua de las fuentes de la salud... Is 12, 3.
Y os aspergeré con aguas puras y os purificare de todas vuestras impurezas, de todas vuestras idolatrías. Ez 47, 9.
Y sucederá en aquel día que los montes destilarán mosto, y leche los collados, correrán las aguas portadas por las
torrenteras de Judá y brotará de la casa de Yave una fuente que regará el valle de Sitim. Jn 13, 18.
Purificación legal en el Antiguo Testamento: Ex 29, 4; Lev 14, 8.
El agua que brotó de la roca, imagen del Bautismo: Ex 17, 2-ó.
La curación de Naamán en las aguas del Jordán, figura del Bautismo: 2 Rey 5, 13-15.

BIENES TEMPORALES
Son bienes
Henchid la tierra, sometedla, y dominad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre los ganados, y sobre todo
lo que vive y se mueve sobre la tierra. Gen I, 28.
Pueden convertirse en "malos"si no se usan rectamente
A los ricos de este mundo encárgales que no sean altivos ni pongan su confianza en la incertidumbre de las riquezas, sino en
Dios, que abundantemente nos provee de todo para que lo disfrutemos. I Tim 6, 17.
Nada más inicuo que el avaro, pues es capaz de venderse a si mismo. Eclo 10, 10.
El oro perdió a muchos y pervirtió el corazón de los reyes. Eclo 8, 3.
Los que quieren enriquecerse caen en tentaciones, en lazos y en muchas codicias locas y perniciosas, que hunden a los hombres
en la perdición y en la ruina. I Tim 6, 9.
Desprendimiento. Generosidad. Confianza en Dios
Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas las demás cosas se os darán por añadidura. Mt 6, 33.
No os acongojéis por el cuidado de hallar qué comer para sustentar vuestra vida, de dónde sacaréis vestidos para cubrir
vuestro cuerpo. Mt 6, 25.
Uso de las riquezas: Eclo 13, 30-32.
Job privado de sus bienes: Job 1, 13ss.
Generosidad con los necesitados. Consejos de Tobías a su hijo: Tob 4, 7-12.
Si abundan las riquezas, no apaguéis vuestro corazón. Sal 61, 11.
No alleguéis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín los corroen y donde los ladrones horadan y roban. Mt 6, 11.

BUEN PASTOR
Las ovejas que están fuera del redil
Los gentiles oirán la voz del Buen Pastor: Jn 10, 16.
Jesús envió a los Apóstoles en busca de las ovejas perdidas: Mt 10, 6.
Hay ovejas que no quieren ir a El: Jn 5, 40.
Las que no son suyas no creen en El: Jn 5, 26. 11-12.
Los malos pastores
Se cuidan de sí mismos y abandonan el rebaño: Ez 34, 1-10. Jer 23, 1 ss.
El Buen Pastor
Los cuidados del Buen Pastor: Ez 34, 11-31.
Jesucristo es el Buen Pastor: Jn 10, 11-14.
Se compadece de las gentes que andaban "como ovejas sin pastor": Mt 9, 36; Mc 6, 34.
Conoce a sus ovejas y las llama por su nombre: Jn 10, 3.
Pone sobre sus hombros a la oveja perdida: Lc 15, 4-6.
Les da ejemplo de todas las virtudes: Jn 10, 4.
Da la vida por ellos: Jn 10, 11-12
Les da la vida eterna: Jn 10, 28.
Las ovejas del Buen Pastor
Conocen a su Pastor: Jn 10, 14-15.
Le siguen: Jn 10, 4.
Distinguen su voz: Jn 10, 4.
Huyen de los mercenarios: Jn 10, 5.
Nadie les arrebatará de las manos del Buen Pastor:Jn 10,28

CARIDAD
Excelencia de la caridad
Sabemos que hemos sido trasladados de la muerte a la vida porque amamos a los herman.El que no ama permanece en la muerte. Jn
- 3, 14
Si, hablando lenguas de hombres y de ángeles, no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. I Cor 13, 1.
Pero por encima de todo esto, vestíos de la caridad, que es vinculo de perfección. Col 4, 14.
Porque toda la ley se resume en este solo precepto: Amaras a tu prójimo como a ti mismo. Gal 5, 14.
Ante todo, tened los unos para los otros ferviente caridad, porque la caridad cubre la muchedumbre de los pecados. I Pdr 4,
8.
Ahora permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y la caridad: pero de las tres, la caridad es la mas excelente de
todas. I Cor 13, 13.
El amor al prójimo
Un precepto nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; como yo os he amado, así también amaos mutuamente. En esto
conocerán todos que sois mis discípulos: Si tenéis caridad unos para con otros. Jn 13, 34-35.
Amaras a tu prójimo como a ti mismo. Mc 12, 31.
En esto se conocen los hijos de Dios y los hijos del diablo. El que no practica la justicia no es de Dios, y tampoco el que
no ama a su hermano. I Jn 3, 10.
Amar al prójimo como a si mismo, es mucho mejor que todos los holocaustos y sacrificios. Mc 12, 33.
Si alguno dijere: Amo a Dios, pero aborrece a su hermano, miente. Pues el que no ama a su hermano a quien ve, no es posible
que ame a Dios a quien no ve. Y nosotros tenemos de El este precepto: que quien ama a Dios, ame también a su hermano. I Jn 4,
20-21.
Nadie tiene amor mayor que este de dar uno la vida por sus amigos. Jn 15, 13.
No estéis en deuda con nadie, a no ser en el amaros unos a otros, porque quien ama al prójimo ha cumplido la ley, pues el
amor es la plenitud de la ley. Rom 13, 8-10.
Cualidades de la caridad
La caridad es paciente, es benigna; no es envidiosa, no es jactanciosa, no se hincha; no es descortés, no es interesada, no
se irrita, no piensa mal, no se alegra de la injusticia, se complace de la verdad; todo lo excusa, todo lo cree, todo lo
espera, todo lo tolera. I Cor 13, 4.
Dios ama al que da con alegría. 2 Cor 9, 7.

Corrección fraterna
Hermanos, si alguno fuere hallado en falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, cuidando de
ti mismo no seas también tentado. Gal 6, 1.
Si tu hermano pecare contra ti, ve y corrígele, estando a solas con el. Si te escucha habrás ganado a tu hermano. Mt 18, 15.
Si alguno no obedeciere lo que ordenamos (...) no le miréis como enemigo sino corregidle como hermano. 2 Tes 3, 14-15.
Caridad con los enemigos
Bendecid a los que os maldigan y orad por los que os calumnien. Lc 6, 28.
Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre, que esta en
los cielos, que hace salir el sol sobre malos y buenos y llueve sobre justos e injustos. Mt 5, 44.
Por el contrario, si tu enemigo tiene hambre dale de comer y si tiene sed dale de beber, que haciendo así amontonáis carbones
encendidos sobre su cabeza. No te dejes vencer del mal, antes vence al mal con el bien. Rom 12, 20-21.
Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os persiguen y calumnian. Mt 5, 44; Lc 6,
27-28.
Si no amáis sino a los que os aman, ¿que premio habéis de tener? Mt 5, 46.
Si al tiempo de presentar tu ofrenda en el altar allí te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu
ofrenda delante del altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano. Mt 5, 2324.
La limosna
Dad limosna de lo vuestro que os sobra, y con eso todas las cosas estarán limpias en orden a vosotros. Lc 11, 41.
Vended lo que poseáis y dad limosna. Lc 12, 33.
Si un hermano (...) esta desnudo y necesita alimento diario, ¿de que le servirá que alguno de vosotros le diga: Vete en paz
(...), si no le da lo necesario para reparo de su cuerpo? Sant 2, 15-16.
Apartaos de mi, malditos, al fuego eterno (...), porque tuve hambre y no me disteis de comer (...). Os digo en verdad:
siempre que dejasteis de hacerlo con alguno de estos pequeños, dejasteis de hacerlo conmigo. Mt 25, 41-45.
Otras manifestaciones de esta virtud
Así pues, os exhorto yo, preso en el Señor, a andar de una manera digna de la vocación con que fuisteis llamados, con toda
humildad, mansedumbre y longanimidad, soportándoos los unos a los otros con caridad. Ef 4, 1.
En esto hemos conocido la caridad, en que El dio su vida por nosotros, y nosotros debemos dar nuestra vida por nuestros
hermanos. l Jn 3, 16.
Ayudaos mutuamente a llevar vuestras cargas, y así cumpliréis la ley de Cristo. Gal 6, 2.
Por eso, cuanto quisiereis que os hagan a vosotros los hombres, hacedlo vosotros a ellos, porque esta es la ley y los
Profetas. Mt 7, 12.
Da de tu pan al hambriento, y tus vestiduras al desnudo. Tob 4, 16.
No hagáis nada por espíritu de competencia, nada por vanagloria; antes, llevados de la humildad, teneos unos a otros por
superiores, no atendiendo cada uno a su propio interés sino al de los otros. Flp 2, 3.
Ved cuan bueno y alegre es convivir , juntos los hermanos. Sal 132, 1.
Con tres cosas me adorno y me presento, hermosas ante el Señor y ante los hombres: la concordia entre hermanos, la amistad
entre los prójimos y la armonía entre mujer y marido. Eclo 25, 1.
Con la medida con que midiereis se os medirá y se os añadirá. Mc 4, 24.
No seas perezoso en visitar a los enfermos. Eclo 7, 39.
No vuelvas a tu prójimo mal por mal, cualquiera que sea el que el te haga. Eclo 10, 6.
Pecados contra la caridad: el escándalo
¡Ay del mundo por los escándalos! (...); ¡ay de aquel hombre que causa el escándalo! Mt 18, 7.
Al que escandalizare a alguno de estos pequeñitos que creen en mi mucho mejor le fuera que le ataran al cuello una de esas
ruedas de molino que mueve un asno y le echaran al mar. Mc 9, 41.
Si tu mano te es ocasión de escándalo, cortara: mas te vale entrar manco en la vida, que tener dos manos e ir al infierno. Mc
9, 42.
Si lo que yo como escandaliza a mi hermano, no comeré en mi vida carne, por no escandalizar a mi hermano. I Cor 8, 13.
Pon cuidado en no causar tropiezo o escándalo al hermano. Rom 14, 13.
Pecados contra la caridad: la maledicencia
Temo (...) que por desgracia haya quizá entre vosotros (...) discordias, detracciones, chismes (...), y tenga que llorar a
muchos. 2 Cor 12, 20-21.
Depuesta toda malicia y todo engaño, y los fingimientos (...) y todas las murmuraciones (...). 1 Pdr 2, 1-2.
Dad ya de mano (...) a la maledicencia (...). No mintáis los unos a los otros. Col 3, 8-9.
El que llamare a su hermano raca, merecerá que le condene el concilio; mas quien le llamare fatuo será reo del fuego del
infierno. Mt 5, 22.
Los chismosos, los infamadores, enemigos de Dios, ultrajadores (...) son dignos de muerte. Rom 1, 29-30, 32.
Otros pecados y faltas contra esta virtud
El que se venga será víctima de la venganza del Señor, que le pedirá cuenta de sus pecados. Eclo 28, 1.
Quien aborrece a su hermano es homicida, y ya sabéis que todo homicida no tiene en si la vida eterna. I Jn 3, 15.
Pues el que tuviere bienes del mundo y, viendo a su hermano tener necesidad, le cierra sus entrañas, ¿como permanece en el la
caridad de Dios? I Jn 3, 17.

CASTIDAD
Pureza de corazón
Amaras al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas. Mt 22, 37.
Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Mt 5, 8.
Dame, hijo mío, tu corazón, y pon tus ojos en mis caminos. Prov 23, 26.
El celibato apostólico
En verdad os digo, ninguno hay que haya dejado casa o padre, o hermanos o esposa o hijos, por amor del Reino de Dios, que no
reciba mucho más en este siglo y en el venidero la vida eterna. Lc 18, 29-30.
Valor de esta virtud
Pues habéis de saber que ningún fornicario, o impuro, o avaro, que es como adorador de ídolos, tendrá parte en la heredad del
reino de Cristo y de Dios. Ef 5, 5.
Fuisteis comprados a gran precio. Glorificad, pues, a Dios y llevadle en vuestro cuerpo. I Cor 6, 20.
No tiene precio la mujer casta. Eclo 26, 20.
El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor. I Cor 6, 13.
¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?. I Cor 6, 15.
Huid de la fornicación. ¿Por ventura no sabéis que vuestros cuerpos son miembros del Espíritu Santo?. I Cor 6, 18-19.
No queráis cegaros: ni los fornicarios... ni los adúlteros, ni los impúdicos... han de poseer el reino de Dios.I Cor 6, 9-10.
Bien manifiestas son las obras de la carne: adulterio, fornicación, deshonestidad, lujuria (...), sobre las cuales os
prevengo, como ya tengo dicho, que los que tales cosas hacen no alcanzaran el reino de Dios. Gal 5, 19-21.
En orden a los cobardes (...) y deshonestos (...), su suerte será en el lago que arde con fuego y azufre.Apoc 21, 8.
Amar la castidad
Por lo cual, ceñíos los lomos de vuestra mente y, viviendo sobriamente, tened vuestra esperanza completamente puesta en la
gracia que os ha triado la revelación de Jesucristo. I Pdr I, 43.
No fornicarás (...). No desearás la mujer de tu prójimo. Ex 20, 1417.
La fornicación y toda especie de impureza (...) ni aun se nombre entre vosotros, como corresponde a santos. Ef 5, 3.
Esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación: que os abstengáis de la fornicación; que sepa cada uno usar de su propio
cuerpo santa y honestamente. I Tes 4, 3-4.
Habéis oído que se dijo a vuestros mayores: No fornicarás. Yo os digo más: cualquiera que mirare a una mujer con mal deseo
hacia ella, ya pecó en su corazón. Mt 5, 27-28.
Bien manifiestas son las obras de la carne; las cuales son: adulterio, fornicación, deshonestidad, lujuria (...). Col 5, 19.
Haced morir en vosotros la fornicación, la impureza, la lascivia, los malos deseos (...) Lejos de vuestra boca toda palabra
torpe. Col 3, 5-8.
Quien desechare a su mujer y tomare otra, comete adulterio. Y si la mujer se aparta de su marido y toma otro es adultera. Mc
10, 1112; Mt 19, 9.

CIELO
Dios ha de pagar a cada uno según sus obras, dando la vida eterna a los que, por medio de la perseverancia en las buenas
obras, aspiran a la gloria. Rom 2, 7.
Justificados por la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, vendremos a ser herederos de la vida eterna, conforme a la esperanza.
Doctrina es esta certísima; y deseo que arraigues bien en ella a los que creen en Dios a fin de que procuren aventajarse en
practicar buenas obras. Tit 3, 7-8.
Ni ojo vio, ni oreja oyó, ni pasó a hombre por pensamiento las cosas que Dios tiene preparadas para aquellos que le aman. I
Cor 2, 9.
La vida eterna consiste en conocerte a Ti, solo Dios verdadero. Jn 1 7, 3.
Ya no podrán (los justos) morir otra vez, siendo iguales a los ángeles e hijos de Dios. Lc 20, 36.
Os hago saber que sus ángeles en los cielos están siempre viendo la cara de mi Padre celestial. Mt 18, 10.
Al presente no vemos (a Dios) sino como en un espejo, y bajo imágenes oscuras: pero entonces le veremos cara a cara. I Cor
13, 12.
En la casa de mi Padre hay muchas mansiones. Jn 14, 2.
Cada uno recibirá su propio salario a medida de su trabajo. I Cor 3, 8.
Una es la claridad del sol, otra la claridad de la luna y otra la claridad de las estrellas, y aun hay diferencia en la
claridad entre estrella y estrella: así sucederá también en la resurrección de los muertos. I Cor 15, 41-42.
Quien escasamente siembre, cogerá escasamente; y quien siembre a manos llenas, a manos llenas cogerá. 2 Cor 9, 6.
Tengo por cierto que los padecimientos del tiempo presente no son nada en comparación con la gloria que ha de manifestarse en
nosotros. Rom 8, 18.
Yo en justicia contemplare tu faz, y me saciare, al despertar, con tu imagen. Sal 16, 15.
No padecerán hambre ni sed, ni les afligirá el viento solano ni el sol, porque los guiara el que de ellos se ha compadecido,
y los llevara a manantiales de agua. Is 49, 10.
Entonces los justos brillaran como el sol en el reino de su Padre. Mt 13, 43.
Carísimos, ahora somos hijos de Dios, aunque aun no se ha manifestado lo que hemos de ser. Sabemos que, cuando se manifieste,
seremos semejantes a El, porque le veremos tal cual es. I Jn 3, 2.
Alegraos y regocijaos, porque grande será en los cielos vuestra recompensa, pues así persiguieron a los profetas que hubo
antes de vosotros. Mt 5, 12.

COMPRENSION
Evitad las contestaciones y las discusiones inútiles, instruíd, soportad, reprended con dulzura. 2 Tim 2, 24-25.
San Pablo pide a los corintios que le toleren su defensa: 2 Cor 11, 1-16.
Debemos tolerarnos mutuamente para conservar la caridad espiritual con el vinculo de la paz. Ef 4, 1-3.
Como sois santos y amados de Dios, debéis toleraros mutuamente y perdonaros los unos a los otros, para mantener la caridad,
que es el vinculo de la perfección. Col 3, 1214.
Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os odian, haced bien a quien os maldice. Mt 5, 4348.
Ejemplo del trato del Señor con todos: niños, enfermos, pecadores... Siempre amable y comprensivo: Mt 19, 13-15; Mc 9, 34-41.

COMUNION
Figuras en el Antiguo Testamento:
Pan y vino de Melquisedec: Gen 14, 18.
Cordero pascual: Ex 12,1 -44.
Mana en el desierto: Ex 16, 13-21, Sab 16, 20; Jn 6, 31, 49, 58.
Pan que restaura las fuerzas de Elias: I Re 19, 1-18.
Prometida por Jesucristo
Jn 6, 22-60.
Institución de este Sacramento
Mt 26, 26-29; Mc 14, 22-25; Lc 22, 15-23; 1 Cor 2, 23-25.
Yo soy el pan vivo bajado del cielo.
Si alguno come de este pan vivirá para siempre, y el pan que yo le daré es mi carne, vida del mundo. Jn 6, 51.
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo le resucitare en el ultimo ida. Jn 6, 54.
El que come mi carne y bebe mi sangre esta en mi y yo en el. Jn 6, 56.
(...) el que come este pan vivirá para siempre. Jn 6, 58.
(Unidad y fraternidad)
pues todos participamos de este único pan. l Cor 16-17.
Para hacer una buena comunión...
Cuidadosa preparación para recibir al Señor: I Cor 11, 27-29.
Era recibida con frecuencia por los primeros cristianos
Hech 2, 46; 20, 7.
(Jesucristo) el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo
Jn 1, 29.
(Mas citas en: EUCARISTIA).

COMUNION DE LOS SANTOS
Cuando estaba de camino, sucedió que, al acercarse a Damasco, se vio rodeado de una luz del cielo. Y al caer a tierra, oy6
una voz que decía: Saulo, ¿por que me persigues? El contesto: ¿,Quien eres, Señor? Y El: Yo soy Jesús, a quien tu persigues.
Hech 9, 3-5.
Porque así como, siendo el cuerpo uno, tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, con ser muchos, son un cuerpo
único, así también es Cristo. Porque también todos nosotros hemos sido bautizados en un solo Espíritu para constituir un solo
cuerpo, y todos, ya judíos, ya gentiles, ya siervos, ya libres, hemos bebido del mismo Espíritu. I Cor 12, 12-13.
Los miembros son muchos, pero uno solo el cuerpo. Y no puede decir el ojo a la mano: No tengo necesidad de ti. Ni tampoco la
cabeza a los pies: No necesito de vosotros. I Cor 12, 21.
De esta suerte, si padece un miembro, todos los miembros padecen con el; y si un miembro es honrado, todos los otros a una se
gozan. I Cor 12, 26.
(Judas Macabeo) mando hacer una colecta en las filas, recogiendo hasta dos mil dracmas, que envió a Jerusalén para ofrecer
sacrificios por los pecados, obra digna y noble, inspirada en la esperanza de la resurrección, pues si no hubiera esperado
que los muertos resucitarían, superfluo y vano era orar por ellos. Mas creía que a los muertos piadosamente les esta
reservada una magnifica recompensa. 2 Mac 12, 43-45.
Obra santa y piadosa es orar por los muertos. Por eso hizo que fuesen expiados los muertos: para que fuesen absueltos de sus
pecados. 2 Mac 12, 46.

CONCIENCIA
Todo hombre descubre en su corazón una luz que le indica el camino del bien: Rom 2, 14-15; Jn 1,9.
Enseña lo que hay que hacer o evitar: Rom 13, 5; I Cor 8, 10; 10, 25; 1 Pdr 2, 19.
Aprueba las cosas buenas y reprueba las malas: Rom 12, 15; / Tim 1, 19; Heb 10, 22; I Pdr 3, 16.
Tener en cuenta el grado de formación de la conciencia de los demás: Rom 14, 1-23; I Cor 8, 7-12; 10, 28-29.
Regla de nuestros actos: Rom 2, 15; 2 Cor I, 12; Hech 24, 16; I Tim 1, 19; Rom 13, 5.
Y con esto muestran que los preceptos del ley están escritos en sus corazones, siendo testigo su conciencia y las sentencias
con que entre si unos y otros se acusan o se excusan. Rom 2, 15.
Dichoso el varón que no peca con su boca y no siente el remordimiento del pecado. Eclo 14, 1.
La lampara del cuerpo es el ojo. Si, pues, tu ojo estuviere sano, todo tu cuerpo estera iluminado; pero si tu ojo estuviere
enfermo, todo tu cuerpo estera en tinieblas. Mt 6, 23.
¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal, que de la luz hacen tinieblas y de las tinieblas luz, y lo amargo por dulce
y lo dulce por amargo! ¡Ay de los que son sabios a sus ojos y son prudentes delante de si mismos! Is 5, 20-21.
Bienaventurados quienes pueden decir con verdad "Nuestra gloria es el testimonio de nuestra conciencia". 2 Cor 1, 12.
Si dijéremos que no tenemos pecado, nosotros mismos nos engañamos, y no hay verdad en nosotros. Pero si confesamos nuestros
pecados, fiel y justo es el por perdonarnos y lavarnos de toda iniquidad. Si dijéremos que no hemos pecado, le hacemos a el
mentiroso y su palabra no esta en nosotros. I Jn 1, 8-10.

CONFESION
Como mi Padre me envió, así os envío yo a vosotros (...). Recibid el Espíritu Santo: Quedan perdonados los pecados a aquellos
a quienes los perdonareis y quedan retenidos a quienes se los retuviereis. Jn 20, 21-23.
Os empeño mi palabra, que todo lo que atareis sobre la tierra será eso mismo atado en el cielo; y todo lo que desatareis
sobre la tierra será eso mismo desatado en el cielo. Mt 18, 18.
Si dijéremos que no tenemos pecado, nosotros mismos nos engañamos (...), pero si confesamos nuestros pecados, fiel y justo es
El para perdonárnoslos y lavarnos de cada iniquidad. I Jn 1, 8-9.
Hijos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; mas si alguno pecare tenemos por abogado para con el Padre a
Jesucristo, que es la víctima de propiciación por nuestros pecados, y no solo por los nuestros sino por los de todo el mundo.
I Jn 2, 1-2.
No son los justos, sino los pecadores a los que he venido yo a 11amar a penitencia. Lc 5, 32.
¿No reparas que la bondad de Dios te esta llamando a la penitencia? Rom 2, 4.
El Señor espera con paciencia por amor de vosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos se conviertan a
penitencia. 2 Pdr 3, 9.
Acuérdate de donde has decaído, y arrepiéntete (...) porque si no voy a ti, y removeré tu candelero de su sitio, si no
hicieres penitencia. Apoc 2, 5.

CONFIANZA EN DIOS
Gedeon y los 300 escogidos: Jue 7, 1-7.
David y Goliat: I Sam 17, 31-51.
Confianza en Dios y no en el hombre: Jer 17, 5 ss.
Castigo de los 40 años en el desierto por falta de confianza en Dios: Num 14.
Confianza en Dios en tiempo de oscuridad: Eclo 2, 1-6.
De la viuda de Sarepta: I Re 17, 10-16.
Esto os lo he dicho para que tengáis paz en mí; en el mundo habéis de tener tribulación; pero confiad: yo he vencido al
mundo. Jn 16, 33.
Tal es la confianza que por Cristo tenemos en Dios. No que de nosotros seamos capaces de pensar algo como de nosotros mismos,
que nuestra suficiencia viene de Dios. 2 Cor 3, 4.
Considerad las generaciones antiguas y ved: ¿Quien confió en el Señor que fuese confundido? Eclo 2, 11.
Mirad a los cuervos, que ni hacen sementera ni cosecha, que no tienen ni despensa ni granero, y Dios los alimenta. ¿Cuanto
mas valéis vosotros que un ave? Lc 12, 24.
Mirad los lirios como crecen: ni trabajan ni hilan, y yo os digo que ni Salmón en toda su gloria se vistió como uno de ellos.
Si a la hierba, que hoy esta en el campo y mañana es arrojada al horno, así la viste Dios, ¿cuanto mas a vosotros, hombres de
poca fe? Lc 12, 27-28.
Los que confían en Yavé son como el monte de Sión, que es inconmovible y esta asentado para siempre. Sal. 124, 1.
La confianza que tenemos en El es que, si le pedimos alguna cosa conforme con su voluntad, El nos oye. I Jn 5, 14.
Los que teméis al Señor esperad la dicha, el gozo eterno y la misericordia. Eclo 2, 9.
Se alegraran cuantos en ti confían, exultaran por siempre. Tu los protegerás y en Ti se alegraran los que aman tu nombre.
Sal. 5, 12.
Confía en Yavé de todo corazón y no te apoyes en tu prudencia. Prov 3, 5.
Confianza en El, ¡oh, pueblo!, en todo tiempo. Derramad ante El vuestros corazones, porque Dios es nuestro asilo. Sal. 61, 9.
Encomienda a Yavé tus caminos, confía en El, y El actuara. Sal. 61, 9.
Pone en si su confianza el impío, y de la carne hace su apoyo y aleja de Yavé su corazón, Jer 17, 5.

CONOCIMIENTO PROPIO
.
Reconozco mis iniquidades y mi pecado esta siempre ante mis ojos. Sal 50, 5.
Rocíame con hisopo y quedaré limpio; lávame y quedaré mas blanco que la nieve. Sal. 50, 9.
Desde lo profundo clamo a ti, Señor; Señor escucha mi voz. Estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica. Si te acordaras de
los pecados, Señor, ¿quien quedaría en pie? Sal 129, 2-3.
Dos hombres subieron al templo a orar, el uno fariseo el otro publicano. El fariseo, en pie, oraba para si de esta manera:
¡Oh Dios!, te doy gracias de que no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni como este publicano. Ayuno
dos veces en la semana, pago el diezmo de todo cuanto poseo. El publicano se quedo allá lejos y ni se atrevía a levantar los
ojos al cielo, y hería su pecho, diciendo: ¡Oh Dios, se propicio a mi, pecador! (Lc 18, 10-13).
Al que tiene, se le dará mas y abundará; y al que no tiene, aun aquello que tiene le será quitado. Por esto les hablo en
parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden; y se cumple con ellos la profecía de Isaias, que dice: "Cierto
oiréis y no entenderéis, veréis y no conoceréis. Porque se ha endurecido el corazón de este pueblo, y se han hecho duros de
oídos, y han cerrado sus ojos, para no ver con sus ojos y no oír con sus oídos, y para no entender en su corazón y
convertirse, que yo los curarla" Mt 13, 12-15.

CONTRICION
Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios (...). Echad sobre El vuestros cuidados, puesto que El se preocupa de
vosotros. I Pdr 5,6-7.
Inclina a mi tus oídos, apresúrate a librarme; se para mi roca inexpugnable, ciudadela para mi salvación. Pues tu eres mi
roca, mi ciudadela; por amor de tu nombre tu me guiaras y me conducirás. Me sacaras de la red que me han tendido, porque tu
eres mi fortaleza. En tus manos encomiendo mi espíritu. Tu me has rescatado, Yavé, Dios fiel. Sal 31, 3-6.
Ten piedad de mi, ¡oh Yavé!, porque estoy angustiado (...). Haz resplandecer tu faz sobre tu siervo y sálvame en tu piedad.
Sal 31, 10-17..
Mientras calle, consumianse mis huesos, gimiendo durante todo el día. Pues día y noche tu mano pesaba sobre mi, y tornose mi
vigor en sequedades de estío. Te confesé mi pecado y no oculte mi iniquidad. Dije: "Confesare a Yavé mi pecado", y tu
perdonaste la culpa de mi pecado. Sal 32, 3-5.
Porque dices: Yo soy rico, me he enriquecido, y de nada tengo necesidad, y no sabes que eres un desdichado, un miserable, un
indigente, un ciego y un desnudo; te aconsejo que compres de mi oro acrisolado por el fuego, para que te enriquezcas, y
vestiduras blancas, para que te vistas y no aparezca la vergüenza de tu desnudez, y colirio para ungir tus ojos, a fin de que
veas. Yo reprendo y corrijo a cuantos amo; ten, pues, celo y arrepiéntete. Mira que estoy a la puerta y llamo. Apoc 3, 17-19.
Me levantare e iré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado hijo
tuyo; trátame como a uno de tus jornaleros. Lc 15, 18-19.
Apiádate de mi, ¡oh, Dios! según tu benignidad. Por tu gran misericordia borra mi iniquidad. Lávame enteramente de mi
iniquidad y límpiame de mi pecado, pues reconozco mi transgresión, y mi pecado esta siempre delante de mi. Contra ti, contra
ti solo he pecado; he hecho lo malo a tus ojos, para que seas reconocido justo en tu sentencia y seas irreprochable en tu
juicio. He aquí que en maldad fui formado y en pecado me concibió mi madre. Sal 51, 3-7.
Abre tu, Señor, mis labios, y cantara mi boca tus alabanzas. Porque no es sacrificio lo que tu quieres; si te ofreciera un
holocausto, no lo aceptarlas. Mi sacrificio, ¡oh Dios!, es un espíritu contrito. Un corazón contrito y humillado, ¡oh Dios!,
no lo desprecias. Se benévolo en tu complacencia hacia Sión y edifica los muros de Jerusalén. Sal 51, 17-20.
Por tercera vez le dijo: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntase: ¿Me amas?
Y le dijo: Señor, tu lo sabes todo, tu sabes que te amo. Jn 21, 17. 21.

CONVERSION
A través de la penitencia: 2 Cr 7, 14; Tob 13, 8; Eclo 17, 21-24; 1s 55, 7; Ex 33, 11; 0s 14, 2.
Es necesaria la gracia: Sal 79, 4; Jer 31, 18-20; Lam 5, 21.
La verdadera conversión recibe el perdón y la misericordia: Dt 4, 29; 2 Cr 34, 26-27; Sal 31, 5; Prov 2, 8.13; Eclo 17, 28;
1s 1, 16-18; 45, 22; 55, 7; Jer 18, 8; 29, 12; Ez 18, 21; 33, 14-21; J 12, 12-13; Zac 1, 3.
Ejemplos de conversión: Jue 10, 15-16; 2 Sam 12, 12-13; 2 Cr 33, 12-13;
Las tribulaciones ayudan a la conversión: Sal 82, 17; Ez 6, 9-10; 0s 2, 6-7.
Inutilidad de la conversión solamente de palabra: Mt 7, 22-23.
El que logra la conversión del pecador salva a este de la muerte del alma y logra el perdón de sus propios pecados: Sant 5,
20.
Dificultades en las familias por la conversión a Jesucristo: Mt 10, 34-37.
El convertido debe renunciar a las malas obras que realizaba antes de la conversión: Mt 10, 38-39.
Alivio y paz que sienten en su alma aquellos que van a Jesús: Mt 11, 28-30.
Para ir a Jesús es de absoluta necesidad ser humildes y hacerse pequeños: Mt 11, 25-26; 18, 3-4; 19, 14; Mc 9, 34; 10, 14-15.
Ejemplos de conversión efímera, y de buena conversión: Mt 13, 1-23; Mc 4, 3-20; Lc 8, 5-15.
La conversión no impide que el pecado vuelva a aparecer y crecer en nosotros: Mt 13, 24-30.
El desarrollo que puede alcanzar el amor de Dios en el alma que se convierte: Mt 13, 31-33; Mc 4, 30-32; Lc 13, 18-21.
Alegría causada por un pecador que se convierte: Mt 18, 12-14.
Conversión del Centurión del Calvario: Mt 27, 54; Mc 15, 39; Lc 23, 47.
Conversión de María Magdalena: Mt 26, 6-13; Mc 14, 3-9; Lc 7, 36-50; Jn 12, 3-8.
Conversión de Zaqueo: Lc 19, 1-10.
Conversión de la Samaritana: Jn 4, 6-30.
Del buen ladrón: Lc 23, 42.
Conversión de los judíos por el discurso de San Pedro el día de Pentecostés: Hech 2, 37-41.
Conversión interesada de Simón el mago: Hech 8, 13.
El diácono Felipe convierte al Ministro de Candace: Hech 8, 26
Conversión de Saulo en el camino de Damasco: Hech 9, 1-19.
Conversión de los habitantes de Lidda y Joppe ante el milagro obrado por San Pedro: Hech 9, 32-43.
Conversión del Centurión Cornelio y de los suyos: Hech 10.
Conversión del proconsul Sergio Paulo: Hech 13, 6-12.
Conversión y bautizo de Lidia y su familia: Hech 16, 14-15.
Conversión por San Pablo y Silas del carcelero de Filipos: Hech 16, 27-34.
Conversión de Dionisio el Areopagita y de Damaris en Atenas: Hech 17, 34.
Conversión de Crispo, jefe de la Sinagoga de Corinto, junto con su familia y muchos habitantes de la misma ciudad: Hech 18,
8.
Como el Señor espera y busca el alma perdida; alegría que da a Dios la conversión de un alma: Lc 15, 1 ss.
Que difícil es la conversión de los ricos: Mt 19, 24; Mc 10, 25; Lc 18, 25).

CORAZON
Me buscareis y me hallareis si me buscáis de todo corazón. Jer 29, 13.
Escudríñame, ¡oh Dios!, y examina mi corazón; pruébame y conoce mis inquietudes, y mira si mi camino es torcido y condúceme
por las sendas de la eternidad. Sal 139, 23-24.
Amaras a Yavé, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu poder, y llevaras muy dentro de tu corazón todos
estos mandamientos, que yo hoy te doy. Dt 6, 5-6.
Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y hallareis descanso para vuestras almas.
Mt 11, 29.
Tu has sondeado mi corazón, lo visitaste de noche, me has pasado por el crisol, sin encontrar en mi malicia. Sal 17, 3.
Mi corazón se alegrara en tu salvación; cantare a Yavé, que me colmo de bienes. Sal 13, 6.
Mi corazón es como cera, que se derrite dentro de mis entrañas. Sal 22, 15.
De la abundancia del corazón habla la boca. Mt 12, 34.
Yo duermo, pero mi corazón vela. Es la voz del amado que llama: ¡Ábreme. ..! Cant 5, 2.
Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones. Ef 3, 17.
Donde este tu tesoro, allí estará tu corazón. Mt 6, 21.
Os daré un corazón nuevo y os revestiré de un nuevo espíritu; os quitare vuestro corazón de piedra y os daré un corazón de
carne. Ez 36. 26.

CORRECION FRATERNA
Mandato del Señor
Si tu hermano peca, anda y corrígele a solas. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Mt 18, 15.
Eficacia
El hermano ayudado por su hermano, es como una ciudad amurallada. Prov 18, 19.
David se convierte por la corrección de Natan: 2 Sam 12, 1-5.
Va por senda de vida el que acepta la corrección; el que no la admite, va por falso camino. Prov 10, 17.
Como se ha de hacer
Si alguno no obedece lo que decimos en esta carta (...) no le miréis como a enemigo, sino corregidle como a un hermano. 2 Tes
3, 4-5.
Si alguno cae en un delito (...) amonestadle con dulzura (...) Cal 6, 1.
El premio a quien practica esta muestra de caridad
Si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro hace que vuelva a ella, debe saber que quien hace que el pecador se
convierta de su extravío, salvara el alma de la muerte y cubrirá la muchedumbre de sus pecados. Sant 5, 19-20.

CORRESPONDENCIA A LA GRACIA
Al que tiene se le dará y al que no tiene, lo poco que parece tener se le quitara. Mt 13, 12.
Parábola de la higuera estéril: Lc 13, 6-9.
Jesús se lamenta por la falta de correspondencia de los habitantes de Jerusalén: Mt 23, 37-39.
Parábola de los viñadores: Lc 20, 9-14.
Los que están a lo largo del camino son los que oyen; pero en seguida viene el diablo y arrebata de su corazón la palabra
para que no crean y se salven. Los que están sobre peña son los que, cuando oyen reciben con alegría la palabra; pero no
tienen raíces, creen por algún tiempo y en el momento de la tentación sucumben. Lo que cae entre espinas son aquellos que,
oyendo, van y se ahogan en los cuidados, la riqueza y los placeres de la vida y no llegan a madurez. Lo caldo en buena tierra
son aquellos que, oyendo con corazón generoso y bueno, retienen la palabra y dan fruto por la perseverancia. Lc 8, 12-15.
Por quien (por Jesucristo) en virtud de la fe hemos obtenido también el acceso a esta gracia en que nos mantenemos y nos
gloriamos, en la esperanza y la gloria de Dios. Y no solo esto, sino que nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabedores
de que la tribulación produce la paciencia; la paciencia una virtud probada, y la virtud probada, la esperanza. Y la
esperanza no quedara confundida, pues el amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por virtud del Espíritu Santo,
que nos ha sido dado. Rom 5, 2-5.
Mas por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia que me confirió no resulto vana, antes bien, me he afanado mas que
todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo. I Cor 15, 10.
Vosotros, pues, amados, que de antemano sois avisados, estad alerta, no sea que, dejandoos llevar del error de los
libertinos, vengáis a decaer en vuestra firmeza. Creced mas bien en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y
Salvador Jesucristo. A El la gloria así ahora como en el día de la eternidad. 2 Pdr 3, 17-18.

COSAS PEQUEÑAS
Importancia de los detalles.
(...) Para que sea aceptable la víctima ha de ser sin defecto (...). No ofrecerás nada defectuoso, pues no seria aceptable.
Lev 12, 19-20.
(...) No hallo cabales tus obras en presencia de mi Dios. Apoc 3, 2.
El que violare uno de estos mandamientos, por mínimos que parezcan, y enseñare a los hombres a hacer lo mismo, será tenido
por el mas pequeño en el reino de los cielos; pero el que los guardare y enseñare, ese será tenido por grande en el reino de
los cielos. Mt 5, 19.
Fidelidad en lo pequeño.
Quien es fiel en lo poco, también lo es en lo mucho. Lc 16, 20.
El que desprecia las cosas pequeñas, poco a poco vendrá a caer en las grandes. Eclo 19, 1.
El premio a la fidelidad y cuidado de lo pequeño.
Díjole el amo: Muy bien, siervo bueno y fiel; has sido fiel en lo poco, te constituirá sobre lo mucho; entra en el gozo de tu
Señor. M' 25, 23.

CRISTIANOS
Origen del nombre: Hech 11,
La caridad, señal por la que serán reconocidos: Jn 13, 35.
Ungidos y sellados en el Espíritu Santo: 2 Cor 1, 21-22.
Han nacido a una nueva vida por medio del Bautismo: Jn 3, 3; Sal 2, 20; Rom 6, 11.
Llamados a la santidad: Ef 4,18.
Hijos de Dios y coherederos con Jesucristo: Rom 8, 15-17; Sal. 3, 5; 1 Jn 3, 1.
Sal y luz del mundo: Mt 5, 1314.
Tienen como modelo al mismo Cristo: I Pdr 2, 21.
Lucha ascética: Flp 3, 12; Jn 9,4.
Llamados al apostolado en medio del mundo: Jn 17, 18; Mc 16,15.
Necesidad de estar unidos con Jesucristo: Jn 15, 4-5.
Templos de Dios: 2 Cor 6, 16.
Han de cargar con la cruz de cada día: Lc 9, 23.
Los cristianos deben ser humildes: -en la ciencia: Rom 12, 3-5; -en los dones: Rom 12, 6; -en los oficios: Rom 12, 7-8.;
Deberes de los cristianos para con la potestad civil: Rom 13, 1-7.
Deberes de los cristianos para con los débiles: los fuertes y los flacos no deben juzgar a nadie, eso toca solo a Dios: Rom
14, 1-13.
Los cristianos en medio del mundo pagano: - como deben comportarse en todo momento: I Pdr 2, 25; 3, 1-12.; - como deben
comportarse en la persecución: I Pdr 3, 13-22; 4, 1-9.
El cristiano debe mortificar las pasiones: Col 3, 5-9.
El cristiano debe practicar todas las virtudes, en particular la caridad: Col 3, 12-17; 4, I ss.
CRUZ
Quien no carga con su cruz no es digno de Cristo: Mt 10, 38.
Si alguno quiere venir en pos de Mi niéguese a si mismo, cargue con su cruz y sígame. Mt 16, 24.
Nuestro Señor fue crucificado "en el tiempo señalado": Rom 5, 8; por obediencia al Padre: Rom 5, 19.
Nuestro "hombre viejo" esta crucificado con Cristo por el bautismo y por la conversión a la vida cristiana: Rom 6, 5-2; 7, 4.
Es necesario tomar parte en los sufrimientos de Nuestro Señor para ser glorificado con El: Rom 7, 18.
El Evangelio debe ser siempre la doctrina de la cruz; acomodarlo a la sabiduría del mundo es hacer inútil la cruz de Cristo:
I Cor I, 17.
La doctrina de la cruz es una fuerza divina para aquellos que se salvan, locura para aquellos que perecen, y un escándalo
para los judíos endurecidos: I Cor 1, 18-24.
La única ciencia de San Pablo: Jesucristo, y este crucificado: I Cor2, 2.
Relación entre la Sagrada Comunión y la muerte de Nuestro Señor en la cruz: I Cor 11, 26.
San Pablo fue "crucificado", es decir, que su voluntad propia murió y la voluntad divina ocupo su lugar: Gal. 2, 19-20; 6,
14.
Jesucristo se anonado, se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz: Flp 2, 5-8.
Los enemigos de la cruz: Flp 3,
La sangre de la cruz ha reconciliado con Dios todas las cosas en el cielo y en la tierra: Col 1, 20.
Nuestra sentencia de condenación ha sido rasgada y clavada en la cruz por el Sacrificio de Nuestro Señor: Col 2, 14.
Nuestro Señor carga con la cruz para ir al Calvario: Jn 19, 17.
Simón Cirineo es obligado a llevar la cruz en pos de Jesús: Mt 27, 32; Mc 15, 21; Lc 23, 26.
Nuestro Señor es clavado en la cruz, donde muere: Mt 27, 35-50; Mc 15, 24-37; Lc 23, 33-45; Jn 19, 18-30.
Debemos crucificar nuestra propia carne con sus vicios y pasiones para ser verdaderos discípulos de Cristo: Cal 5, 24.
Los que se entregan a la gula y a las cosas terrenas son enemigos de la cruz de Cristo: Flp 3, 18-19.
Jesucristo, en vista de la gloria que le estaba preparada, sufrió la cruz; cuando sintamos desfallecimientos miremos a Jesús
y abracemos la cruz: Heb 12, 2-3.

DEMONIO
Existencia
He visto a Satanás caer del cielo a manera del relámpago. Lc 10, 18.
Vosotros sois hijos del diablo (...). El fue homicida desde el principio, no permaneció en la verdad. Jn 8, 44.
Dios no perdono a los ángeles que pecaron, sino que, amarrados con cadenas infernales, los precipito al abismo donde son
atormentados. 2 Pdr 2, 4.
A los ángeles que no conservaron su dignidad, sino que abandonaron su morada, los echo (Dios) en el abismo tenebroso con
cadenas eternas. Jud 6.
Apartaos de mi, malditos, al fuego eterno, que fue destinado para el diablo y sus ángeles. Mt 25, 41.
Oposición entre Jesús y el diablo.
Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo (...). El diablo le dijo: Todas estas cosas te
daré si postrándote ante mi me adorares. Respondiole Jesús: Apártate de mi, Satanás. Mt 4, 1-9; Mc 1, 12-13; Lc 4, 1-13.
El enemigo que sembró la cizaña es el diablo. Mt 13, 39.
Los escribas decían: Esta poseído de Belcebú, y así por arte del príncipe de los demonios es como lanza los demonios. Mas les
contestaba con estos símiles: ¿Como puede Satanás arrojar al mismo Satanás? Si un reino se divide no puede subsistir: Mc 3,
22-24; Mt 12, 24-32, Lc 11, 15-20.
Curo (Jesús) a muchas personas, afligidas de varias dolencias, y lanzo a muchos demonios, sin permitirles decir que sabían
quien era. Mc 1, 34.
Señor, ten compasión de mi hijo, porque es lunático (...) y lo he presentado a tus discípulos y no han podido curarle. Jesús
dijo: Traedmelo acá. Y Jesús amenazo al demonio y salió del muchacho, que quedo curado. Mt 17, 14-17; Mc 9, 17-28; Lc 9,
38-44.
Los que creyeren lanzaran los demonios en mi nombre. Mc 16, 17.
Señor, hasta los demonios mismos se sujetan a nosotros por la virtud de tu nombre. Lc 10, 17.
Un hombre poseído del espíritu inmundo exclamo diciendo: ¿Que tenemos nosotros que ver contigo, oh Jesús Nazareno? ¿Has
venido a perdernos? Mt 8, 29; Mc 1, 24; 5, 7; Lc 8, 28.
Ahora "el príncipe de este mundo" va a ser lanzado fuera. Jn 12, 31.
¿Que compañía puede haber entre la luz y las tinieblas? ¿que concordia entre Cristo y Belial? 2 Cor 6, 14-15.
Su actuación sobre el hombre
Sed sobrios y vigilantes: porque vuestro enemigo el diablo anda girando como león rugiente alrededor de vosotros, en busca de
presa que devorar. I Pdr 5, 8.
Quisimos pasar a visitaros y en particular yo, Pablo, lo he resuelto varias veces; pero Satanás nos lo ha estropeado (...). I
Tes 2, 18.
Los que contradicen la verdad (...) están enredados en los lazos del diablo, que los tiene presos a su arbitrio. 2 Tim 2,
25-26.
Dijo también el Señor: Simón, mira que Satanás va tras de vosotros para zarandearos como el trigo. Mas yo he rogado por ti.
Lc 22, 31 -32.
El que oye la palabra del reino y no para en ella su atención, viene el mal espíritu y le arrebata aquello que se había
sembrado en su corazón. Mt 13, 19.
Se me ha dado el estimulo de mi carne, un ángel de Satanás para que me abofetee. 2 Cor 12, 7.
El mismo Satanás se transforma en ángel de luz, así no es mucho que sus ministros se transfiguren en ministros de justicia. 2
Cor 11, 14-15.
Satanás se apodero de Judas, el cual fue a tratar con los príncipes de los sacerdotes: Lc 22, 3-4; Jn 13, 17.
Temo que así como la serpiente engaño a Eva con su astucia, así sean manchados vuestros espíritus. 2 Cor 11, 3.
Revestios de toda la armadura Je Dios, para poder contrarrestar las asechanzas del diablo, pues (...) nuestra pelea es contra
los espíritus malignos. Efes 6, 11 - 12.
Si os enojáis, no queráis pecar (...). No deis lugar al diablo. Efes 4, 26-27.
Estos son espíritus de demonios, que hacen prodigios y van a los reyes de la tierra para coaligarlos en batalla el gran día
del Dios todopoderoso. Apoc 16, 14.
Satanás saldrá de su prisión y engañara a las naciones que hay sobre los cuatro ángulos del mundo. Apoc 20, 7.
Quien comete pecado, del diablo es; porque el diablo desde el momento de su caída continua pecando. Por eso vino el Hijo de
Dios, para deshacer las obras del diablo. I Jn 3, 8.
Estad, pues, sujetos a Dios y resistid al diablo y huirá de vosotros. Sant 4, 7.

DESPRENDIMIENTO
Ejemplo de Nuestro Señor: -en su nacimiento: Lc 2, 12.; -no dispone de dinero para pagar el tributo del templo: Mt 17, 26.;
-no tiene donde reclinar la cabeza: Mt 8, 20.; -llega a la culminacion en la cruz: Lc 23, 46.
Donde esta nuestro tesoro, allí estera nuestro corazón: Mt 6, 21.
Nadie puede servir a dos señores; (...). No podéis servir a Dios y a las riquezas. Mt 6, 24.
(...) No estéis acongojados cuando busquéis de comer o de beber, ni tengáis en suspenso e inquieto vuestro animo; son las
gentes mundanas quienes viven detrás de estas cosas. Bien sabe vuestro Padre que necesitáis de ellas. Por tanto, buscad el
reino de Dios y su justicia, que todo lo demás se os dará por añadidura. Lc 12, 29-32.
(Haced) unas bolsas que no se echen a perder; un tesoro en el cielo que jamas se agota, a donde no llegan los ladrones, ni
roe la polilla. Mt 7, 11.
Si en las falsas riquezas no habéis sido fieles, ¿quien os confiara las verdaderas? Lc 16-10.
Contentos siempre con tener en todas las cosas todo lo suficiente, estéis sobrados para ejercitar toda clase de obras buenas.
2 Cor 9, 8.
Si vuestro oro y plata se han enmohecido, la herrumbre de esos metales dará testimonio de vosotros, y devorara vuestras
carnes como un fuego. Sant 5, 3.
(El cristiano ha de aprender) a vivir en pobreza y vivir en abundancia (...), a tener hartura y sufrir hambre; a tener
abundancia y a padecer necesidad. 2 Cor 2, 14-15.
El cristiano ha de utilizar los bienes de la tierra sabiendo que no tenemos a - tu morada permanente: Heb 13, 14.
Administradores y no dueños: Mt 25, 14-30.
Generosidad en la limosna: Dios ama al que da con alegría: 2 Cor9, 7.

DIFAMACION
No murmuréis unos de otros (...); quien murmura de su hermano o juzga a su hermano, murmura de la ley, juzga a la ley. Sant
4, 11.
Más que las riquezas vale el buen hombre, más que la plata y el oro, la buena fama. Prov 22, 1.
Nuestro Señor se deja acusar sin responder: Mt 26, 63; 27, 14; Mc 14, 60; 15, 4-5.
Felices seréis cuando dijeren falsamente toda suerte de mal contra vosotros por mi causa. Mt 5, 2; Lc 6, 22-23.
Los discípulos de Nuestro Señor no son del mundo, y el mundo los aborrece: Jn 15, 18-20.
El discípulo no es más que el Maestro, ni el servidor más que su señor; si han llamado al padre de familia Belcebú, ¡cuánto
más a sus domésticos! No les tengáis miedo, porque nada está encubierto que no se haya de descubrir, ni oculto que no se haya
de saber. Mt 10, 24-26.
(Discreción en el hablar): el horno prueba los vasos del alfarero; la prueba del hombre es su conversación. Eclo 27, 6 ss.
Castigo de María, la hermana de Moisés, por murmurar: Num 12, 1-10.
Ten cuidado de la buena reputación. Eclo 41, 45.
Quien se dedica a quitar la fama es un necio. Prov 12, 22.
Las palabras del chismoso parecen dulces y llegan hasta lo más hondo de las entrañas. Prov 18, 8.
Cuida de tu nombre (...) más que de muchos tesoros. Eclo 41, 15.
Los días de vida feliz son contados, pero la buena fama permanece para siempre. Eclo 41, 16.
(...) Pero con mansedumbre y respeto y en buena conciencia, para que en aquello mismo en que sois calumniados queden
confundidos los que niegan vuestra buena conducta en Cristo. 1 Pdr 3, 16.
No devolváis mal por mal, procurad el bien a los ojos de todos los hombres. Rom 12, 17.

DIFICULTADES
Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Mt 5, 10.
Bienaventurados seréis cuando os insulten o persigan y con mentira digan contra vosotros todo genero de mal por mi. Mt 5, 11.
Ninguna corrección parece por el momento agradable, sino dolorosa; pero al fin ofrece frutos apacibles de justicia a los
ejercitados por ella. Heb 12, 11.
Agrada a Dios quien por consideración a El soporta las ofensas, padeciendo injustamente. 1 Pdr 2, 19.
Aunque haya que pasar por un valle tenebroso, no temo mal alguno, porque tu estas conmigo. Tu clava y tu cayado son mis
consuelos. Sal 93, 19.
Tened, hermanos míos, por sumo gozo veros rodeados de diversas pruebas. Sant 1, 2.
Y todos los que aspiran a vivir piadosamente en Cristo Jesús sufrirán persecuciones. 2 Tim 3, 12.
Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mi, no es digno de mi. Mt 10, 38.
Pero el le replico: "Como mujer necia has hablado. Si recibimos de Dios los bienes, ¿por que no también los males?" Y no peco
Job con sus labios. Job 11, 6.
No desdeñes, hijo mío, la corrección de tu Dios; no te enoje que te corrija. Prov 3, 11.
Hermosa es la misericordia en el tiempo de la tribulación, como las nubes cargadas de agua en tiempo de sequía. Eclo 35, 26.
Si sufrimos con El, con El reinaremos. Si le negamos, también El nos negara. 2 Tim 2, 12.
Tengo mucha confianza en vosotros; tengo en vosotros grande motivo de gloria, estoy lleno de consuelo, reboso de gozo en
todas mis tribulaciones. 2 Cor 7, 4.
Cayo la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y dieron sobre la casa; pero no cayo, porque estaba fundada
sobre roca. Mt 7, 25.

DIRECCION ESPIRITUAL
Trata a un varón piadoso, de quien conoces que sigue los caminos del Señor, cuyo corazón es semejante al tuyo y te
compadecerá si te ve caído. Y permanece firme en lo que resuelvas, porque ninguno será para ti mas fiel que el. El alma de
este hombre piadoso ve mejor las cosas que siete centinelas en lo alto de una atalaya. Y en todas ellas ora por ti al
Altísimo, para que te dirija por la senda de la verdad. Eclo 37, 15-19.
Más valen dos que uno solo, porque mejor logran el fruto de su trabajo. Si uno cae el otro le levanta; pero ¡ay del que esta
solo, que, cuando cae, no tiene quien le levante! Ecl 4, 9-10.
Mejor es oír el reproche de un sabio que escuchar las alabanzas de los necios. Ecl 7, 6.
Yo abro mi boca y hablo para comunicaros de balde la sabiduría; inclinaos a ella; reciba vuestra alma la instrucción. Eclo
51, 34.
¿No es verdad que nuestro corazón se enardecía, cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba la Escritura? Lc 24, 32.
Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los otros, pero ellos ni con un dedo hacen nada por moverlas. Mt 23, 4.
Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que has de hacer (...). Fue Ananias y entro en la casa, e imponiéndole las
manos, le dijo: Hermano Pablo, el Señor Jesús (...), me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu
Santo. Hech 9, 6 y 17.
Porque nosotros solo somos cooperadores de Dios, y vosotros sois el campo de Dios, la edificación de Dios. I Cor 3, 9.
Es preciso que los hombres vean en nosotros ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios. I Cor 4, 1.
En nada demos motivo de escandallo, para que no sea menospreciado nuestro ministerio, sino que en todo mostrémonos como
ministros de Dios (...). 2 Cor 6, 3-4.
Sigue el consejo de los prudentes y no desprecies ningún buen consejo. Tob 4, 18.
Si uno cae, el otro se levanta; pero ¡ay del solo, que, si cae, no tiene quien le levante! Ecl 4, 10.
No hagas nada sin consejo, y después de hecho no tendrás que arrepentirte. Ecl 32, 23.
El que a vosotros oye, a mi me oye. Lc 10, 16.
Somos embajadores de Cristo, como si Dios os exhortase por medio de nosotros. 2 Cor 5, 20.
Toda planta que no ha plantada mi Padre celestial será arrancada. Dejadlos, son guías ciegos; si un ciego guía a otro ciego,
ambos caerán en la fosa. Mt 15, 13, 14.
Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes. I Pdr 5, 5.
Me hago endeble con los endebles para ganar a los endebles; me hago todo para todos para salvarlos a todos. I Cor 9, 22.
¡Quien desfallece que yo no desfallezca?, ¿Quien se escandaliza que yo no me abrase? 2 Cor 11, 29.
Tened los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús. Fil 2, 5.
¡Hijos míos, por quienes sufro de nuevo dolores de parto hasta ver a Cristo formado en vosotros! Gal 4, 19.
La caña cascada no la quebrara y no apagara la mecha que aun humea. Mt 12, 20; 1s 42, 3.

EJEMPLARIDAD
Muerte de Eleazar: 2 Mac 6, 18-31.
Mártires de Sebaste: 2 Mac 7, 2-41.
Nadie enciende la lámpara y la pone en un rincón, ni bajo el celemín, sino sobre un candelero, para los que entren tengan
luz. Lc 11, 33.
Así ha de lucir vuestra luz ante los hombres, para que, viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre, que está
en los cielos. Mt 5, 16.
Y tú muéstrate en todo ejemplo de buenas obras; incorruptibilidad en la doctrina, gravedad, palabra sana e irreprensible. Tit
2, 7.
Que nadie tenga en poco tu juventud; antes sirvas de ejemplo a los fieles en la palabra, en la conversación, en la caridad,
en la fe, en la castidad. 1 Tim 4, 12.
¿Quién de entre vosotros es sabio experimentado? Pues muestre con buena conducta sus obras (...). Sant 3, 13.
(Observad) entre los gentiles una conducta buena, a fin de que, en lo mismo por lo que os afrentan como malhechores,
considerando vuestras buenas obras glorifiquen a Dios (...). 1 Pdr 2, 12.
En nada demos motivo alguno de escándalo, para que no sea objeto de burla nuestro ministerio. 2 Cor 6, 3.
Conozco vuestra pronta voluntad (...) y vuestro cielo ha servido de estímulo a los demás. 2 Cor 9, 2.
(...) Y el que escandalizare a uno de estos pequeñuelos que creen en mi, más le valiera que le colgasen al cuello una piedra
de molino de asno y le hundieran en el fondo del mar (...). ¡Ay de aquel por quien viniere el escándalo! Mt 18, 6-7.
No nos juzguemos ya más los unos a los otros, y mirad sobre todo que no deis mal ejemplo al hermano. Rom 14, 13.
Vosotros, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de entrañas de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre,
longanimidad. Col 3, 12.

ENFERMOS
Habiendo convocado a los doce, comenzó a enviarlos de dos en dos (...). De esta suerte salieron a predicar (...), y lanzaban
muchos demonios, y ungían a muchos enfermos con óleo y los sanaban. Mc 6, 7-13.
¿Esta enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia y oren por el, ungiéndole con el óleo en el nombre
del Señor, y la oración de la fe salvara al enfermo, y el Señor le aliviara, y si se halla con pecados se le perdonaran. Sant
5, 14-15.
Nuestro Señor, a la vez que cura al paralítico de Cafarnaún, le perdona los pecados: Mt 9, 1-6; Mc 2, 5-11; Lc 5, 17-25.
Nuestro Señor cura al enfermo de la piscina probática, paralítico hacia ya treinta y ocho anos, y le dice: Vete y no peques
mas, para que no te suceda algo peor: Jn 5, 5-14.
El ciego de nacimiento habla nacido así únicamente para que las obras de Dios fueran manifestadas en el: Jn 9, 2-3.
Valor redentor del dolor: 2 Cor
Misterio del dolor: Job 42, 1-6.
Jesús paso haciendo el bien en medio de los enfermos: Hech 10, 38.
Coger la Cruz y seguir a Cristo: Lc 9, 23.
El sufrimiento de aquí abajo no tiene proporción con la gloria del cielo: 2 Cor 4, 17.
En el "mundo nuevo" no habrá ya dolor, ni pena: Apoc 7, 17; 21, 4.

ENTREGA
María, ejemplo de una entrega a Dios sin condiciones: Lc 1, 38.
Fe para vencer y seguir al Señor: Lc 18, 35-43.
No existe nunca razón suficiente para volver la cara atrás en el propio camino: Lc 9, 61-62.
Desprendimiento para seguir al Señor. El joven rico: Lc 18, 18-23.
El premio de la entrega: Mt 19, 27-30.
El que no esta conmigo esta contra mi, y el que conmigo no recoge, derrama. Lc 11, 23.
Entonces dijo Jesús a sus discípulos: El que quiera venir en pos de mi, niéguese a si mismo, tome su cruz y sígame. Pues el
que quiera salvar su vida, la pedrera; y el que pierda su vida por mi la hallara. Y ¿de que aprovecha al hombre ganar todo el
mundo si pierde su alma? , ¿O que podré dar el hombre a cambio de su alma? Mt 16, 24-26.
Siguiendo el camino, vino uno que le dijo: Te seguiré adondequiera que vayas. Jesús le respondió: Las raposas tienen cuevas,
y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza. A otro le dijo: Sígueme, y respondió:
Señor, déjame ir primero a sepultar a mi padre. El le contesto: Deja a los muertos sepultar a sus muertos, y tu vete y
anuncia el reino de Dios. Otro le dijo: Te seguiré, Señor, pero déjame antes despedirme de los de mi casa. Jesús le dijo:
Nadie que, después de haber puesto la mano sobre el arado, mire atrae, es apto para el reino de Dios. Lc 9, 57-62.
Se le junto numerosa muchedumbre, y vuelto a ella, les decía: Si alguno viene a mi y no aborrece a su padre, a su madre, a su
mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y aun a su propia vida, no puede ser mi discípulo. Lc 14, 25-26.

ENVIDIA
Porque sois todavía carnales. Sí, pues hay entre vosotros envidia y discordia. ¿No prueba esto que sois carnales y vivís a lo
humano? I Cor 3, 3.
Mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen. Sab 2, 24.
Es malo el de ojos envidiosos, el que vuelve el rostro y desprecia a las personas. Edo 14, 8.
No comas con el envidioso ni codicies sus manjares. Prov 23, 6.
No te goces en la caída de tu enemigo, no se alegre tu corazón al verle resbalar. No lo vea Dios y le desagrade. Prov 24, 17.
despojaos, pues, de toda maldad y de todo engaño, de hipocresía, envidias y maledicencias. 1 Pdr 2, 1.
No seamos codiciosos de la gloria vana, provocándonos y envidiándonos unos a otros. Gal 5,26.
No iré con el que de envidia se consume, porque la envidia no tiene nada que ver con la sabiduría. Sab 6, 23.
El que insulta al pobre insulta a su Hacedor, y el que se goza del mal ajeno no quedará impune. Prov 17, 5.
Porque donde hay envidias y rencillas, allí hay desorden y toda clase de vilezas. Sant 3, 16.
Corazón apacible es vida del cuerpo, y la envidia es la caries de los huesos. Prov 14, 30.
Si alguno enseña de otra manera (...), es un soberbio que nada sabe, sino que más bien enloquece sobre cuestiones y disputa
de palabras; de donde se originan envidias, contiendas, blasfemias (...). 1 Tim 6, 3-4.
Bien manifiestas son las obras de la carne, las cuales son adulterio, fornicación, deshonestidad, lujuria, culto de ídolos,
hechicerías, enemistades, pleitos, celos, enojos, riñas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, embriagueces,
glotonerías y cosas semejantes (...): los que tales cosas hacen no alcanzarán el reino de Dios. Ga15, 19-21.
También nosotros éramos en algún tiempo insensatos, incrédulos, extraviados, esclavos de infinitas pasiones y deleites,
llenos de malignidad y de envidia, aborrecibles y aborreciéndonos los unos a los otros. Tít 3, 3.
Como no quisieron reconocer a Dios, Dios los entregó a un réprobo sentido (...), quedando atestados de toda suerte de
iniquidad (...); llenos de envidia, homicidas, pendencieros, fraudulentos (...). Los cuales no echaron de ver que los que
hacen tales cosas son dignos de muerte; y no solo los que las hacen, sino también los que aprueban a los que las hacen. Rom
1, 28-32.
Pilato sabia que le habían entregado a Jesús por envidia: Mt 27, 18.
Al insensato le mata el enojo, y al necio la cólera. Job 5, 2.
Corazón apacible es vida del cuerpo, y la envidia es la caries de los huesos. Prov 14, 30.
Esos sueños (los de José) y las cosas que él contaba fueron causa de que (sus hermanos) le tuviesen más envidia y más odio.
Gen 37, 8.
Todo trabajo y todo cuanto de bueno se hace mueve la envidia del hombre contra su prójimo. Ecles 4,4.

ESCANDALO
Entrando en Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los perceptores de la didracma y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga la
didracma? Y el respondió: Cierto que sí. Cuando iba a entrar en casa, le salió Jesús al paso y le dijo: ¿Qué te parece,
Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran censos y tributos? ¿de sus hijos o de los extraños? Contestó él: de los
extraños. Y le dijo Jesús: Luego los hijos están exentos. Mas, para no escandalizarlos, vete al mar, echa el anzuelo y coge
el primer pez que pique (...); tómalo y dalo por mi y por ti. Mt 17, 24-27.
Y al que escandalizare a uno de estos pequeñuelos que creen en mi, más le valiera que le colgasen al cuello una piedra de
molino de asno y le hundieran en el fondo del mar. Mt 18, 6-7.
Si tu mano o tu pie te escandaliza, córtatelo y échalo de ti; que mejor te es entrar en la vida manco o cojo que con manos o
pies ser arrojado al fuego eterno. Mt 18, 8-9.
Porque los judíos piden señales, los griegos buscan sabiduría, mientras que nosotros predicamos a Cristo crucificado,
escándalo para los judíos, locura para los gentiles, mas poder y sabiduría de Dios para los llamados, ya judíos, ya griegos.
1 Cor 1, 22-25.
¿Quién desfallece que no desfallezca yo? ¿Quién se escandaliza que yo no me abrase? 2 Cor 11, 29.
Por lo cual se contiene en la Escritura: "He aquí que yo pongo en Sión una piedra angular, escogida, preciosa, y el que
creyere en ella no será confundido". Para vosotros, pues, los creyentes, es honor; mas para los incrédulos esa piedra,
desechada por los constructores y convertida en cabeza de esquina, es "piedra de tropiezo y roca de escándalo". 1 Pdr 2, 6-8.
Si lo que yo como escandaliza a mi hermano, no comeré en mi vida carne, por no escandalizar a mi hermano. 1 Cor 8, 13.
Es verdad que todas las viandas son limpias, pero hace mal el hombre en comer de ellas con escándalo de los otros. Y hace
bien en no comer carne, y en no beber vino, ni en tomar otra cosa por la cual su hermano se ofende, o se escandaliza, o se
debilita en la fe. Rom 14, 20-21.

ESPERANZA
Aunque a los ojos de los hombres fueron atormentados, su esperanza esta llena de inmortalidad. Sab 3, 4.
La fe y el conocimiento de la verdad de la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no puede mentir, ha prometido antes
de todos los siglos. Tit 1, 1-2.
Vivamos sobria, justa y religiosamente en este siglo, aguardando la bienaventuranza esperada. Tit 2, 12-13.
No tenemos aquí ciudad fija, sino que vamos en busca de la que esta por venir. Heb 13, 14.
Si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas cosas a vuestros hijos, cuanto mas vuestro Padre celestial dará cosas buenas a
los que se las piden. Mt 7, 11.
Mi única mira es (...) ir corriendo hasta la meta, para ganar el premio al que Dios llama desde lo alto por Jesucristo. Flp
3, 13-14.
Cuando alguno pecare (no desespere), tenemos por abogado para con el Padre a Jesucristo justo, y El mismo es la víctima de
propiciación por nuestros pecados. I Jn 2, 1-2.
En virtud de la fe tenemos cabida en esta gracia, en la cual permanecemos firmes, y nos gloriamos esperando la gloria de los
hijos de Dios. Rom 5, 2.
Nosotros no somos salvos sino en esperanza (...). Si esperamos lo que no vemos todavía, lo aguardamos por medio de la
paciencia. Rom 8, 24-25.

ESPIRITU SANTO
Cuando venga el Espíritu de verdad, El os enseñara todas las verdades. Jn 16, 13.
¿Como ha tentado Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo? (...). No mentiste a hombres, sino a Dios. Hech 5,
3-4.
¿No sabéis que sois templos de Dios y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? I Cor 6, 19.
El Espíritu Santo que mi Padre enviara en mi nombre os enseñara todo. Jn 16, 26; 16, 13.
El Espíritu todas las cosas penetra, aun las mas intimas de Dios. I Cor2, 10.
Dios es el que obra todas las cosas, en todos. Así uno recibe del Espíritu hablar con sabiduría (...) otro, la gracia de
curar enfermedades (...); quien el don de hacer milagros (...); quien el don de profecía (...). Mas todas estas cosas las
causa el mismo indivisible Espíritu, repartiéndolas a cada uno según quiere. I Cor 12, 6-11.
Fuisteis santificados, fuisteis justificados en nombre de nuestro Señor Jesucristo, por el Espíritu de nuestro Dios. I Cor 6,
11.
La caridad de Dios ha sido derramada en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado. Rom 5, 5.
Elegidos según la previsión de Dios Padre para ser santificados por el Espíritu. I Pdr 1, 2.
La gracia de Nuestro Señor Jesucristo, la caridad de Dios y la participación del Espíritu Santo sea en vosotros. 2 Cor 13,
13.
Los varones santos de Dios hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo. 2 Pdr 1, 21.
A nosotros nos lo ha revelado Dios por medio de su Espíritu. I Cor 2, 10.
Cuando seáis conducidos ante los tribunales para dar testimonio de mi, no penséis lo que habéis de hablar, puesto que quien
habla entonces es el Espíritu del Padre, que habla por vosotros. Mt 10, 18-20.
Cuando viniere el Consolador, el Espíritu de verdad que procede, del Padre, y que yo os enviare de parte de mi Padre, El dará
testimonio de mi. Jn 15, 26.
Cuando venga el Espíritu de verdad me glorificara, porque recibirá de lo mío y os lo anunciara. Jn 16, 4.
Yo rogare al Padre y os dará otro Consolador. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, que el Padre enviara en mi nombre, os lo
enseñará todo. Jn 14, 16-26.
Dios envío a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo. Gal 4, 6.

ETERNIDAD
Pues sabemos que, si la tienda de nuestra mansión terrena se deshace, tenemos de Dios una sólida casa, no hecha por manos de
hombre, eterna, en los cielos. 2 Cor 5, 1, 1.
Los sabios brillaran con el esplendor del firmamento, y los que enseñaron la justicia a la muchedumbre resplandecerán por
siempre eternamente, como las estrellas. Dan 12, 3.
Porque esta es la voluntad de mi Padre, que todo el que ve al Hijo y cree en el tenga la vida eterna, y yo le resucite el
ultimo día. Jn 6, 40.
Quien sembrare en su carne, de la carne cosechara la corrupción; pero quien siembre en el espíritu cosechara la vida eterna.
Co/ 6, 8.
Y dirá a los de la izquierda: Apartaos de mi, malditos, al fuego eterno, preparado para el diablo y para sus ángeles. Mt 25,
41.
Esos serán castigados a eterna ruina, lejos de la faz del Señor y de la gloria de su poder. 2 Tes 1, 9.
Ya no será el sol tu lumbrera, ni te alumbrara la luz de la luna. Yahvé será tu eterna lumbrera, y tu Dios será tu luz. Tu
sol no se pondrá jamas y tu luna nunca se esconderá, porque será Yahvé tu eterna luz; se acabaran para siempre tus días de
luto. Is 60, 19-20.
(Dios) nos ha hecho renacer por el bautismo y nos ha renovado por el Espíritu Santo, que El derramo sobre nosotros
copiosamente por Jesucristo Salvador Nuestro, para que, Justificados por la gracia de Jesucristo, vengamos a ser herederos de
la vida eterna, conforme a la esperanza que tenemos. Tit 3, 5 -7.
Las almas de los justos están en las manos de Dios, y el tormento no los alcanzara. A los ojos de los necios parecen haber
muerto y la partida es tenida por desdicha (...). Pero, aunque a los ojos de los hombres fueran atormentados, su esperanza
esta llena de inmortalidad. Después de un ligero castigo serán colmados de beneficios, porque Dios los probo y los hallo
dignos de si. Sab 3, 1-2; 4-5.

EUCARISTIA
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Quien comiere de este pan, vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi misma
carne para la vida del mundo. Jn 6, 51-52.
Mi carne verdaderamente es comida, y mi sangre verdaderamente es bebida. Quien come mi carne y bebe mi sangre en mi mora y yo
en el. Jn 6, 56-57.
Estando cenando, tomo Jesús el pan, y lo bendijo, y partió y diósele a sus discípulos, diciendo: Tomad y comed, este es mi
cuerpo. Y tomando el cáliz dio gracias, y se lo dio diciendo: Bebed todos de el, porque esta es mi sangre del Nuevo
Testamento. Mt 26, 26-28; Mc 14, 22-24; Lc 22, 19-20; 1 Cor 11, 2426.
Quien comiere este pan o bebiere el cáliz del Señor indignamente, reo será del cuerpo y de la sangre del Señor (...), porque
quien le come y bebe indignamente se traga y bebe su propia condenación. I Cor 11, 27-29.
Si no comiereis la carne del Hijo del hombre y no bebiereis su sangre no tendréis vida en vosotros. Jn 6, 54.
Trabajad para tener no tanto el manjar que se consume, sino el que dura hasta la vida eterna, el cual os dará el Hijo del
hombre. Jn 6, 27.
He venido para que tengan vida y la tengan en mas abundancia. Jn 10, 10.

EXAMEN DE CONCIENCIA
Dame a conocer el camino por donde he de ir, porque a ti he levantado mi alma. Sal 142, 8.
Han cerrado sus oídos y tapado sus ojos a fin de no ver con ellos. M. 13, 15.
El justo cae siete veces y otras tantas se levanta. Prov 24, 16.
Pase junto al campo del perezoso, y junto a la viña del insensato, y todo eran cardos y ortigas que hablan cubierto su faz, y
su albarrada estaba destruida. Prov 24, 30-31.
Tu, Señor, me conoces; tu me ves, tu penetras los sentimientos de mi corazón. Jer 12, 3.
Desde el primer día en que diste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fue oída tu oración. Dan
10, 12.
Escudríñame, oh Dios, y examina mi corazón; pruébame y examina mis pensamientos. Mira si hay en mi camino cosa viciosa, y
llévame por las sendas de la eternidad. Sal 138, 23.
(...) Deseaba llenar su estomago de las algarrobas que comían los puercos, y no le era dado. Volviendo en si (reflexionando
sobre el estado al que habla llegado), dijo: ;Cuantos jornaleros (...)! Me levantare e iré a mi padre y le aire: Padre, he
pecado contra el cielo y contra ti (...). Lc 15, 17-19.
El derrumbamiento viene precedido por un deterioro, y este por un mal pensamiento. Prov 16, 18.

FAMILIA
Quiero, pues, que los jóvenes se casen, críen hijos, gobiernen su casa y no den al enemigo ningún pretexto de maledicencia,
porque algunos ya se han extraviado. I Tim 5, 14.
Por lo demás, ame cada uno a su mujer, y ámela como a si mismo, y la mujer reverencie al marido. Ef 5, 3.
Vosotros, los maridos, amad a vuestras mujeres, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella. Ef 5, 25.
Los maridos deben amar a sus mujeres como a su propio cuerpo. El que ama a su mujer, a si mismo se ama. Ef 5, 28.
Hijos, vosotros obedeced a vuestros padres con la mira puesta en el Señor, porque es ésta una cosa justa. Honra a tu padre, y
a tu madre, que es el primer mandamiento que va acompañado con recompensa, para que te vaya bien y tengas larga vida sobre la
tierra. Y vosotros, padres, no irritéis a vuestros hijos; mas educadlos, corrigiéndolos e instruyéndolos según la doctrina
del Señor. Ef 6, 1-4.
Siervos, obedeced a vuestros señores temporales con temor, y respeto, con sencillo corazón, como a Cristo; no sirviéndolos
solamente cuando tienen puesto el ojo sobre vosotros, como si no pensaseis más que en complacer a los hombres, sino como
siervos de Cristo, que hacen de corazón la voluntad de Dios, y servidlos con amor, haciéndoos cargo que servís al Señor, y no
a hombres; estando ciertos de que cada uno de todo el bien que hiciere recibirá del Señor la paga, ya sea esclavo, ya sea
libre. Ef 6, 5-8.
¿Qué sabes tú, mujer, si salvarás a tu marido, y tú, marido, si salvarás a tu mujer? I Cor 7, 16.
Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a la mujer, y serán los dos una sola carne. Mt 19, 5.
Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra, adultera, y el que se casa con la repudiada por el marido, comete
adulterio. Lc 16, 18.
Por lo tanto, la mujer casada está ligada al marido mientras éste vive, pero muerto el marido, queda desligada de la ley del
marido. Por consiguiente, viviendo el marido será tenida por adúltera si se uniera a otro marido; pero si el marido muere,
queda libre de la ley, y no será adúltera si se une a otro marido. Rom 1, 2.
Se han levantado hombres codiciosos, altaneros, soberbios, blasfemos, desobedientes a sus padres (...). Apártate de los
tales. 2 Tim 3, 2-5.
Llamóle (Tobías) y le dijo: "Si muero, hijo mío, me darás sepultura y te guardarás de menospreciar a tu madre, hónrala
siempre todos los días de tu vida, obra según su beneplácito y no le causes tristezas". Tob 4, 3.
Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que esto es grato al Señor. Col 3, 20.
De todo corazón honra a tu padre y no te olvides de los dolores de tu madre. Ecio 7, 20.
Honra a tu padre y a tu madre como Yahvé, tu Dios, te lo ha mandado, para que sirvas largos años y seas feliz en la tierra
(...). Dt 5, 16.
El que honra a su padre, se regocijará en sus hijos y será escuchado en el día de su oración. Ecio 3, 6.
Como el que atesora es el que honra a su madre. Eclo 3, 15.
Si alguno no mira por los suyos, sobre todo por los de su casa, ha negado la fe y es peor que un infiel. I Tim 5, 8.
Como un blasfemo es quien abandona a su padre, y será maldito del Señor quien irrita a su madre. Ecio 3, 18.
Y vosotros, padres, no exasperéis a vuestros hijos, sino criadlos en la disciplina y en la enseñanza del Señor. Ef 6, 4.
Halaga a tu hijo, y te hará temblar (...). Ecio 30, 9.
Amos, tratad a vuestros inferiores según lo dicta la justicia y la equidad; sabiendo que también vosotros tenéis amo en el
cielo. Col 4, 1.
Estad sumisos a los amos con todo respeto, no sólo a los buenos y apacibles, sino también a los díscolos. I Pdr 2, 18.
Vosotros, amos, haced otro tanto con ellos (los inferiores, a quienes deben amar), excusándolos, considerando que unos y
otros tenéis un mismo Señor allá en los cielos, y que no hay en él acepción de personas. Ef 6, 9.
No son los hijos quienes deben atesorar para los padres, sino los padres para los hijos. 2 Cor 12, 14.
Educa a tu hijo y aplícale al trabajo, no vengas a tropezar por sus torpezas. Ecio 30, 13.
La vara y el castigo dan sabiduría, el muchacho consentido es la vergüenza de la madre. Prov 29, 15.
Caballo no domado se hace indócil, y el hijo abandonado se torna díscolo. Ecio 30, 8.
Con tres cosas me adorno y me presento, hermanos, ante el Señor y ante los hombres: la concordia entre hermanos, la amistad
entre los prójimos, y la armonía entre mujer y marido. Ecio 25, 1.
FE
Sin fe es imposible agradar a Dios (...). Heb 11, 6.
El que creyere y se bautizare se salvará; pero el que no creyere será condenado. Mc 16, 16.
Este es su mandato: que creamos en el nombre de SU Hijo Jesucristo. I Jn 3, 23.
A todo el que me reconociera delante de los hombres, yo también le reconoceré delante de mi Padre que está en los cielos; y a
quien me negare delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre. Mt 10, 32-33.
Tales hombres no tienen disculpa, porque habiendo conocido a Dios (...) devanearon en sus discursos, y quedó su insensato
corazón lleno de tinieblas (...). Rom 1, 21.
Aquellos que, pagados de sí 22, 1-8. mismos, blasfemando, no temen sembrar herejías (...), han dejado el camino recto (...).
Estos tales son fuentes sin aguas y nubes agita das por los vientos, para los cuales está reservado el abismo de las
tinieblas. 2 Pdr 2.10.15.17.
No hay otro Evangelio, pero hay algunos que os traen alborotados y quieren trastornar el Evangelio de Cristo, pero (...)
cualquiera que os anuncie un Evangelio diferente del que habéis recibido, sea anatema. Cal 1, 7 y 9.
La idolatría, consecuencia del pecado de soberbia: Rom 1, 23.
En los últimos días sobrevendrán tiempos peligrosos, se levantarán hombres amadores de sí mismos (...); éstos resisten a la
verdad, hombres de corazón corrompido, réprobos en la fe. 2 Tim 3, 1-8.
Testimonio de fe de Eleazar: 2 Mac 6, 1 8-3 1.
Fe de Abraham: Cen 15, 1-8;
Fe de la viuda de Sarepta: I Re 17, 10-16.
Testimonio de los mártires de Sebaste: 2 Mac 7, 2-41.
(Fe de una mujer cananea): Entonces le dijo Jesús: Mujer, grande es tu fe (...). Mt 15, 28.
(Fe de una mujer que padecía flujo de sangre): Jesús se volvió y, al verla, le dijo: Animo, hija, tu fe te ha sanado. Mt 9,
22.
(Fe de los amigos de un paralítico): Viendo Jesús la fe de ellos (de los amigos), dijo al paralítico: Tus pecados te son
perdonados (...). Mt 9, 2; Lc 5, 20.
(Fe de un centurión): Al oír esto Jesús, quedó admirado de él, y volviéndose a la muchedumbre que le seguía, dijo: En verdad,
os digo
que ni en Israel he encontrado una fe tan grande. Lc 7, 9.
Dijéronle los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. El Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza diríais a este
sicomoro: "Arráncate y échate al mar", y os obedecería. Lc 17, 5-ó.
(...A los discípulos). No habéis podido echarlo (al demonio) por vuestra poca fe. Porque yo os aseguro: si tenéis fe como un
grano de mostaza, diréis a este monte (...) y nada os será imposible. Mt 17, 20.
(A dos ciegos). Entonces les tocó los ojos diciendo: Hágase en vosotros según vuestra fe. Mt 9, 29.

FELICIDAD
Es feliz quien teme a Dios, le ama, le busca y espera en El: Sal 2, 12; 34, 9; 40, 5; 84, 13; 112, 1; Prv 16,20;28, 14;Ec/34,
15;Is30, 18; Tob 13, 14.
Es feliz el pueblo de Israel, porque ha recibido de Dios la Revelación, mantiene con él una Alianza, ha sido elegido,
predestinado y salvado: Dt 33, 29; Sal. 33, 12; 65, 5; 84, 5-ó; 89, 16; 114, 15; 146, 5.
Son felices quienes han recibido el perdón de sus pecados: Sal 32, 1-2.
Poseen la felicidad quienes tienen la conciencia tranquila, porque no se han deslizado con la lengua, fuente de tantas
culpas: Ecl 14, 1-2; 25, 8; 28, 19.
La felicidad, en último término, reside en la comunión con Dios y en Dios en persona: Sal 73, 25.
El justo tiene la certeza de que hasta en las aflicciones y en el dolor, y especialmente en el martirio, se puede ser feliz:
Dan 12, 12; 2 Mac 7, 24; 36-37.
El sufrimiento es una prueba de Dios y como tal la ven y la aprecian los justos, por eso no es de extrañar que se proclame
feliz a quien lo acepta: Job 5, 17; Sal. 94, 12; Tob 13, 16.
Son felices: Quienes escuchan la palabra de Dios: Lc 11, 28.
Son felices: Quienes creen sin haber visto: Jn 20, 29.
Son felices: Quienes no se escandalizan de Jesús: Lc 7, 23; Mt 11, 6.
Son felices: Los ojos que han visto a Cristo: Mt 13, 16.
Son felices: La Madre del Mesías, por haber dado a luz al Salvador del mundo: Lc 1, 48; 11, 27; y haber creído en las
promesas divinas: Lc 1, 45.
Son felices: Simón Pedro, porque el Padre le reveló que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo: Mt 16, 17.
Son felices: Quienes en el período de prueba permanecen vigilantes, esperando la llegada del Señor: Lc 12, 37-38; Apoc 16,
15.
Son felices: Los siervos fieles y prudentes: Mt 24, 46; Lc 12, 43.
Son felices: Quienes practican la caridad con los necesitados: Lc 14, 14.
Son felices: Los humildes y serviciales con sus hermanos: Jn 13, 17.
Son felices: Quienes han soportado la prueba con generosidad y se han hecho acreedores a la recompensa divina en la lucha por
la fe: Sar¿t 1, 12-25; 5, 11; 1 Pdr 3, 14; 4, 14.
Todos los requisitos para la felicidad cristiana se encuentran recapitulados en las Bienaventuranzas: Mt 5, 3-12; Lc 6,
20-26.

FIESTAS Y TIEMPOS LITURGICOS

Sábado
 Acuérdate del día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra pero el séptimo es día de descanso
consagrado al Eterno tu Dios... pues en seis días hizo el Eterno los cielos y la tierra, el mar y cuanto en ellos se contiene
y el séptimo cesó, por eso bendijo el Eterno el día del sábado y lo santificó. Ex 20, 8-11.
 Observa el día del sábado para santificarlo... y recordarás que fuiste esclavo en tierra de Egipto y el Eterno tu Dios te
sacó de allí... por eso el Eterno tu Dios te mandó
 celebrar el día del Shabbat. Dt 5, 12-15.
 El sábado como día de gozo: Num 10, 10; Jud 8, 6; Os 2, 11; 1 Mac 1, 41; Lc 14, 1.
 Observación del sábado según la doctrina y el ejemplo del Señor: Mt 23,4; 12, 3-12; Mc 1,21; 2, 25-27; 6, 2; 6, 6; 13, 10;
Gal 4, 4.

Pascua
 Yavé dijo a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: Este mes será para vosotros el comienzo del año, el mes primero del año.
Hablad a toda la asamblea de Israel y decidles: El día diez de este mes tome cada uno, según las casas paternas, una res
menor por cada casa. Si la casa fuere menor de lo necesario para comer la res, tome a su vecino, al de la casa cercana, según
el número de personas, computándolo para la res según lo que cada cual puede comer. La res será sin defecto, macho primal,
cordero o cabrito. Lo reservarás hasta el día catorce de este mes y toda la asamblea de Israel lo inmolará entre dos luces.
Tomarán de su sangre y untarán los postes y el dintel de la casa donde se coma. Comerán la carne esa misma noche, la comerán
asada al fuego, con panes ácimos y lechugas silvestres. No comerán nada de él crudo, ni cocido al agua; todo asado al fuego,
cabeza, patas y entrañas. No dejaréis nada para el día siguiente; si algo quedare, lo quemaréis. Habéis de comerlo así:
ceñidos los lomos, calzados los pies, y el báculo en la mano, y comiendo de prisa, es la Pascua de Yavé. Esa noche pasaré yo
por la tierra de Egipto y mataré a todos los primogénitos de la tierra de Egipto, desde los hombres hasta los animales, y
castigaré a todos los dioses de Egipto. Yo, Yavé. La sangre servirá de señal en las casas donde estéis; yo veré la sangre y
pasaré de largo, y no habrá para vosotros plaga mortal cuando yo hiera la tierra de Egipto. Este día será para vosotros
memorable y lo celebraréis solemnemente en honor de Yavé de generación en generación; será una fiesta a perpetuidad (...). No
comeréis pan fermentado; en todas vuestras moradas se comerán panes ácimos. Ex 12, 1-14.20.
 Cfr.: Jos 5, 10; 2 Re 23, 21; 2 Par 30, 1; 35, 1; Esd 6, 19; Ez 45, 21; Jn 2, 13-23; 6, 4.
 Ultima Pascua del Señor. Institución de la Eucaristía: Mt 26, 17-29; Mc 14, 12-25; Lc 22, 1-20; Jn 13, 1-30; 1 Cor 11,
23-26.

Pentecostés
 Cuando hubieres entrado en la tierra que el Eterno tu Dios te da por heredad... tomarás parte de las primicias de todos los
productos de tu suelo que coseches... y poniéndola en una cesta, irás al lugar que el Eterno tu Dios haya elegido para
establecer en él su nombre. Te presentarás al sacerdote entonces en funciones y le dirás... Nos afligieron los egipcios y nos
persiguieron, imponiéndonos rudísimas tareas, y clamamos al Eterno, Dios de nuestros padres... y nos sacó de Egipto... y nos
dio una tierra que mana leche y miel. Por eso ofrezco ahora las primicias de la tierra que el Eterno me ha dado. Y las
dejarás ante el Eterno tu Dios y te inclinarás ante El. Te regocijarás con los bienes que el Eterno tu Dios te ha dado a ti y
a tu casa, tú y el levita y el peregrino que mora en medio de ti. Dt 26, 1-11.
 Cfr.: 2Par 8, 13; 2 Mac 12,32; Hech 2, 1; 20, 16; 1 Cor 16, 8.
 Venida del Espíritu Santo en la fiesta de Pentecostés: Hech 2, 2-4.

Tabernáculo

 Celebrarás la Fiesta de los Tabernáculos durante siete días, una vez recogido el producto de tu era y de tu lagar...
Celebrarás la fiesta en honor del Eterno tu Dios en el lugar que haya elegido Dt 16, 3-15.
 Cfr.: Dt 31, l0; Esd 3, 4; Neh 8, 15-17; 2 Mac 1, 9; 10, 6; Jn 7, 2.
Día de la Expiación
 El Eterno habló a Moisés diciendo: El décimo día de este séptimo me es Día de los Perdones. Mortificaréis vuestras almas y
no haréis en él ningún trabajo, pues es un día de expiación para rehabilitaros ante el Eterno vuestro Dios. Lev 23, 26-32.
Dedicación del Templo
 Luego ordenó Judas que algunos tuvieran en jaque a los de la ciudadela, mientras purificaban el santuario. Eligieron
sacerdotes irreprochables, amantes de la Ley, los cuales purificaron el templo y echaron las piedras del altar idolátrico en
lugar inmundo. deliberaron qué harían del altar de los holocaustos, que había sido profanado, y les pareció buen consejo
destruirlo, por cuanto los gentiles lo habían profanado, y depositar las piedras en el monte del templo, en lugar conveniente
hasta que viniese un profeta que diese oráculo sobre ellas. Tomaron luego piedras sin labrar, conforme prescribe la Ley; y
edificaron un altar nuevo sobre el modelo antiguo, prepararon el santuario y el interior del templo, purificaron los atrios,
hicieron nuevos vasos sagrados e introdujeron el candelabro, el altar de los perfumes y la mesa del templo. Quemaron incienso
en el altar, encendieron las lámparas del candelabro, que lucieron en el templo; colocaron los panes sobre la mesa y colgaron
las cortinas. de esta manera dieron fin a la obra. 1 Mac 4, 41-51.
Sobre las fiestas celebradas sin verdadera piedad
 Is 1, 12-15; Jer 6, 20; Os 6, 6; Am 5, 21-22; Miq 6, 6-8.

Alegría en las fiestas.
 Qué alegría cuando me dijeron: Vamos a la casa del Señor. Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén. Jerusalén
está fundada como ciudad bien compacta. Allá suben las tribus, las tribus del Señor. Según la costumbre de Israel, a celebrar
el nombre del Señor. (SaI 121, 1-4).

FILIACION DIVINA
Y el Rey les dirá: En verdad os digo que cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores, a mi me lo
hicisteis. Mt 25,
Y nos hizo merced de preciosos y sumos bienes prometidos, para que por ellos os hagáis participes de la divina naturaleza,
huyendo de la corrupción que por la concupiscencia existe en el mundo. 2 Pdr 1, 4.
El les dijo: Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu nombre; venga tu reino... Lc 11, 2.
¿Qué padre entre vosotros, si el hijo le pide un pez, le dará, en vez del pez, una serpiente? ¿O si le pide un huevo le dará
un escorpión? Si vosotros, pues, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial
dará el Espíritu Santo a los que se lo piden? Lc 11, 11-13.
Mas a cuantos le recibieron dióles poder de llegar a ser hijos de Dios, a aquellos que creen en su nombre; Jn 1, 12.
Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido al Padre; pero ve a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y a vuestro
Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. Jn 20, 17.
Ved qué amor nos ha mostrado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios y lo seamos. Por esto el mundo no nos conoce, porque
no le conoce a El. Carísimos, ahora somos hijos de Dios, aunque ano no se ha manifestado lo que hemos de ser. Sabemos que,
cuando se manifieste, seremos semejantes a El, porque le veremos tal cual es. I Jn 3, 1-2.
Los que son movidos por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Rom 8, 14.
Que no habéis recibido el espíritu de siervos para recaer en el temor, antes habéis recibido el espíritu de adopción, por el
que clamamos: ¡Abba! ¡Padre! Rom 8, 15.
El Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, y si hijos, también herederos; herederos de Dios,
coherederos de Cristo, supuesto que padezcamos con El para ser con El glorificados. Rom 8, 16-17.
Porque a los que de antes conoció, a esos los predestinó a ser conformes con la imagen de su Hijo, para que éste sea el
primogénito entre muchos hermanos... Rom 8, 29.
Todos, pues, sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Porque cuantos en Cristo habéis sido bautizados, os habéis vestido
de Cristo. No hay ya judío o griego, no hay siervo o libre, no hay varón o hembra, porque todos sois uno en Cristo Jesús. Cal
3, 26-28.
Y, puesto que sois hijos, envió Dios a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que grita: Abba!, ¡Padre! De manera que no
eres siervo, sino hijo, también heredero por medio de Dios. Gal 4, 6-7.
¿No tenemos todos un Padre? ¿No nos ha criado a todos un Dios? ¿Por qué, pues, obrar pérfidamente unos con otros, quebrantar
el pacto de nuestros padres? Mat 2, 10.
Señor, Padre, Soberano de mi vida, no me abandones al capricho de ellos ni me dejes caer por ellos. Señor, Padre y Dios de mi
vida, no me des ojos altaneros. Ecio 23, 1. 4.
Nos tiene por escorias y se aparta de nuestras sendas como de impurezas; proclama dichosas las postrimerías de los justos y
se gloría de tener a Dios por Padre. Porque si el justo es hijo de Dios, El le acogerá y le librará de las manos de sus
enemigos. Sab 2, 16, 18.

FIN DEL HOMBRE
Nuestro nombre caerá en el olvido con el tiempo, y nadie tendrá memoria de nuestras obras; y pasará nuestra vida como rastro
de nube, y se disipará como niebla acosada por los rayos del sol y recargada por su calor. Pues el paso de una sombra es
nuestra vida, y sin retorno es nuestro fin, porque se pone el sello y no hay quien vuelva. Sab 2, 4-5.
Las almas de los justos están en las manos de Dios, y el tormento no los alcanzará. A los ojos de los necios parecen haber
muerto, y su partida es reputada por desdicha. Su salida de entre nosotros, por aniquilamiento; pero están en paz. Sab 3,
1-3.
Pues aunque a los ojos de los hombres fueran atormentados, su esperanza está llena de inmortalidad. Después de un ligero
castigo serán colmados de beneficios, porque Dios los probó y los halló dignos de si. Sab 3, 4-5.
Como el oro en el crisol los probó, y le fueron aceptos como sacrificio de holocausto. Al tiempo de ser visitados brillarán y
se propagarán como centellas en cañaveral; juzgarán a las naciones y dominarán sobre los pueblos, y su Señor reinará por los
siglos. Sab 3, 6-8.
Los que confían en El conocerán la verdad, y los fieles a su amor, permanecerán con El, porque la gracia y la misericordia
son para sus elegidos. Pero los impíos, conforme a sus pensamientos, tendrán su castigo, pues despreciaron al justo y se
apartaron del Señor. Porque desdichado el que desprecia la sabiduría y la disciplina; su esperanza es vana, sus afanes
estériles, e inútiles sus obras. Sab 3, 9- 11.
Entonces estará el justo en gran seguridad frente a los que le afligían y menospreciaban sus obras. Al verlo se turbarán con
terrible espanto, y quedarán fuera de si ante lo inesperado de aquella salud. Arrepentidos, se dirán, gimiendo en la angustia
de su espíritu: "Este es el que algún tiempo tomamos a risa y fue objeto de escarnio".Nosotros, insensatos, tuvimos su vida
por locura y su fin por deshonra. Cómo son contados entre los hijos de Dios, y tienen su heredad entre los santos. Luego nos
extraviamos de la senda de la verdad, y la luz de la justicia no nos alumbró, y el sol no salió para nosotros. Sab 5, 1-6.
Nos cansamos de andar por sendas de iniquidad y de perdición, y caminamos por desiertos intransitables, sin conocer el camino
del Señor. ¿Qué nos aprovechó la altanería, qué ventaja nos trajeron la riqueza y la jactancia? Pasó como una sombra todo
aquello, y como correo que va por la posta. Sab 5, 7-9.
El hombre pasa como nave que atraviesa las agitadas aguas, de cuyo paso no es posible hallar huella, ni del camino de su
quilla por las olas; o como ave que corta los aires, sin que se encuentre señal de su paso, y golpea el aire ligero al
batirlo con sus plumas; y lo corta con la violencia de su ímpetu; y se abre camino con el movimiento de sus alas, después ya
no se halla señal de su paso. O como flecha que se tira al blanco, que aunque hienda el aire, luego éste vuelve a cerrarse, y
no se conoce por dónde pasó. Sab 5, 1012.
Pero los justos viven para siempre, y su recompensa está en el Señor y el cuidado de ellos en el Altísimo. Por esto recibirán
un glorioso reino, una hermosa corona de mano del Señor, que con su diestra los protege y los defiende con su brazo. Sab 5,
15-16.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Mt 5, 8.
Mirad que no despreciéis a uno de esos pequeños, porque en verdad os digo que sus ángeles ven de continuo en el cielo la faz
de mi Padre, que está en los cielos. Mt 18, 10.
Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino que serán como ángeles en el cielo. Mt 22. 30.
Porque ya no pueden morir y son semejantes a los ángeles e hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección. Lc 20, 36.
Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. Jn 17, 3.
Cuando llegué a ser hombre, me despojé de las niñerías. Ahora vemos por un espejo y obscuramente, pero entonces veremos cara
a cara. Al presente conozco sólo parcialmente, pero entonces conoceré como soy conocido. I Cor 13, 12.
(...)su fin será el que corresponde a sus obras. 2 Cor 11, 15.
Y por cuanto a los hombres les está establecido morir una vez, y después de esto el juicio. Heb 9, 27.
Que no tenemos aquí ciudad permanente, antes buscamos la futura. Heb 13, 14.
El fin de todo está cercano. Sed, pues, discretos y sobrios (con vistas) a la oración. Ante todo mantened tensa la caridad
unos para con otros, porque la caridad cubre la muchedumbre de los pecados. I Pdr 4, 7-8.
Carísimos, ahora somos hijos de Dios, aunque ano no se ha manifestado lo que hemos de ser. Sabemos que, cuando se manifieste,
seremos semejantes a El, porque le veremos tal cual es. I Jn 3, 2.

FLAQUEZAS
Hemos venido a ser necios por amor de Cristo; vosotros, sabios en Cristo. Nosotros, débiles; vosotros fuertes. Vosotros,
ilustres; nosotros, viles. I Cor 4, 10.
Si es menester gloriarse, me gloriaré en lo que es mi flaqueza. 2 Cor 11, 30.
De mi mismo no he de gloriarme, si no es de mis flaquezas. 2 Cor 12, 5.
Y El (el Señor) me dijo: Te basta mi gracia, pues en la flaqueza llega al colmo el poder. 2 Cor 12, 9.
Pues cuando parezco débil, entonces es cuando soy fuerte. 2 Cor 12, 10.
Aunque fue crucificado (Cristo) en su debilidad, vive por el poder de Dios. Y así somos nosotros débiles en El, pero vivimos
con El para vosotros por el poder de Dios. 2 Cor 13, 4.
El mismo Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene; mas el mismo
Espíritu aboga por nosotros con gemidos inefables. Rom 8, 26.
Los fuertes debemos llevar las flaquezas de los débiles, sin complacernos en ello. Rom 15, 1.
Dios eligió la necedad del mundo para confundir a los sabios y eligió Dios la flaqueza del mundo para confundir a los fuertes
[...~; el desecho del mundo, lo que no es nada, lo eligió Dios para destruir lo que es, para que nadie pueda gloriarse ante
Dios. I Cor 1, 27-29.
Nos gozamos siendo nosotros débiles y vosotros fuertes; lo que pedimos es vuestra perfección. 2 Cor 13, 9.
También os rogamos, hermanos, que corrijáis a los inquietos, que alentéis a los pusilánimes, que acojáis a los flacos, y que
seáis sufridos con todos. I Tes 5, 14.
En todo os he dado ejemplo, haciéndoos ver cómo se debe sobrellevar a los flacos, y tener presente las palabras del Señor
Jesús, cuando dijo: mejor es dar que recibir. Hech 20, 35.
Ten misericordia de mi, Señor, que estoy sin fuerzas. Sal 6, 3.

FORMACION DOCTRINAL
Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestiduras de ovejas, mas por dentro son lobos rapaces. Mt 7, IS.
Si alguno viene a vosotros y no lleva esa doctrina, no le recibáis en casa ni le saludéis, pues el que le saluda comunica en
sus malas obras. 2Jn 10.
Carísimos, no creáis a cualquier espíritu, sino examinad los espíritus si son de Dios, porque muchos seudoprofetas han salido
(a escena) en el mundo. I Jn 4, 1.
Ojo a los perros, guardaos de los malos obreros, cuidado con la mutilación. Flp 3, 2.
Si se alzare en medio de ti un profeta o un soñador que te anuncia una señal o un prodigio, aunque se cumpliese la señal o el
prodigio de que te habló, diciendo: vamos tras de otros dioses, dioses que tú no conoces, y sirvámosles, no escuches las
palabras de ese profeta o ese soñador. Dt 13, 1-3.
Evita las profanas y vanas parlerias, que conducen a una mayor impiedad, y su palabra cunde como gangrena, 2 Tim 2, 16.
¡Ay de ellos, que han seguido la senda de Caín y se dejaron seducir del error de Balaam por la recompensa, y perecieron en la
rebelión de Coré! Jds 11.
No os dejéis llevar de doctrinas varias y extrañas; porque es mejor fortalecer el corazón con la gracia que con viandas, de
las que ningún provecho sacarán los que a ellas se apagaron. Heb 13, 9.
Y aun todo lo tengo por pérdida a causa del sublime conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por cuyo amor todo lo sacrifiqué
y lo tengo por basura, con tal de ganar a Cristo. Flp 3, 8.
(...) Con fe y buena conciencia. Algunos que la perdieron naufragaron en la fe. / Tim 1, 19.
Caminabais bien. ¿Quién os ha impedido obedecer a la verdad? Cal 5, 7.
Así dice Yavé: Haced alto en los caminos y ved, preguntad por las sendas antiguas: ¿Es ésta la senda buena? Pues seguidla, y
hallaréis reposo para vuestras almas. Jer, 16.
Para que ya no seamos niños, que fluctúan y se dejan llevar de todo viento de doctrina por el juego engañoso de los hombres,
que para seducir emplean astutamente los artificios del error. Ef 4, 14.
Que siempre están aprendiendo, sin lograr jamás llegar al conocimiento de la verdad. 2 Tim 3, 7.

FORTALEZA
Cuando un fuerte bien armado guarda su palacio, seguros están sus bienes. Lc 2, 21.
Todo lo puedo en aquel que me conforta. Flp 4, 13.
Huye el malvado sin que nadie le persiga, mas el justo va seguro como cachorro de león. Prov 28,1.
Mis ojos siempre están en Yavé, porque es quien saca mis pies de la red. Sal. 24, 15.
Esforzaos y fortaleced vuestro corazón, todos cuantos esperáis en Yavé. Sal. 30, 25.
El temor de Yavé es fuente de vida, que aleja de los lazos de la muerte. Prov 14, 26.
Pero los que confían en Yavé renuevan las fuerzas, echan alas como de águila, corren sin cansarse y caminan sin fatigarse. Is
40, 31.
Porque así dice el Señor, Yavé, el Santo de Israel: En la conversión y la quietud está vuestra salvación, y la quietud y la
confianza serán vuestra fuerza. Is 30, 15,
Velad y estad firmes en la fe, obrando varonilmente y mostrándoos fuertes. I Cor 16, 13.
Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros? Rom 8, 31.
Por lo cual me complazco en las enfermedades, en los oprobios, en las necesidades, en las persecuciones, en las angustias,
por Cristo; pues cuando parezco débil, entonces es cuando soy fuerte. 2 Cor 12, 10.
A ti recurro, fortaleza mía, porque tú, Dios, eres mi refugio, Sal. 58, 10.
Espera en Yavé, esfuérzate; ten gran valor y espera en Yavé. Sal. 26, 14.
Tú, pues, hijo mío, fortalécete en la gracia de Cristo Jesús. 2 Tim 2, 1.
Hermanos, estad alerta: no sea que, seducidos, vengáis a caer de vuestra fortaleza. 2 Pdr 3, 17.
Vuestro enemigo el diablo anda girando como león rugiente alrededor de vosotros (...). Resistidle firmes en la fe. I Pdr 5,
8-9.
Os escribo, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno. No améis
al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, no está en él la caridad del Padre. I Jn 2, 14-15.
Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Mt 5, 10.
El reino de los Cielos se alcanza a viva fuerza, y los que la hacen son los que lo arrebatan. Mt 11, 12.
Soporta el trabajo y la fatiga como buen soldado de Cristo. Tim 2, 3.
Tened, hermanos, por objeto de sumo gozo el caer en varias tribulaciones, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce la
paciencia, y la paciencia perfecciona la obra. Sant 1, 2-4.
Nos afanamos trabajando con nuestras propias manos: nos maldicen y bendecimos; padecemos persecución y la sufrimos con
paciencia. I Cor 4, 12; 2 Cor 4, 8.
Corramos con aguante al término del combate (...) Considerad atentamente a aquel que sufrió tal contradicción de los
pecadores (...), a fin de que no desmayéis perdiendo vuestros ánimos. Heb 12, 1 -3.
Vendréis a ser olvidados de todos por causa de mi nombre: pero quien perseverare hasta el fin, este se salvará. Mt 10, 22;
24, 13.
No tengáis miedo a los que os persiguen. No temáis a los que matan el cuerpo y no pueden matar el alma: temed antes al que
puede arrojar alma y cuerpo en el infierno. Mt 10, 28; Lc 12, 4-5.
Si sucede que padecéis algo por amor a la justicia, sois bienaventurados. No temáis los fieros ni os conturbéis. I Pdr 3, 14.
No habéis recibido el espíritu de servidumbre para obrar todavía por miedo o temor, sino que habéis recibido el espíritu de
adopción de hijos. Rom 8, 15.
Quien anda dudando es semejante a la ola del mar alborotada y agitada del viento acá y allá (...). El hombre de ánimo doble
es inconstante en todos sus caminos. Sant 1, 6-8.

FRUTOS
Yo soy la vid y mi Padre el labrador. Todo sarmiento que en Mi no lleve fruto, lo cortará; y a todo aquel que diere fruto, lo
podará para que dé todavía más fruto. Jn 15, 1-2.
(Jesús) tuvo hambre; y viendo una higuera junto al camino se acercó a ella, y no hallando más que hojas, le dijo: nunca jamás
nazca fruto de ti. Y la higuera quedó seca al instante. Mt 21, 18-19.
Cada árbol por su fruto se conoce; no se cogen higos de los espinos, ni de las zarzas racimos de uvas. Lc 6, 43.
Voy a cantar a mi amado el canto de mi amigo a su viña: Tenía mi amado un viña en un fértil recuesto. La cavo, la descontó y
la plantó de vides selectas. Edificó en medio de ella una torre, e hizo en ella un lagar, esperando que le daria uvas, pero
le dio agrazones. Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad entre mi y mi viña. ¿Qué más podía hacer yo por
mi viña que no lo hiciera? ¿Cómo, esperando que diese uvas, dio agrazones? Is 5, 1-5.
Y dijo esta parábola: Tenia uno plantada una higuera en su viña y vino en busca del fruto y no lo halló. Dijo entonces al
viñador: van ya tres años que vengo en busca del fruto de esta higuera y no lo hallo; córtala; ¿por qué ha de ocupar la
tierra en balde? Le respondió y dijo: Señor, déjala aún por este año que la cave y la abone, a ver si da fruto para el año
que viene...; si no, la cortarás. Lc 13, 6-9.
(...) Si el grano de trigo, después le echado en tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, produce mucho fruto. Jn
12, 24.
(...) Has sido puesto en la balanza y hallado falto de peso Dan 5, 27.
[...1 Otras (semillas) cayeron en tierra buena y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras
sesenta, otras cien. Mc 4, 8.
Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus
frutos los conoceréis. Mt 7, 15-16.
(...) Es semejante el reino de los cielos a uno que sembró en su campo buena semilla. Pero mientras su gente dormía, vino el
enemigo y sembró cizaña entre el trigo y se fue. Cuando creció la hierba y dio su fruto, entonces apareció la cizaña. Mt 13,
24-26.
Parábola del grano de mostaza: Mt 13, 31-32.
Es semejante el reino de los cielos al fermento que una mujer toma y lo pone en tres medidas de harina hasta que todo
fermenta. Mt 13, 33.
Como el sarmiento no puede dar fruto si no está unido a la vid, tampoco vosotros si no permaneciereis en mi. Yo soy la vid.
Vosotros los sarmientos. El que permanece en mi y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mi no podéis hacer nada. Jn 15,
4-5.
En esto será glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto, y así seréis discípulos míos. Jn 15, 8.

GENEROSIDAD
Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad a los leprosos, arrojad a los demonios; gratis lo recibís, dadlo
gratis. Mt 10, 8.
En todo os he dado ejemplo, mostrándoos cómo, trabajando así, socorráis a los necesitados, recordando las palabras del Señor
Jesús, que El mismo dijo: "Hay más dicha en dar que en recibir". Hech 20, 35.
Y el Rey les dirá: En verdad os digo que cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores, a mi me lo
hicisteis. Mt 25, 40.
Otra cayó en tierra buena, y, nacida, dio un fruto céntuplo. Dicho esto, clamó: El que tenga oídos para oír, que oiga. Lc 8,
8.
Zaqueo, en pie, dijo al Señor: Señor, doy la mitad de mis bienes a los pobres, y si a alguien he defraudado en algo, le
devuelvo el cuádruplo. Lc 19, 8.
Pedro le dijo: Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré por ti mi vida. JLZ 13, 37.
En esto hemos conocido la caridad, en que El dio su vida por nosotros, y nosotros debemos dar nuestra vida por nuestros
hermanos. I Jn 3, 16.
Pues os digo: El que escaso siembra, escaso cosecha; el que siembra con largueza, con largueza .cosechará. Cada uno haga
según se ha propuesto en su corazón, no de mala gana ni obligado, que Dios ama al que da con alegría. Y poderoso es Dios para
acrecentar en vosotros todo género de gracias, para que, teniendo siempre y en todo lo bastante, abundáis en toda buena obra,
según que está escrito: "Con largueza repartió, dio a los pobres; su justicia permanecerá para siempre". 2 Cor 9, 6-9.
Porque al que tiene, se le dará más y abundará; y al que no tiene, aun aquello que tiene le será quitado. Mt 13, 12.
Díjole Pedro: Pues nosotros, dejando todo lo que teníamos, te hemos seguido. El les dijo: En verdad os digo que ninguno que
haya dejado casa, mujer, hermanos, padres o hijos por amor al reino de Dios dejará de recibir mucho más en este siglo y la
vida eterna en el venidero. Lc 18, 28-30.

GRACIA
Necesidad de la gracia.
No es que nosotros seamos capaces de pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra suficiencia viene de Dios. 2 Cor
3, 5.
Dios es el que obra en vosotros el querer y el obrar. Flp 2, 13.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos... Sin mi nada podéis hacer. Jn 15, 5.
(...) por lo cual os hago saber que nadie, hablando en el espíritu de Dios, puede decir: Anatema sea Jesús, y nadie puede
decir: Jesús es el Señor, si no es en el Espíritu Santo. 1 Cor 12, 3.
La gracia nos justifica
Y algunos esto erais, pero habéis sido lavados; habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre del Señor
Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios. / Cor 6, 11.
(...) renovaos en el espíritu de vuestra mente. EJ4, 23.
Respondió Jesús y le dijo: En verdad te digo que quien no naciere de arriba no podrá entrar en el reino de Dios. Jn 3, 3.
La gracia nos hace partícipes de la divina naturaleza
Y nos hizo merced de preciosos y sumos bienes prometidos, para que por ellos os hagáis participes de la divina naturaleza,
huyendo de la corrupción que por la concupiscencia existe en el mundo. 2 Pdr 1 , 4.
La gracia nos hace hijos de Dios
Porque los que son movidos por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Que no habéis recibido el espíritu de siervos
para recaer en el temor, antes habéis recibido al espíritu de adopción, por el que clamamos: Abba ¡Padre! Rom 8, 14-15.
(...) y si hijos, también herederos; herederos de Dios, coherederos de Cristo, supuesto que padezcamos con El para ser con El
glorificados. Rom 8, 17.
La gracia nos hace amigos y hermanos de Cristo
Vosotros, dice el Señor, sois mis amigos si hacéis lo que os mando... Ya no os llamaré siervos, sino amigos. Jn 15, 14-15.
A los que son santificados, Jesucristo no desdeñó llamarlos hermanos. Heb 11, 11.
Ve a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre. Jn 20, 17.
El es el primogénito entre muchos hermanos. Rom 8, 29.
Por la gracia somos templos de Dios
¿No sabéis que sois templos de Dios, y que el Espíritu Santo habita en vosotros? I Cor 3, 16.
(...) y estableceremos nuestra morada dentro de él. Jn 14, 23.

HUMILDAD
Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón. Mt 11, 29.
Cualquiera que se humillare como este niño, ése será mayor en el reino de los cielos. Mt 18,4.
Quien se ensalzare será humillado, y quien se humillare será ensalzado. Mt 23, 12.
Derribó del solio a los poderosos, y ensalzó a los humildes. Lc 1, 52.
Os conjuro por el Señor que os portéis de manera digna del estado que habéis sido llamados, con toda humildad. Ef 4, 1-2.
Como escogidos que sois de Dios, revestíos de entrañas de compasión, de benignidad, de humildad. Col 3, 12.
Humillaos en la presencia del Señor y El os ensalzará. Sant 4, 10.
Inspiraos todos recíprocamente la humildad, porque Dios resiste a los soberbios, pero a los humildes les da su gracia.
Humillaos, pues, bajo la mano poderosa de Dios para que os exalte al tiempo de su visita. I Pdr 5, 5-ó; Sant 4, 6.
Cuando seas invitado, ve y siéntate en el postrer lugar, para que, cuando venga el que te invitó, te diga: Amigo, sube más
arriba. Entonces tendrás gran honor en presencia de todos los comensales. Lc 14, 10.
Mi sacrificio, ¡oh Dios!, es un espíritu contrito. Un corazón contrito y humillado, ¡oh Dios!, no lo desprecies. Sal 50, 19.
Tened los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús, quien, a pesar de tener la forma de Dios, no reputó como botín el ser
igual a Dios; antes se anonadó, tomando la forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres; y así, por el aspecto, siendo
reconocido como hombre, se humilló, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (...). Flp 2, 5-8.
(...) En pos de mi viene otro más fuerte que yo, cuyas sandalias no soy digno de desatar. Mt 3, 11.
Y dijo: En verdad os digo, si no os volvierais y os hiciereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Mt 18, 3.
Detrás de la soberbia viene la deshonra, con la humildad llega la sabiduría. Prov 11, 2.
La oración del humilde traspasa las nubes, y no descansa hasta que llega (a su destino) ni se retira hasta que el Altísimo
fija en ella su mirada (...). Eclo 35, 21.
Cuanto más grande seas, humíllate más, y hallarás gracia ante el Señor. Porque grande es el poder del Señor, y es glorificado
por los humildes. Eclo 3, 20.
Porque excelso es Yavé y atiende al humilde, pero al altivo le conoce desde lejos. Sal 137, 6.
Os digo que bajó éste (el publicano de la oración humilde) justificado a su casa y no aquél. Porque el que se humilla será
ensalzado. el que se ensalza será humillado, y Lc 18, 14.

IGLESIA
La Iglesia, fundada por Jesucristo
 Jesucristo fundó una sociedad con doce Apóstoles escogidos entre sus discípulos: Mt 10, 1-4; Mc 3, 13-19; Lc 6, 13-16.
 Les dio potestad para predicar con autoridad: Mt 28, 18-19; Mc 16, 15-20.
 Comunicó la potestad de perdonar los pecados: Jn 20, 21-23.
 Nombró a San Pedro Pastor supremo de esta sociedad: Jn 21, 15-17.
 Les prometió que les enviaría al Espíritu Santo: Lx 24, 49; Jn 14, 16-17.
 Prometió su perpetua asistencia a los Apóstoles y sus sucesores: Mt 28, 20.
 Jesús pide a su Padre la unidad para su Iglesia: Jd 17, 21-23.
 Jesucristo fundó una sola Iglesia sobre una sola piedra: Mt 16, 18-19.
 Quiere un solo rebaño y un solo pastor: Jn 10, 16.
 San Pablo pide, en nombre de Jesucristo, que no haya divisiones entre los fieles: 1 Cor 1, 10.
 Todos hemos sido bautizados en un mismo espíritu para formar un solo cuerpo, ya sean judíos o griegos, esclavos o libres. 1
Cor 12, 13.
 San Pablo defiende con energía la unidad de la fe: 2 Cor 11, 46; Gal 1,6-10.
 No hay más que un solo cuerpo y un solo espíritu, así como también hemos sido llamados por nuestra vocación a una misma
esperanza. No hay más que un Señor, una fe, un bautismo. Efes 3, 3-6.
 Celo de San Pablo por la unidad de la fe: Co12, 1-5; 1 Tim 1,3.
 San Pablo exhorta a Timoteo a que guarde puro e intacto el depósito de la fe: 1 Tim 1, 3.
Santidad de la Iglesia
 Jesucristo pide a su Padre que santifique a los suyos: Jn 17, 17.
 Dios nos ha colmado en Cristo de toda suerte de bendiciones espirituales (...) para ser santos. Efes 1, 3-4.
 La Iglesia es santa e inmaculada: Efes 5, 27.,
 Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella para santificarla: Efes 5, 25-26.
 Se dio a si mismo por nosotros, para redimirnos de todo pecado: Tit 2, 14.
Catolicidad
 Cristo vino a iluminar a todos los pueblos: Lc 2, 3 1-32.
 Mandó predicar el Evangelio a todas las gentes: Mt 28, 19, Mc 16, 15-20; Lc 24, 47; Hech 1, 8.
 El Evangelio será predicado a todas las naciones antes del fin del mundo: Mt 24, 14; Mc 13, 10.
 En toda la tierra resonó la voz de los Apóstoles: Rom 10, 18.
 El Evangelio se propaga en todo el mundo, donde fructifica y va creciendo: Col 1, 6.
Apostolicidad
 Los Apóstoles, encargados de la predicación del Evangelio: Mt 10, 15-42; Mc 6, 7-12; 16, 15; Lc 9, 1-6.
 Los Apóstoles deben instruir y bautizar a todas las gentes: Mt 28, 19-20.
 Predicación de los Apóstoles. Hech 5, 42.
 Veneración que les muestra el pueblo: Hech 5, 13-16.
 Dan a conocer su misión de predicar y orar: Hech 6, 4.
 Los cristianos están edificados sobre el fundamento de los Apóstoles: Efes 2, 20.
 La Jerusalén celestial, la Iglesia, tiene doce cimientos, y en ellos están los nombres de los doce Apóstoles: Apoc 21, 14.
Rápida propagación
 Jesús manda a los Apóstoles enseñar y bautizar a todas las naciones: Mt 28, 19-20; Mc 16, 15-16.
 Les promete estar siempre con ellos: Mt 28, 20.
 Primeros discursos de San Pedro. Frutos de la Iglesia en Jerusalén: Hech 2,41; 4,4.
 Crecimiento de la Iglesia y elección de los siete Diáconos: Hech 6, 1-7.
 Propagación de la Iglesia en Judea: Hech 8, 1-4.
 Propagación de la Iglesia en Samaría: Hech 8,12-25.
 Propagación de la Iglesia en las comarcas limítrofes: Hech 8, 40; 9, 32; 10, 48; 11, 18.
INFIERNO
Apartaos de mi, malditos, al fuego eterno, que fue destinado para el diablo y sus ángeles. Mt 25, 41.
Murió también el rico y fue sepultado en el infierno (...): me abraso en estas llamas. Lc 16, 2224.
Si tu mano (si tu ojo... si tu pie) te es ocasión de escándalo, córtala; más te vale el entrar manco en la vida (eterna) que
tener dos manos e ir al infierno, en donde el gusano que les roe nunca muere, y el fuego nunca se apaga. Mc 9, 42-43.
Los que no obedecen al Evangelio sufrirán la pena de una eterna condenación: 2 Tes 1, 8-9.
Mas en orden a los cobardes, incrédulos, homicidas, deshonestos..., su suerte será en el lago que arde con fuego y azufre:
que es la muerte segunda. Apoc 21, 8.
Y al salir verán los cadáveres de los que se rebelaron contra mi, cuyo gusano nunca morirá y cuyo fuego no se apagará, que
serán objeto de horror para toda carne. Is 66, 24.
Los hombres buscarán en aquellos días la muerte y no la hallarán, y desearán morir y la muerte huirá de ellos. Apoc 9, 6.
Mientras que los hijos del reino serán arrojados a las tinieblas exteriores, donde habrá llanto y crujir de dientes. Mt 8,
12.
Si alguno adora la bestia y su imagen y recibe su marca en la frente o en la mano, éste beberá el vino del furor de Dios, que
ha sido derramado sin mezcla en la copa de su ira. Apoc 14, 9.
Los poderosos serán poderosamente atormentados. Sab 6, 6.
Cuanto se envaneció y entregó al lujo, dadle otro tanto de tormento y duelo (...). Apoc 18, 7.
Dadle según lo que ella dio, y dadle el doble de sus obras; en la copa en que ella mezcló, mezcladle el doble. Apoc 18, 6.
Irán al suplicio eterno, y los justos a la vida eterna. Mt 25, 46.
Los abandonaré y esconderé de ellos mi rostro, y los devorarán y vendrán sobre ellos muchos males y aflicciones. Dt 31, 17.
Tierra de negrura y desorden, en la que la claridad es como la oscuridad. Job 10, 22.
Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espaciosa la senda que lleva a la perdición; muchos son los que
por ella entran. Mt 7, 13.
Como la sequedad y el calor funden la nieve, así arrebata a los malvados el seol. Job 24, 19.

INSTRUMENTOS DE DIOS
Victoria de Gedeón y los trescientos escogidos: Jue 7, 1-7.
David y Goliat: I Sam 17, 31
La borriquillo de Balaám: Num 22, 21-34.
Considerad si no, hermanos, vuestra vocación: no hay muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; mas
Dios eligió lo necio del mundo para confundir a los sabios, lo débil para confundir a los fuertes, lo vil, lo despreciable,
lo que es nada, para anular lo que es; para que nadie se glorie delante de Dios. Por él vosotros estáis en Cristo Jesús,
quien de parte de Dios se ha hecho para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención, para que, como está escrito,
el que se glorie, que se glorie en el Señor (I Cor 1, 26-31).
Poderoso es Dios para hacer que nazcan de las mismas piedras hijos de Abraham. Mt 3, 9.
Como el barro en manos del alfarero, que le señala el destino según su juicio, así son los hombres en manos del Hacedor, que
hace de ellos según su voluntad. Eclo 33, 13-14.
¿Debería acaso estar agradecido al siervo porque hizo lo que se le había ordenado? Lc 17, 9-10.
Que nos tengan los hombres por ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios. / Cor 4, 1-2.
Cada uno permanezca en la condición que Dios le ha asignado, en la que tenia cuando fue llamado. Así lo dispongo en todas las
Iglesias. I Cor 7, 17.
Porque si predico el Evangelio, no tengo de qué gloriarme; es que tengo obligación. Pues ¡ay de mi si no evangelizare! Si
hiciera esto por propia voluntad, merecería recompensa; pero si lo hago por mandato, cumplo con un cargo que se me ha
confiado. I Cor 9, 16-17.
IRA
El que se venga será víctima de la venganza del Señor, que le pedirá exacta cuenta de sus pecados. Eclo 28, 1.
¿Guarda el hombre rencor contra el hombre, e irá a pedir al Señor curación? ¿No tiene misericordia de su semejante, y va a
suplicar por sus pecados? Siendo carne, guarda rencor. ¿Quién va a tener piedad de sus delitos? Acuérdate de tus postrimerías
y no tengas odio. Eclo
28, 3-6.
Aléjate de contiendas y aminorarás los pecados. Porque el hombre iracundo enciende las contiendas. El hombre pecador siembra
la turbación entre amigos y en medio de los que en paz están arroja la calumnia. Eclo 28, 10-11.
A tenor del combustible se enciende y se alimenta el fuego, y según el poder del hombre así es su ira; según su riqueza crece
su cólera, y se enciende según la violencia de la disputa. Pendencia súbita alumbra el fuego, y riña apresurada hace correr
la sangre. Si soplas sobre brasas, las enciendes, y si escupes sobre ellas, las apagas; y ambas cosas proceden de tu boca.
Eclo 28, 12-14.
Toda amargura, ira y enojo y gritería (...) destiérrese de vosotros. Ef 4, 31.
Sea todo hombre refrenado en la ira, porque la ira del hombre no se compadece con la justicia de Dios. Sant 1, 19-20.
Si os enojáis no queráis pecar, no sea que se os ponga el sol estando airados. Ef 4, 26.
El que aborrece a su hermano en tinieblas está y en tinieblas anda, porque las tinieblas le han cegado los ojos. 1 Jn 2, 11.
Quienquiera que tome ojeriza contra su hermano, merecerá que el juez le condene. Mt 5, 22.
Si al tiempo de presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja allí mismo tu
ofrenda (...) y ve primero a reconciliarte con tu hermano. Mt 5, 23-24.
Si alguno dice: Yo amo a Dios, al paso que odia a su hermano, es un mentiroso. 1 Jn 4, 20.
Con doblez esconde su rencor, pero su malicia se descubrirá ante los demás. Prov 26, 26.
Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda a oscuras sin saber a dónde va, porque las tinieblas han cegado
sus hojos. 1 Jn 2, 11.
No odies en tu corazón a tu hermano, pero repréndele para no cegarte tú por él con un pecado. Lev 19, 17.

JESÚS
Nombres
Cordero de Dios: Jn 1, 29-36. Alfa y Omega: Apoc 1, 8. Nuestro abogado: I Jn 2, 1. El que ha sido, el que es y el que será:
Apoc 1, 8. Cristo Señor: Lc 2, 11. Emmanuel: Mt 1, 23. Hijo de Dios: Lc 1, 35. Hijo del Altísimo: Lc 1, 32. Hijo de David: Lc
1, 32. Hijo del hombre: Jn 1, 51. Jesucristo: Mt 16, 20; Rom 1, 3.
El Justo: I Jn 2, 1. La Luz: Jn 1, 8. El único Maestro: Mt 23, 8. Mesías: Jn 1, 41. Nuestro Señor: Rom 1, 3. Buen Pastor: Jn
10, 14. Padre de familia: Lc 13, 25. Maestro: Jn 20, 16. Resurrección y Vida: Jn 11, 25. Rey: Jn 18, 37; Mt 2, 2. Cabeza del
cuerpo de la Iglesia: Col 1, 18. Salvador del mundo: Jn 4, 42. Señor de la gloria: I Cor 2, 8. Sacerdote Eterno: Heb 5, 6.
Sumo Sacerdote: Heb 3, 1. Cordero Inmaculado: I Pdr 1. Cordero Inmolado: Apoc 5, 6.
Autor de la vida y de la salud: Heb2, 10.
Consolación de Israel: Lc 2, 25.
Hijo de Dios vivo: Mt 16, 16; ~ 11, 27.
Hijo Unigénito del Padre: Jn 1, 14.
Gloria de Israel: Lc 2, 32.
Imagen de Dios: 2 Cor 4, 4; Col 1, 15.
Luz del mundo: Jn 8, 12.
Mediador: Tim 2, 9.
Pan de Dios, Pan de vida: Jn 6, 33-35.
Piedra angular: Mt 21, 42.
Camino, Verdad y Vida: Jn 14, 6.
Vida de unión con Dios Padre.
Jesús tiene la vida unida al Padre, por quien vive: Jn 6, 58; Jn 5, 26-27.
Está en el Padre y el Padre en El; por eso, quien le ve a El, ve también al Padre: Jn 14, 9-10, 20.
Hace siempre lo que es deseo del Padre: Jn 14, 31.
Juzga según oye al Padre, por eso su juicio es justo, porque no busca hacer su voluntad sino la del que le envió: Jn 5, 30.
Está siempre con el Padre y hace siempre lo que agrada al Padre: Jn 8, 29.
Vida de oración
Se retiraba de madrugada a un lugar solitario para orar: Mc 1, 35.
En la soledad hacia sus oraciones: Lc 5, 16; 9, 18; 11, 1; Mt 26, 36; 14, 23.
Ora antes de elegir a los Apóstoles: Lc 6, 12.
Elevaba sus afectos a Dios, en todos sus actos más importantes:
Elevaba sus afectos a Dios, en todos sus actos más importantes: al resucitar a Lázaro: Jn 11, 41, 42.
Elevaba sus afectos a Dios, en todos sus actos más importantes: en la multiplicación de los panes: Jn 6, II; Mt 14, 19.
Elevaba sus afectos a Dios, en todos sus actos más importantes: al instituir la Eucaristía: Mc 14, 23; Lc 22, 19.
Ora con perseverancia durante la agonía en el huerto: Lc 22, 40-45
Sentimientos interiores de Jesús
Se anonadó tomando forma de siervo: Flp 2, 7.
No vino a ser servido, sino a servir y dar su vida por nuestra redención: Mt 20, 28.
Es modelo de mansedumbre y humildad: Mt 11, 29.
Se compadecía de las muchedumbres, viéndolas como ovejas sin pastor: Mt 9, 36; 14, 16; 15, 32.
Se compadece de los enfermos: Mc 1, 41.
De la viuda de Naím: Lc 7, 13.
Al ver la tristeza de las hermanas de Lázaro: Jn 11, 35-36.
Se compadece de la adúltera: Jn 8, 11.
De la caída de Pedro: Lc 22, 61.
Del buen ladrón: Lc 23. 43.
Del mismo Judas, llamándole amigo: Mt 26, 49-50.
Pedía perdón por los que le crucificaban: Lc 23, 34.
Nos ama como le ama a Él el Padre, y nos pide correspondencia: Jn 15, 9.
Nos amó hasta el extremo: Jn 13, 1.
Hasta darnos la mayor prueba, dando su vida por nosotros: Jn 15, 13.
Quiere que nos amemos mutuamente como El nos ha amado: Jn 13, 34.
Llama amigos a sus discípulos, como prueba de amor: Jn 15, 15.
Relaciones de Jesúscon los pobres
Nuestro Señor, modelo de pobreza: 2 Cor 8, 9.
La Santísima Virgen reclina al Niño Jesús en un pesebre: Lc 2, 7.
Huida de la Sagrada Familia a Egipto, y su estancia allí en medio de privaciones y pobreza: Mt 2, 14-22.
Pobreza de los Apóstoles: I Cor 4, 11-13; 9, 12-13; 2 Cor 11, 27.
Nuestro Señor y sus Apóstoles padecen hambre: Mt 12, 1; 21, 19.
No tenían dinero para pagar los impuestos: Mt 17, 23-26.
Bienaventurados los pobres: Mt 5, 3; Sant 2, 3.
Nuestro Señor se gloria de evangelizar a los pobres: Mt 11, 5; Lc 4, 18.
Nuestro Señor no quiere la inquietud por el día de mañana: Mt 6, 25-34
Relaciones de Jesús con los ricos
José Nicodemo se entrevista con Jesús: Jn 3, 1-29.
Nicodemo y José de Arimatea se declaran discípulos de Jesús y ungen su Cuerpo: Mt 27, 57-60.
Los Magos adoran a Jesús: Mt 2, 1-2.
Fe y humildad del Centurión: Mt 8, 5-13; 7, 1-10.
Lázaro, Marta y María, amigos de Jesús: Jn 11, 11-44.
Jesús quiere hospedarse en casa de Zaqueo: Lc 19, 1-10.
Jesús arroja del Templo por dos veces a los mercaderes que intentaban enriquecerse: Jn 11, 1417; Mt 11, 11.
El rico de la parábola se condenó por haber empleado mal sus bienes: Lc 16, 19-31.
El primer anatema de Jesús fue contra los malos ricos: Lc 6, 24-25; Sant 5, 1-7.
Relaciones de Jesús con los afligidos y enfermos
Jesús llora sobre Jerusalén: Lc 19, 41.
Se compadece de las almas que yacen como ovejas sin pastor: Mt 10, 36-38.
Se compadece de Marta y María, y resucita a Lázaro: Jn 11, 20-37.
Se compadece de Jairo, cuya hija acaba de morir: Mt 9, 18-26; Mc 5, 22-43; Lc 8, 41-46.
Se compadece de la viuda de Naím, a quien dijo: "No llores más": Lc 7, 11-17.
Se olvida de si mismo, y dice a unas piadosas mujeres: "No lloréis por Mi": Lc 23, 28.
Lleno de compasión, dice a los afligidos: Venid a Mi todos los que andáis agobiados con trabajos y cargas, que yo os
aliviaré. Mt 11, 28.
¡Bienaventurados los que lloran! Mt 5, 5.
Salía de El una virtud que curaba a cuantos se le acercaban. Lc 6, 19.
La virtud del Señor se manifestaba curando a los enfermos: Lc 5, 17.
En Cafarnaún imponía sobre ellos las manos y los curaba: Mt 8, 16; Mc 1, 32-34; Lc 4, 40-41.
Antes de multiplicar los panes y los peces curó a todos los que le presentaron: Mt 15, 30; Jn 6, 2.
En la primera Pascua que estuvo en Jerusalén creyeron en El a causa de las curaciones que hacia: Jn 11,23.
El domingo de ramos, en el atrio del Templo, curó también a cojos y a ciegos: Mt 21, 14.
Relaciones de Jesús con los pecadores
Ha venido para salvar las ovejas perdidas de la casa de Israel: Mt 15, 24.
No ha venido por los justos, sino por los pecadores: Mt 9, 13; Mc 11, 17; Lc 5, 32.
Hay más alegría en el cielo por la conversión de un solo pecador que por la perseverancia de noventa y nueve justos: Lc 15,
7.
Parábolas de Nuestro Señor sobre el perdón de los pecadores: la oveja perdida: Mt 18, 12-14; Lc 15, 3-7; la dracma perdida,
Lc 15, 8-10; el hijo pródigo, Lc 15, 11-31.
Otorga muchas veces su perdón: a la Samaritana, Jn 4, 7-29.
Otorga muchas veces su perdón:  al paralítico de Cafarnaún: Mc 11, 5-11.
Otorga muchas veces su perdón:  al publicano Mateo: Mc 11, 14-27; Lc 5, 27-32.
Otorga muchas veces su perdón: a María Magdalena: Lc 7, 37-50.
Otorga muchas veces su perdón: a la mujer adúltera: Jn 8, 3- 11.
Otorga muchas veces su perdón: a Zaqueo: Lc 19, 1-10.
Otorga muchas veces su perdón: a Pedro cuando le negó: Lc 22, 61.
Otorga muchas veces su perdón: a sus verdugos: Lc 23, 34.
Otorga muchas veces su perdón: al buen ladrón: Lc 23, 42-43.
Promesas
A los pobres: Mt 5, 30; Lc 6, 20.
A los mansos: Mt 5, 4.
A los que lloran: Mt 5, 5; Lc 6, 21.
A los que tienen hambre y sed de justicia: Mt 5, 6.
A los hambrientos: Lc 6, 21.
A los misericordiosos: Mt 5, 7.
A los limpios de corazón: Mt 5, 8.
A los pacíficos: Mt 5, 9.
A los que sufren persecuciones por la justicia: Mt 5, 10.
A los que sufren persecuciones por su amor: Mt 5, 11; Lc 6, 22-23.
A los gentiles: Mt 8, 11.
Los gentiles oirán la voz del Buen Pastor: Jn 10, 16.
Jesús envía sus Apóstoles en busca de las ovejas perdidas: Mt 10, 6.
El mismo quiere poner sobre sus hombros la oveja perdida: Lc 15, 4-6.
Maestro
Vino para predicar el Evangelio: Mc 1, 38.
Enseñaba en las sinagogas: Lc 4, 15.
Recorría las ciudades y aldeas para enseñar el Evangelio: Mt 9, 35.
Vino sobre todo para evangelizar a los pobres: Mt 11, 5; Lc 4, 18.
Enseñó con sus palabras y con sus ejemplos: Jn 13, 15; Hech 1, 1.
Vino para enseñar la Verdad: Jn 18, 34-37.
Nos dio a conocer al verdadero Dios: I Jn 5, 20.
Manifestó el nombre de Dios a sus discípulos: Jn 17, 6.
Enseñó el camino de Dios según la pura verdad: Lc 20, 21.
Todos sus oyentes admiraban su doctrina: Lc 4, 22.
Jamás hombre alguno habló como El: Jn 7, 46.
Sus palabras son espíritu y vida: Jn 6, 64.
Su doctrina es la de su Padre: Jn 7, 16.
Tiene palabras de vida eterna: Jn 6, 69.
Busca la gloria del Padre: Jn 7, 16-18.
Su palabra nos hará libres, si la .ponemos en práctica: Jn 8, 31-32.
Su Evangelio es la espada que separa sus fieles de los demás hombres: Mt 10, 34.
Habla de muchas cosas por medio de parábolas: Mt 13, 3.
Jesucristo, Rey
No temas, María (...), sábete que has de concebir en tu seno y parirás un Hijo, a quien pondrás por nombre Jesús (...), al
cual el Señor Dios dará el trono de su padre David y reinará en la casa de Jacob eternamente y su reino no tendrá fin. Lc 1,
31-33.
Replicóle Pilato: ¿Con que tú eres Rey? Respondió Jesús: Así es como tú dices: yo soy Rey. Jn 28, 37; Lc 23, 3.
Yo os preparo el reino como mi Padre me lo preparó a mi, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino. Lc 22, 29-30.
Principales parábolas
Parábola de la casa bien o mal fundada: Mt 7, 24-27; Lc 6, 47-49.
Del sembrador: Mt 13, 1-23; Mc 4, 1-20; Lc 8, 4-15.
De la buena semilla y de la cizaña: Mt 13, 24-30.
Del grano de mostaza: Mt 13, 31-32; Mc 4, 30-32; Lc 13, 18-19.
De la levadura: Mt 13, 33; Lc 13, 20-21.
Del padre de familia: Mt 13, 51 -52.
Acerca de lo que mancha o no mancha: Mt 15, 10-20.
Del tesoro oculto: Mt 13, 44.
De la perla preciosa: Mt 13, 45-46.
De la red: Mt 13, 47-50.
De los obreros llamados a trabajar en la viña del Padre: Mt 20, 1 -16.
Del padre de familia que debe velar: Mt 24, 42-44; Mc 13, 33-35; Lc 12, 35-38.
Del servidor fiel y prudente, y del servidor malo: Mt 24, 43-51; Mc 13, 33-37; Lc 12, 39-40.
De la lámpara: Lc 8, 16-18; Mt 4, 21-22.
De la medida: Mc 4, 24-25.
Del grano de trigo que crece solo: Mt 4, 26-29.
De los niños caprichosos: Mt 11, 16-19; Lc 7, 31-35.
Del buen samaritano: Lc 10, 30-37.
Del intendente: Lc 12, 41-48; Mt 24, 45-51.
Del siervo despiadado: Mt 18, 23-35.
Del huésped nocturno: Lc 11, 5 -8.
Del rico insensato: Lt 12, 16-20.
De la higuera estéril: Lc 13, 6-9.
De los invitados al banquete: Lc 14, 16-24.
De la oveja perdida: Lc 15, 3-7.
De la dracma perdida: Lc 15, 8-10.
Del hijo pródigo: Lc 15, 11-32.
Del mayordomo infiel: Lc 16, 1-13.
De los jornaleros enviados a la viña: Mt 20, 1-16.
Del mal rico y del pobre Lázaro: Lc 16, 19-31.
Del juez inicuo y la viuda: Lc 18, 1-8.
Del fariseo y el publicano: Lc 18, 9-15.
De las diez minas: Lc 19, 11-27; Mt 25, 14-30.
De los hijos enviados a la viña: Mt 21, 28-32.
De los viñadores homicidas: Mt 21, 33-46; Mc 12, 1-9; Lc 20, 9-17.
De las bodas reales: Mt 22, 1-14; repetición de la parábola de los convidados al festín: Lc 14, 16-24.
De las diez vírgenes: Mt 25, 1-13.
De los talentos: Mt 25, 14-30; repetición de la parábola de las minas: Lc 19, 11-27.
Del Buen Pastor: Jn 10, 1-11.
Nuestro Señor debió de exponer otras muchas parábolas (Mt 13, 34; Mc 4, 33-34), que no han sido conservadas.

Milagros
 (Ver MILAGRO).

JUICIO
Juicio particular
 Está decretado a los hombres morir una sola vez, y después el juicio. Heb 9, 27.
 Cada uno de nosotros ha de dar cuenta a Dios de sí mismo. Rom 14, 12.
 Es forzoso que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba el pago debido a las buenas o malas
obras que haya hecho mientras ha estado revestido de su cuerpo. 2 Cor 5, 10.
Juicio final
 Cuando venga el Hijo del hombre (...) hará comparecer ante El a todas las naciones, y separará a unos de los otros. Mt 25, 3
1-32; Mc 13, 26-27; Lc 21, 36.
 En el día de la resurrección, cuando el Hijo del hombre se siente en el solio de su majestad, vosotros también os sentaréis
sobre doce sillas y juzgaréis a las doce tribus de Israel. Mt 19, 28.
 Jesús nos mandó que predicásemos y testificásemos al pueblo que El es el que está constituido por Dios juez de vivos y
muertos. Hech 10, 42.
 No queráis sentenciar antes de tiempo hasta que venga el Señor, el cual sacará a plena luz lo que está en los escondrijos de
las tinieblas, y descubrirá las intenciones de los corazones. 1 Cor 4, 5.
 Los gentiles darán también cuenta a Aquel que tiene dispuesto juzgar a los vivos y a los muertos. 1Pdr 4, 5.
 Vi un gran solio reluciente y a uno (Jesucristo) sentado en él (...) Y vi a los muertos, grandes y pequeños, estar delante
del trono y abriéronse los libros; y abrióse también el libro de la vida: y fueron juzgados los muertos por las cosas
escritas en los libros (...), y se dio a cada uno sentencia según sus obras. , Apoc 20, 11-13.

JUICIO TEMERARIO
No juzguéis y no seréis juzgados, porque con el juicio con que juzgareis seréis juzgados, y con la medida con que midiereis
se os medirá. Mt 7, 1.
No queráis juzgar por las apariencias, sino juzgad por un juicio recto. Jn 7, 24.
¿Quién eres tú para juzgar al que es siervo de otro? Si cae, o se mantiene firme, esto pertenece a su amo: pero firme se
mantendrá, pues poderoso es Dios para sostenerle. Rom 14, 4.
¿Por qué tú condenas a tu hermano?, o ¿por qué tú desprecias a tu hermano, cuando todos hemos de comparecer ante el tribunal
de Cristo? Rom 14, 10.
Uno solo es el legislador y el juez que puede salvar y puede perder. Tú, empero, ¿quién eres para juzgar a tu prójimo? Sant
4, 12-13.
No nos juzguemos, pues, ya más los unos a los otros, y mirad sobre todo que no pongáis tropiezo o escándalo al hermano. Rom
4, 13.
Cuanto a mi, muy poco se me da ser juzgado por vosotros o de cualquier tribunal humano, oye ni aun a mi mismo me juzgo. 1 Cor
4, 3.
Por lo cual eres inexcusable, ¡oh hombre!, quienquiera que seas, tú que juzgas a otros, a ti mismo te condenas, ya que haces
eso mismo que condenas. Rom 2, 1.

JUSTICIA
Conformidad con el derecho. Rige las relaciones del hombre con sus semejantes: Is 32, 1; Am 6, 12.
En sentido más general es también santidad: se opone al pecado: Gen 18, 23; 2 Cor 6, 14.
Consiste en obrar conforme a la voluntad de Dios: Ez 18, 5. También, recompensa que proviene de esta conformidad con la
voluntad divina: Dt 6, 25; 24, 13; Prov 21, 21; Lc 1, 6; Mt 23, 29.
Y cumplimiento de los mandamientos: Prov 8, 20; Eclo 16, 22; Sab 14, 7.
Justicia y misericordia: Sal 51, 16; 65, 6.
Justicia y temor de Dios: Lc 2, 25; Hech 10, 22.
Justicia y justificación: Rom 5, 1; 9, 30; Gál 2, 16, 21.
La razón de nuestra justicia, y su fuente, es Cristo: I Cor 1, 30; 2 Cor 5, 21.
El modo de participar en la justicia de Dios es la fe en Cristo: Rom 1, 17; 3, 22; Flp 3, 9.
(A Juan el Bautista). Respondióle Jesús: Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Mt 3,
15.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Mt 5, 6.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Mt 5, 10.
Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los
Cielos. Mt 5, 20.
Porque vino Juan a vosotros caminando en justicia, y no creísteis en él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron
en él. Mt 21, 32.
(El Señor Dios) juró (...) concedernos que, libres de manos enemigas, podamos servirle sin temor en santidad y justicia
delante de él todos nuestros días. Lc 1, 73. 74-75.
Y cuando él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio
(...) Jn 16, 8.
En lo referente al pecado, porque no creen en mí; en lo referente a la justicia, porque me voy al Padre, y ya no me veréis
(...). Jn 16, 9-10.
Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis
recompensa de vuestro Padre celestial. Mt 6, 1.
Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Mt 6, 33.
LIBERTAD
Nuestro Señor ha venido a darnos la verdadera libertad: Lc 4, 19.
Es el conocimiento de la verdad y el apartamiento del pecado: Jn 8, 3 1 -36.
Los que no quieren someterse a Dios se hacen esclavos de su propia carne: Rom 1, 19-32.
O hijos de Dios, o esclavos del pecado: Rom 6, 12-23.
La verdadera libertad consiste en estar en gracia y ser siervos de Dios: Rom 6, 22.
La libertad de la carne es la esclavitud del espíritu, es el pecado y la muerte; la libertad del espíritu es la sumisión y la
mortificación de la carne, es la vida en Jesucristo: Rom 8, 1-2.
Sumisión a las autoridades establecidas: Rom 13, 1-7.
La caridad nos hace siervos de todos: I Cor 9, 19-23.
Jesucristo nos ha hecho libres por la fe: Gal 4, 21-31.
La falsa libertad es el libertinaje: Cal 5, 13.
La verdadera libertad consiste en la práctica de la caridad: Gal 5, 13-18.
Como si sirviéramos a Nuestro Señor: Ef 6, 5-8.
San Pablo pide a los Efesios que rueguen para que él pueda, aunque preso, predicar libremente: Ef 6, 19-20.
Consejos de San Pablo a los siervos y a los señores: Col 3, 2225; 4-1.
Los pecadores son cautivos del demonio; Dios los puede traer a penitencia para que conozcan la verdad: 2 Tim 2, 25-26.
Verdadera libertad de las almas que obedecen a la gracia y al Espíritu Santo: 2 Cor 3, 17.

LIMOSNA
Es frecuentemente recomendada: Ex 23, 11; Lev 19, 10; 23, 22; Dt 24, 19-22; 1 Re 17, 10-16; Sal 40, 1; 81, 4; Prov 3, 27.
Produce abundantes frutos: Trob 4, 7-12; 12, 9-12; Eclo 3, 33; 29, 15; Dan 4, 24.
Dad limosna conforme a vuestros medios y todo será puro en vosotros. Lc 11, 41.
Hacerla secretamente esperando de Dios la recompensa: Mt 6, 2-4.
demos a aquellos que no nos lo pueden devolver: Lc 14, 12-14.
Quien da su dinero a los pobres se granjea amigos en el cielo. Lc 16, 9.
Dar de lo necesario: Mc 12, 41-44; Lc 21, 1-4.
Nuestro Señor desprecia las limosnas de los hipócritas: Mt 6, 1-4.
Estemos dispuestos a ayudar a nuestros hermanos con nuestras limosnas: Rom 12, 13; y también a nuestros enemigos: Rom 12, 20;
los cristianos de Macedonia y Acaya sustentan con sus limosnas a los de Jerusalén: Rom 15, 30-31.
Pablo recomienda que ayuden a Febe, la diaconisa, como ella misa ayuda a los otros: Rom 16, 1-2.
La oración, limosna espiritual: Rom 15, 30-31.
No avergonzar a aquellos que nada poseen: 1 Cor 11, 22.
Las limosnas sin la caridad so estériles, por grande que sea su abundancia: 1 Cor 13, 3.
Colecta para los cristianos de Jerusalén; motivos que Pablo hace valer: 1 Cor 16, 1-4; 2 Cor 8, 9.
Los que venden lo que poseen para dar limosna consiguen en el cielo un tesoro inagotable: Lc 11, 33.
San Pablo acepta con agradecimiento las limosnas de los Filipenses. Ftp 4, 16.
San Pedro resucita a Tabita, cuyo milagro le pedían los pobres socorridos con sus limosnas: Hech 9, 36-41.
Las oraciones y las limosnas del Centurión Cornelio son aceptadas por Dios, disponiéndole a la conversión: Hech 10, 2, 4, 31.
Que el que tenga dos túnicas dé una al que no tenga, y aquel que tenga de comer haga lo mismo. Lc 3, 11.

LUCHA ASCETICA
No penséis que he venido a poner paz en la tierra; no vine a poner paz, sino espada. Mt 10, 34.
Entonces dijo Jesús a sus discípulos: El que quiera venir en pos de mi, niéguese a si mismo, tome su cruz y sígame. Mt 16,
24.
Pues yo sé que no hay en mi, esto es, en mi carne, cosa buena. Porque el querer el bien está en mi, pero el hacerlo, no. En
efecto, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. Pero si hago lo que no quiero, ya no soy yo quien lo hace,
sino el pecado, que habita en mi. Rom 7, 18-20.
Y quien se prepara para la lucha, de todo se abstiene, y eso para alcanzar una corona corruptible; mas nosotros, para
alcanzar una incorruptible. Y yo corro no como a la aventura; así lucho no como quien azota al aire, sino que castigo mi
cuerpo y lo esclavizo, no sea que, habiendo sido heraldo para los otros, resulte yo descalificado. I Cor 9, 25-27.
Por lo cual no desmayamos, sino que mientras nuestro hombre exterior se corrompe, nuestro hombre interior se renueva de día
en día. 2 Cor 4, 16.
Pues aun llegados a Macedonia, no tuvo nuestra carne ningún reposo, sino que en todo fuimos atribulados, luchas por fuera,
por dentro temores. 2 Cor 7, 5.
Mas yo, por la misma ley, he muerto a la ley, por vivir para Dios; estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, es Cristo
quien vive en mi. Y aunque al presente vivo en carne, vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mi. Cal 2,
19-20.
Los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y concupiscencias. Col 5, 24.
Cuanto a mi, jamás me gloriaré a no ser en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo esta crucificado para mi y
yo para el mundo. Cal 6, 14.
Que no es nuestra lucha contra la sangre y la carne, sino contra los principados, contra las potestades, contra los
dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malos de los aires. Ef 6, 12.
Pero nosotros, hijos del día, seamos sobrios, revestidos de la coraza de la fe y de la caridad y del yelmo de la esperanza en
la salvación. I Tes 5, 8.
Te recomiendo, hijo mío Timoteo, que, conforme a las profecías sobre ti hechas anteriormente, sostengas el buen combate. I
Tim 1, 18.
Combate las fatigas, como buen soldado de Cristo Jesús. El que milita, para complacer al que le alistó como soldado, no se
embaraza con los negocios de la vida. 2 Tim 2, 3-4.
Y quienquiera que compite en el estadio no es coronado si no compite legítimamente. El labrador ha de fatigarse antes de
percibir los frutos. 2 Tim 2, 5-ó.
He combatido el buen combate, he terminado mi carrera, he guardado la fe. Por lo demás, ya me está preparada la corona de la
justicia, que me otorgará aquel día el Señor, justo juez, y no sólo a mi, sino a todos los que aman su manifestación. 2 Tim
4, 7-8.
Porque todo el engendrado de Dios vence al mundo; y ésta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe. I Jn 5, 4.

LUGARES Y OBJETOS DE CULTO
Dignidad de los objetos del culto: Gen 25, 10-20.
Vestiduras sacerdotales: Ex 28, 2-43.
El altar: Ex 30, 1-10.
El óleo de unción: Ex 30, 22-38
El tabernáculo: Ex 36, 8-38.
El arca y la mesa de los panes: Ex 37, 1-16.
El candelabro y el altar de oro: Ex 37, 17-28.
El altar de los holocaustos y el atrio: Ex 38, 1-32.
Despertó Jacob de su sueño, y se dijo: "Ciertamente está Yavé en este lugar, y yo no lo sabía"; y atemorizado, añadió: "¡Qué
terrible es este lugar! No es sino la casa de Dios y la puerta de los cielos". Levantóse Jabob bien de mañana, y tomando la
piedra que había tenido de cabecera, la alzó, como memoria, y vertió óleo sobre ella. Llamó a este lugar Betel, aunque la
ciudad se llamó primero Luz. E hizo Jacob voto diciendo: "Si Yavé está conmigo, y me protege en mi viaje, y me da pan que
comer y vestidos que vestir, y retorno en paz a la casa de mi padre, Yavé será mi Dios; esta piedra que he alzado como
memoria será para mi casa de Dios, y de todo cuanto a mi me dieres te daré el diezmo". Gen 28, 16-22.
Entró Jesús en el templo de Dios y arrojó de allí a cuantos vendían y compraban en él, y derribó las mesas de los cambistas y
los asientos de los vendedores de palomas, diciéndoles: Escrito está: "Mi casa será llamada casa de oración", pero vosotros
la habéis convertido en cueva de ladrones. Mt 21, 12-13.
Siempre que entraban en el tabernáculo de la reunión para acercarse al altar, se lavaban, como Yavé se lo habla mandado a
Moisés. Ex 40, 32.
Entonces la nube cubrió el tabernáculo de la reunión, y la gloria de Yavé llenó el habitáculo. Moisés no pudo ya entrar en el
tabernáculo de la reunión, porque estaba encima la nube, y la gloria de Yavé llenaba el habitáculo.
Todo el tiempo que los hijos de Israel hicieron sus marchas, se ponían en movimiento cuando se alzaba la nube sobre el
tabernáculo, y si la nube no se alzaba, no marchaban hasta el día en que se alzaba. Pues la nube de Yavé se posaba durante el
día sobre el tabernáculo, y durante la noche la nube se hacia ígnea a la vista de todos los hijos de Israel, todo el tiempo
que duraron sus marchas. Ex 40, 34-38.

MANSEDUMBRE
Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra. Mt 5, 4.
Aprended de Mi, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis reposo para vuestras almas. Mt 11, 29.
Al siervo de Dios no le conviene el altercar, sino ser manso con todos. 2 Tim 2, 24.
Amonéstales que no sean pendencieros, sino modestos, dando pruebas de mansedumbre con todos los hombres. Tit 3, 1-2.
Los frutos del Espíritu Santo son: caridad... mansedumbre... Gal 5, 22-23.
(Jesucristo), un Rey lleno de mansedumbre: Mt 21, 5.
Consejos de mansedumbre: Mt 5, 38-42; Lc 6, 27-30; EJ4, 31-32; Col 3, 12-15; 1 Pdr 3, 8-9.
Es una forma de la caridad: Cor 13, 4-7.
Bendecid a los que os persiguen, bendecidlos y no los maldigáis. Rom 12, 14.
La falsa mansedumbre de los hipócritas: Rom 16, 18.
Estemos siempre dispuestos a responder con dulzura y respeto a quien nos pida razón de la esperanza en que vivimos. I Pdr 3,
15.
Hermanos, si alguno fuere hallado en falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre (...). Cal 6,
1.
Así, pues, os exhorto yo, preso en el Señor, a andar de una manera digna de la vocación con que fuisteis llamados. Ef 4, 1.
Inclina al pobre tu oído y con mansedumbre respóndele palabras amables. Eclo 4, 8.

MILAGROS
Finalidad de los milagros
El fin principal de los milagros de Nuestro Señor fue demostrar su misión divina y la verdad de su doctrina: Jn 14, 21; 15,
24.
Para probar que puede perdonar los pecados cura a un paralítico: Mt 9,ó;Mc 11, 10-11;Lc 5,24.
Realiza varias curaciones en día de sábado para probar que es dueño aun del sábado: Mt 12, 8-13.
La liberación de los poseídos muestra que Nuestro Señor tiene poder de echar fuera al demonio, "príncipe de este mundo": Jn
7, 31.
La multiplicación de los panes prepara la doctrina del Pan de Vida: Jn 12, 1-48.
Resucita a los muertos porque El es la resurrección y la vida: Jn 11, 25.
Todos los milagros, en fin, demuestran la compasión y la inmensa bondad de Nuestro Señor: Mt 15, 32; Mc 7, 34; 8, 2.
Nuestro Señor, en su bondad, cura hasta enfermos que no se lo piden: Lc 7, 13-15; Jn 5, 6.
Así hace el milagro de las bodas de Caná, que no es, aparte de su significado místico, sino un acto de gran bondad: Jn 2, 3.
Milagros operados sobre cosas, animales, plantas o elementos
Transformación en Caná del agua en vino: Jn 2, 1-11.
Dos pescas milagrosas: Lc 5, 1-11; Jn 21, 1-13.
La tempestad calmada: Mt 8, 23-27; Mc 14, 35-40; Lc 8, 22-25.
El andar sobre las aguas: Mt 14, 25-31; Mc 6, 48; Jn 6, 19.
La moneda encontrada en la boca del pez: Mt 17, 23-26.
La higuera seca: Mt 21, 18-19; Mc 11, 12-14; 19-21.
Las dos multiplicaciones de panes: Mt 14, 15-21; 15, 32-39; Mc 6, 30-44; 8, 1-10; Lc 11, 10-17; Jn 6, 1-13.
Curaciones
Los Evangelistas hablan muchas veces de milagrosas curaciones obradas por Nuestro Señor: Mt 4, 23; 8, 16-17; 12, 15; 15,
30-31; Mc 1, 32-34; 3, 10-12; Lc 4, 40-41; 5, 17; 6, 18-19; 9, 11.
Los Evangelistas hablan particularmente de la curación de personas a un tiempo enfermas y poseídas: Mt 8, 28-34; 9, 32-33;
12, 22; 17, 14-20; Mc 1, 23-37; 5, 1-20; 9, 13-28; Lc 8, 26-39; 9, 37-44: 11, 14.
Ciegos: Mt 9, 27-31; 20, 29-34; Mc 8, 22-26; 10, 46-52; Lc 18, 3543; Jn 9, 1-38.
Leprosos: Mt 8, 2-4; Mc 1, 4045; Lc 5, 12-15; 18, 11-19.
Paralíticos: Mt 9, 1-8; Mc 2, 1-12; Lc 5, 17-26; Jn 5, 1-14.
Un hidrópico: Lc 14, 1-6.
Una mujer que tenía flujo de sangre: Mt 9, 20-22; Mc 5, 25-34; Lc 8, 43-48.
El hombre de la mano seca: Mt 12, 9-13; Mc 3, 1-5; Lc 6, 6-10.
La mujer encorvada: Lc 13, 11-13.
El herido: Lc 22, 40-51.
Y otras enfermedades: Mt 8, 5-13; 15,21-28;Mc 1,29-31;7,2430; Lc 4, 38-39; 7, 1-10; Jn 4, 4654.
Ordinariamente Nuestro Señor curaba con una sola palabra: Mt 9, 6-7; Mc 5, 33-34.
Otras veces empleaba ciertas acciones: Mt 7, 33; Jn 9, 6.
O tocaba al enfermo: Mt 8, 3, 15;9,29; 17,7;20,34;Mc 1,41;7, 33; Lc 4, 40; 5, 13.
Otras veces hacía algunas recomendaciones: Lc 5, 14; Jn 9, 7.
Curaciones obradas a distancia: Mt 8, 13; 15, 28; Jn 4, 46-54.
Curaciones conseguidas por enfermos e inválidos que tocan a Nuestro Señor: Mt 9, 20-21; 14, 36; Mc 3, 10; 5, 27-34; 6, 56; Lc
6, 19; 8, 44-47.
Nuestro Señor da a sus discípulos el poder de realizar curaciones sobrenaturales: Mt 10, 1; Mc 16, 18; Lc 9, 1; 10, 9.
Resurrecciones.
Los Evangelistas no cuentan más que tres: - la del hijo de la viuda de Naim: Lc 7, 11- 17;  - la de la hija de Jairo: Mt
9,18-26; Mc 5, 22-33; Lc 8, 40-56;  - La de Lázaro: Jn 11, 1-45.
Es probable que Nuestro Señor hiciera muchas otras resurrecciones, según puede deducirse de las palabras que dirigió a los
enviados de Juan Bautista: "Los muertos resucitan": Mt 11, 5; Lc 7, 22.
Milagros obrados por causa de Nuestro Señor
Apariciones de Angeles, en diversas épocas de la vida de Nuestro Señor: Mt 1, 20; 2, 13 y 19; 28, 2-5; Mc 1, 13; Lc 1, 26-38;
2, 9-10; 1315; 22, 43; 24, 23; Jn 20, 12.
La estrella de los Magos: Mt 2, 2.
La voz del Padre en el Bautismo de Nuestro Señor: Mt 3, 17; Mc 1, 11; Lc 3, 22.
La transfiguración: Mt 17, 1-3; Mc 9, 1-16; Lc 9, 28-35.
La voz de Dios Padre en el Templo: Jn 12, 28.
Aparición del Espíritu Santo bajo la forma de una paloma: Mt 3, 16;Mc l, lO;Lc 3,22;Jn 1,32.
Aparición de Elías y de Moisés: Mt 17, 3; Mc 9, 3; Lc 9, 30.
Las tinieblas en la muerte de Nuestro Señor: Mt 27, 45; Mc 15, 33; Lc 23, 44-45.
El velo del Templo que se rasga: Mt 27, 51; Mc 15, 38; Lc 23, 45.
El temblor de tierra y las piedras que se parten: Mt 27, 51.
La resurrección y la aparición de numerosos muertos: Mt 27, 52-53.

MISA
Tomad y comed: éste es mi cuerpo que por vosotros será entregado: haced esto en memoria mía (...). Este cáliz es el Nuevo
Testamento en mi sangre: haced esto en memoria mía. I Cor 11, 24-25; Lc 22, 19-20.
El cáliz de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo?, y el pan que partimos, ¿no es la
participación del cuerpo del Señor? (...). Los que comen las víctimas, ¿no tienen parte en el altar (o sacrificio)? No
podéis, pues, beber el cáliz del Señor y el cáliz de los demonios; no podéis tener parte en la mesa del Señor y en la mesa de
los demonios. I Cor 10, 1621.
Todas las veces que comiereis este pan y bebiereis este cáliz anunciaréis la muerte del Señor hasta que venga. I Cor 11, 26.
Desde el orto del sol hasta el ocaso es grande mi nombre entre las gentes, y en todo lugar ha de ofrecerse a mi nombre un
sacrificio humeante y una oblación pura, pues grande es mi nombre entre las gentes, dice Yavé de los ejércitos. Pero vosotros
lo profanáis, diciendo: La mesa de Yavé es inmunda, y despreciables sus alimentos. Y aún decís: ¡Oh, qué fastidio!, y lo
despreciáis, dice Yavé de los ejércitos, y ofrecéis lo robado, lo cojo, lo enfermo; lo presentáis como ofrenda. ¿Voy a
complacerme yo aceptándolo de vuestras manos? Mal 1, 11-13.
Que ésta es mi sangre de la alianza, que será derramada por muchos para remisión de los pecados, Mt 26, 28.
Y Melquisedec, rey de Salem, sacando pan y vino, como era sacerdote del Dios Altísimo, bendijo a Abraham diciendo: "Bendito
Abraham del Dios Altísimo, el dueño de los cielos y tierra" Gen 14, 18-19.
Sin padre, sin madre, sin genealogía, sin principio de sus días sin fin de su vida, se asemeja en eso al Hijo de Dios, que es
sacerdote para siempre. Heb 7, 3.
Habiendo ofrecido en los días de su vida mortal oraciones y súplicas con poderosos clamores y lágrimas al que era poderoso
para salvarle de la muerte, fue escuchado por su reverencial temor. Y aunque era Hijo, aprendió por sus padecimientos la
obediencia, y al ser consumado, vino a ser para todos los que le obedecen causa de salud eterna. Heb 5, 7-9.
Pero éste (Cristo Sacerdote), por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio perpetuo. Y es, por tanto, perfecto su
poder de salvar a los que por El se acercan a Dios y siempre vive para interceder por ellos. Heb 7, 24-25.
Os ruego, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezcáis vuestros cuerpos como hostia viva, santa, grata a Dios;
éste es vuestro culto racional. Rom 12, 1.
Mas yo por la misma Ley he muerto a la Ley, por vivir para Dios; estoy crucificado con Cristo. Gal 2, 19.
MISERICORDIA
Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso. Lc 6, 36.
Sed más bien unos para otros bondadosos, compasivos, y perdonaos los unos a los otros, como Dios os ha perdonado en Cristo.
Ef 4, 32.
Si abundares en bienes haz de ellos limosna, y si éstos fuesen escasos, según sea tu escasez, no temas hacerla. Tob 4, 8.
Nunca dejará de haber pobres en la tierra, por eso te doy este mandamiento: abrirás tu mano a tu hermano, al necesitado y al
pobre de tu tierra. Dt 15, 11.
Libra al que es llevado a la muerte, al que está en peligro de muerte, reténlo. Prov 24, 11.
Según tus posibilidades socorre al prójimo (...) Eclo 29, 27.
Así habla Yavé de los ejércitos; juzgad conforme a la verdad, practicad la piedad y la misericordia hacia vuestro prójimo.
Zac 7, 9.
¿No convenía, pues, que tuvieras tú piedad de tu compañero, como la tuve yo de ti? Mt 18, 33.
No le digas al prójimo: Vete y vuelve, mañana te lo daré... Prov 3, 28.
El que maltrata al pobre injuria a su Hacedor; quien tiene piedad del pobre le honra. Prov 14, 31.
Y yo os digo: con las riquezas injustas haceos amigos, para que, cuando éstas falten, os reciban en los eternos tabernáculos.
Lc 16, 9.
El que tiene bienes del mundo y, viendo a su hermano tener necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo la caridad de Dios
permanece en él? I Jn 3, 17.
Por amor de la ley acoge al pobre y en su necesidad no le despidas de vacío. Eclo 29, 12.
Bienaventurado el que se preocupa por el necesitado y el desvalido, en el día malo le librará Yavé. Sal 40, 2.
Que no te abandonen jamás la bondad y la fidelidad, átatelas al cuello, escríbelas en tu corazón y hallarás favor y dignidad
ante Dios y ante los hombres. Prov 3, 3.
Y dirá a los de la izquierda: Apartaos de mi, malditos, al fuego eterno, preparado para el diablo y para sus ángeles; porque
tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber. Mt 25, 41-42.
El misericordioso se hace bien a si mismo, el de corazón duro a si mismo se perjudica. Pro v II, 17.
Es un buen regalo la limosna en la presencia del Altísimo para todos los que la hacen. Tob 4, 11.
Encierra la limosna en tus arcas, y te librará de toda miseria. Eclo 29, 15.
Por tanto, ¡oh rey!, sírvete aceptar mi consejo: redime tus pecados con justicia y tus iniquidades con misericordia a los
pobres, y quizá se prolongará tu dicha. Dan 4, 24.
A Yavé presta el que da al pobre; El le dará su recompensa. Prov 19-17.
Cuando des de tu pan al hambriento y sacies al alma indigente, brillará tu luz en la oscuridad y tus tinieblas serán cual
mediodía. Is 58, 10.
Y el que diere de beber a uno de estos pequeños sólo un vaso de agua fresca en razón de discípulo, en verdad os digo que no
perderá su recompensa. Mt 10, 42.
El que da al pobre no tendrá pobreza, el que aparta de él sus ojos tendrá muchas maldiciones. Prov 28, 27.
Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia. Mt 5, 7.
Pues os digo: el que escaso siembra, escaso cosecha; el que siembra con largueza con largueza cosechará. 2 Cor 9, 6.
Dad y se os dará: una medida buena, apretada, colmada, rebosante, será derramada en vuestro regazo. La medida que con otros
usareis, ésa se usará con vosotros. Lc 6, 38.
Haz justicia y juicio, que eso es más grato a Yavé que el sacrificio. Prov 21, 3.

MISERICORDIA DIVINA
Sed misericordiosos como también vuestro Padre es misericordioso. Lc 6, 36.
Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de toda consolación. 2 Cor 1, 3.
Dios es rico en misericordia. Efes 2, 4.
Dios ejercita con todos su misericordia: Rom 11, 32.
La misericordia de Dios se derramará de generación en generación: Lc 1, 50.
Os ruego encarecidamente, por la misericordia del Señor, que le ofrezcáis vuestros cuerpos, como una hostia viva, santa y
agradable. Rom 12, 1.
Por su misericordia Dios nos ha salvado. Tit 3, 5; I Pdr 1, 3.
Clemente y misericordioso es Yavé, lento a la ira y de muy gran piedad. Sal. 144, 8.
Pues es más grande que los cielos tu misericordia, y llega hasta las nubes tu fidelidad. Sal. 107, 35.
Tengo siempre ante mis ojos tus misericordias, y ando en tu verdad. Sal. 25, 3.
Por eso os está esperando Yavé, para haceros gracia; por eso se levanta, para tener misericordia de vosotros, que es Yavé
Dios justo, y cuantos se le acogen son bienaventurados. Is 30, 18.
Tienes piedad de todos, porque todo lo puedes, y disimulas los pecados de los hombres para traerlos a penitencia. Sab 11, 24.
A todos perdonas, porque son tuyos, Señor amador de las almas. Sab 11, 27.
En todas las cosas está tu espíritu incorruptible. Y por eso corriges poco a poco a los que caen, y a los que pecan los
amonestas, despertando la memoria de su pecado, para que apartándose de la maldad crean, Señor, en ti. Sab 12, 1-2.
Como benigno es un padre para sus hijos, tan compasivo es Dios para con los que le temen. Sal. 102, 13.
Himno a la misericordia divina: Jon 7, 18-20.
Y justicia: Ez. 33, 12-19.
La tierra está llena, ¡oh Yavé!, de tu piedad: enséñame tus mandatos. Sal. 118, 64.
¡Cuán grande es la misericordia del Señor y su piedad para los que se vuelven a El! Eclo 17, 28.

MORTIFICACION

En verdad, en verdad os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, quedará solo; pero si muere, llevará
mucho fruto. Jn 12, 24.
Os digo, pues: Andad en espíritu y no deis satisfacción a la concupiscencia de la carne. Cal 5, 16.
Si padecemos con El, también con El viviremos. Si sufrimos con El, con El reinaremos. 2 Tim 2, 11.
Mejor que el valiente es el que aguanta, y el que sabe dominarse vale más que el que conquista una ciudad. Prov 16, 32.
Cuanto a mí, jamás me gloriaré a no ser en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí y
yo para el mundo. Gal 6, 14.
El que ama su vida, la pierde; pero el que aborrece su vida en este mundo, la guardará para la vida eterna. Jn 12, 25.
Los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y concupiscencias. Cal 5, 24.
Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a si mismo, tome cada día su cruz y sígame. Lc 9, 23.
Llevando siempre en el cuerpo la Cruz de Cristo, para que la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. 2 Cor 4, 10.
Si viviereis según la carne, moriréis; mas si con el espíritu mortificáis las obras de la carne, viviréis. Rom 8, 13.
Castigo mi cuerpo y lo esclavizo, no sea que habiendo predicado a los otros venga yo a ser reprobado. I Cor 9, 27.
Mortificad, pues, vuestros miembros de hombre terreno. Col 3, 5.
Necesidad de mortificar la carne y todas las concupiscencias para tener la vida del espíritu: Rom 6, 12; 8, 12-13.
La verdadera caridad impone privaciones para socorrer al prójimo: 2 Cor 8, 2-5.
Mortificación de la lengua: Sant 1, 26; 3, 3-12.
La mortificación es principio de paz: Sant 4, 1-10.

MUERTE
Por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte. Rom 5, 12.
El estipendio del pecado es la muerte. Rom 6, 23.
Está decretado a los hombres morir una sola vez, y después el juicio. Heb 9, 27.
Bienaventurados los que mueren en el Señor; sí, dice el espíritu, para que descansen de sus trabajos, pues sus obras los
acompañan. Apoc 14, 13.
Es cosa preciosa a los ojos de Yahvé, la muerte de sus justos. Sal 115, 15.
Pues sabemos que si la tienda de nuestra mansión terrena se deshace, tenemos de Dios una sólida casa, no hecha por manos de
hombres, eterna, en los cielos, 2 Cor 5, 1.
Cuando se dicen: "paz y seguridad" entonces, de improviso, les sobrevendrá la ruina, como los dolores del parto a la preñada.
I Tes 5, 3.
No sabéis cuál será nuestra vida mañana, pues sois humo que aparece un momento y al punto se disipa.lPdr4,14.
No queremos, hermanos, que ignoréis lo tocante a la suerte de los muertos, para que no os aflijáis como los demás que carecen
de esperanza. Pues si creemos que Jesús murió y resucitó, así también Dios (Padre) tomará consigo por Jesús a los que se
durmieron en El. I Tes 4, 13.
Una es la entrada para todos en la vida, e igual la salida. Sab 7, 6.
No temas el fallo de la muerte, acuérdate de los que te precedieron y de los que te seguirán, y que éste es el juicio del
Señor sobre toda carne. Eclo 41, 5.
Como vestido, se envejece toda carne, porque ésta es la ley desde el principio: que has de morir. Como las hojas verdes de un
árbol frondoso, que unas caen y otras brotan, así es la generación de la carne y de la sangre: unos mueren y otros nacen.
Toda obra humana se carcome, al fin acaba, y tras ella se va el que la hizo. Eclo 14, 18-20.
El número de los días del hombre, cuando mucho, son cien años; como una gota de agua en el mar, como un grano de arena, así
son sus pocos años a la luz del día de la eternidad. Eclo 18, 8.
No te presentes ante el Señor con las manos vacías. Eclo 35, 6; Ex 23, 15.
Las almas de los justos están en las manos de Dios, y el tormento no los alcanzará. A los ojos de los necios parecen haber
muerto, y su partida es tenida por desdicha. Su salida de entre nosotros, por aniquilamiento; pero están en paz. Pues aunque
a los ojos de los hombres fueron atormentados, su esperanza está llena de inmortalidad. Sab 3, 1-4.

OBEDIENCIA
Jesús, durante su estancia en Nazaret, obedecía a José y a María: Lc 2, 51.
Obediencia de María al serle comunicado el misterio de la Encarnación: Lc 1, 35-38.
Fruto de la obediencia de María: su maternidad divina: Lc 1,35, 38.
Nuestro Señor ve en los que cumplen la voluntad de Dios a su madre y a sus hermanos: Mt 12, 48-50; Mc 3, 33-35; Lc 8, 21.
Obediencia de José al ángel: Mt 1, 18-25; 2, 13-14.
Obediencia de José y María al decreto de César Augusto: Lc 2, 2-5.
Obediencia de José y María a la Ley judaica: Lc 2, 21-24.
Obediencia de los Magos a la inspiración de Dios: Mt 2, 1-12.
La obediencia debe ser norma de todos nuestros actos: Mt 3, 1316; Jn 13, 3-9.
Obediencia a la vocación: Mt 4, 18-22; 9, 9; Mc 1, 16-20; 2, 13-14; Lc 5, 27-28.
Obediencia del diácono Felipe: Hech 8, 26-27.
Obediencia de Saulo: Hech 9, 5-9.
Obediencia de Ananías: Hech 9, 11-17.
Obediencia del Centurión Cornelio: Hech 10, 7-9.
Obediencia de Pablo a una orden recibida en sueños en Tróade: Hech 16, 9-10.
Cómo Pablo obedece primeramente a Dios: Hech 18, 19, 11-13.
Cómo Pablo es obedecido por sus compañeros: Hech 21, 14-15.
Obediencia de Nuestro Señor a su Padre Dios: Rom 5, 19.
Por la obediencia ha rescatado Nuestro Señor a los hombres: Rom 5, 19.
Todos los que obedecen al Espíritu Santo son hijos de Dios: Ron' 8, 14.
La obediencia de los primeros cristianos se hizo notoria en todo el mundo, por la cual los alaba San Pablo: Rom 16, 19.
La obediencia debe ser efectiva. Parábola de los dos hijos enviados a la viña: Mt 21, 28-31.
Dios Padre otorga al Espíritu Santo a los que obedecen: Hech 5, 32.
Hemos de obedecer a Dios antes que a los hombres: Hech 5, 29.
Hijos, obedeced a los padres en todo. Col 3, 20.
Obedeced a vuestros superiores y estadles sujetos, que ellos velan sobre vuestras almas como quien ha de dar cuenta de ellas,
para que lo hagan con alegría y sin queja, que esto seria para vosotros sin utilidad. Heb 13, 17.
Aquel, pues, que escucha mis palabras y las pone por obra, será el varón prudente, que edifica su casa sobre roca. Mt 7, 24.
Se humilló haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Flp 2, 8.
"Mejor es la obediencia que las víctimas". Saúl rechazado por Dios: I Sam 15, 10-23.
Si hubieses atendido a mis mandamientos, tu paz seria como un río, y tu justicia como las olas del mar. Is 48, 18.

OMISIONES
Y dirá a los de la izquierda: Apartaos de mi, malditos, al fuego eterno, preparado para el diablo y para sus ángeles. Porque
tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui peregrino, y no me alojasteis; estuve desnudo,
y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces ellos responderán diciendo: Señor, ¿cuando te vimos
hambriento, o sediento, o peregrino, o enfermo, o en prisión, y no te socorrimos? El les contestara diciendo: En verdad os
digo que cuando dejasteis de hacer eso con uno de estos pequeñuelos, conmigo dejasteis de hacerlo. (Mt 25, 4145).
Le dijo Jesús: ¿Quieres ser curado? Respondió el enfermo: Señor, no tengo a nadie que al moverse el agua me meta en la
piscina, y mientras yo voy, baja otro antes de mi (Jn 5, 6-7).
Nosotros somos cooperadores de Dios, y vosotros sois arada de Dios, edificación de Dios. (I Cor 3, 9)
Es preciso que los hombres vean en nosotros ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios (I Cor 4, 1).
En todo debemos mostrarnos como ministros de Dios (2 Cor 6, 4).
Llega el otro, diciendo: Señor, ahí tienes tu "mina" que tuve guardada en un pañuelo, pues tenía miedo de ti, que eres hombre
severo, que quieres recoger lo que no pusiste y segar donde no sembraste. Díjole: Por tu boca misma te condeno, mal siervo.
Sabias que yo soy un hombre severo, que cojo donde no deposite y siego donde no sembré; ¿,por que, pues, no diste mi dinero
al banquero, y yo, al volver, lo hubiera recibido con los intereses? (Lc 19, 20-23).
Si el hermano o la hermana están desnudos y carecen de alimento cotidiano, y alguno de vosotros les dijere: Id en paz, que
podáis calentaros y hartaros, pero no les diereis con que satisfacer la necesidad de su cuerpo, ¿que provecho les vendría?
(Sant 2, 15-16).
¿Sabéis que ayuno quiero yo?, dice el Señor Yavé: (...) partir tu pan con el hambriento, albergar al pobre sin abrigo, vestir
al desnudo y no volver tu rostro ante tu hermano. Entonces brotara tu luz como la aurora (Is 58, 6-8).
Tomando Jesús la palabra, dijo: Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó y cayó en poder de ladrones, que le desnudaron, le
cargaron de azotes y se fueron, dejándole medio muerto. Por casualidad bajo un sacerdote por el mismo camino, y, viéndole,
paso de largo. Asimismo un levita, pasando por aquel sitio, le vio también y siguió adelante. Pero un samaritano que iba de
camino llego a el, y, viéndole, se movió a compasión; acercóse, le vendo las heridas, derramando en ellas aceite y vino; le
hizo montar sobre su propia cabalgadura, le condujo al mesón y cuido de el. A la manara, sacando dos dcnarios, se los dio al
mesonero y dijo: Cuida de el, y lo que gastares, a la vuelta te lo pagare. ¿Quien de estos tres te parece haber sido prójimo
de aquel que cayo en manos de los ladrones? El contesto: El que hizo con el misericordia. Contéstole Jesús: Vete y haz tu lo
mismo (Lc 10, 30-37).
Mis guardianes son ciegos todos, no entienden nada. Todos son perros mudos, que no pueden ladrar; soñadores, se acuestan, son
amigos de dormir. Son perros voraces, insaciables; son pastores que no entienden, siguen cada uno su camino, cada cual busca
su interés (Is 56, 10- 11 ).
Se muere mi pueblo por falta de doctrina (Os 4, 6).
Alegraos con los que se alegran, llorad con los que lloran. Vivid unánimes entre vosotros, no seáis altivos, mas allanaos a
los humildes. No seáis prudentes a vuestros propios ojos. No volváis mal por mal; procurad el bien a los ojos de todos los
hombres. A ser posible y cuanto de vosotros depende, tened paz con todos (Rom 12, 1518).
El que tuviere bienes de este mundo y viendo a su hermano pasar necesidad le cierra sus entrañas, ¿como mora en el la caridad
de Dios? Hijitos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de obra y de verdad (Jn 3, 17-18).

ORACION
Oración de Jesucristo
Oración del Señor en la intimidad con su Padre: Mt 14, 23; 11, 25-26; Lc 6, 12, etc.
Oración de Jesús por sí mismo: Mc 14, 35-36; Lc 23, 34-36.
Oración por sus apóstoles y futuros discípulos: Lc 22, 32; Jn 17, 14.
La intercesión del Señor tiene carácter permanente: Heb 7, 25.
Junto a la oración personal la oración Litúrgica: Mc 14, 26.
Usó de pasajes de los salmos para expresar una oración personal: Mt 27,46 (Sal 22,2); Lc 23,46 (Sal 31).
Oración del cristiano
Necesaria para resistir la tentación: Mt 26, 41.
Para obtener los dones necesarios: Jn 4, 10; 6, 27.
Oración individual, en el secreto de la casa: Mt 6, 5-ó.
Oración colectiva. Mt 19-20.
Debe ser discreta: Mt 6, 7-8 (cfr. 1 Re 18, 26-29; Is 1, 15).
Debe ser humilde: Lc 18, 9-14.
Perseverante: Lc 11, 5-8; 18, 1 -8.
Confiada: Mc 11, 23.
El Señor nos concederá también lo indispensable para la vida material: Mt 7, 7-11; Lc 11, 9-13.
La oración de la Iglesia
Los Apóstoles, unidos en la oración para recibir el Espíritu Santo: Hech 1, 1.
Fundamento de la Iglesia: Hech 1, 24-26; 6, 6, etc.; 1 Tim 2, 8; Apoc 6, 9-14.
Oración constante de acción de gracias: I Cor 1, 4; Flp 1, 9.
Se dirige al Padre por Jesucristo: Ef 5, 20.
Doxologías e himnos litúrgicos: Flp 2, 6-11; I Tim 1, 17.
Los Apóstoles exhortan continuamente a los cristianos a cuidar la oración: Rom 12, 12; Col 14, 2; I Pdr 4, 7; Sant 5, 16.
San Pablo se encomienda a las oraciones de los fieles: Rom 15, 30.
Los tiene continuamente presentes en sus oraciones: Rom 1, 9-10; Ef 1, 16; Col 4, 12; 1ª Tes 1, 2.
Los Sacramentos, especialmente la Penitencia y la Sagrada Eucaristía, encuentros íntimos con el Señor: Mt 9, 2-8; Jn 8,
10-11; Jn 6, 56.

ORACION DE PETICION
Necesidad de la oración de petición.
Conviene orar con perseverancia y no desfallecer. Lc 18, 1.
Orad para que no caigáis en la tentación. Mc 14, 38.
Orad sin intermisión. I Tes 5, 17.
Sed prudentes y velad en la oración. I Pdr 4, 7.
Aplicaos a la oración, velad en ella con hacimiento de gracias. Col 4, 2.
Todos perseveraban unánimes en la; oración (...) con María, la Madre de Jesús (...). Hech 1, 14.
Fin y motivos de la oración de petición.
Orad los unos por los otros para que seáis salvos. Sant 5, 16.
Rogamos a Dios que no cometáis mal alguno (...) sino que obréis bien.2Cor 13,7.
Ved, pues, cómo habéis de orar: Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre (...) hágase tu voluntad
(...). Mt 6, 9-10; Lc 11, 2.
Orad por los que os persiguen y calumnian (...). Mt 5, 44-45; Lc 6, 28.
Eficacia de la oración de petición.
Todo cuanto pidiereis en la oración, si tenéis fe, lo alcanzaréis. Mt 21, 22; Mc 11, 24.
En verdad os digo, que cuanto pidiereis al Padre en mi nombre os lo concederá. Jn 16, 23.
Mucho puede la oración perseverante del justo. Sant 5, 16.
Condiciones de la oración de petición: Humilde
Dos hombres subieron al templo a orar: el uno era fariseo, el otro publicano (...). El publicano ni se atrevía a levantar los
ojos al cielo (...), diciendo: Dios mío, ten misericordia de mí, que soy pecador. Os aseguro que éste volvió a su casa
justificado. Lc 18, 1~14.
Dios se resiste a los soberbios, pero a los humildes da su gracia. Sant 4, 6.
La oración del humilde traspasa las nubes, y no descansa hasta que llega a su destino, ni se retira hasta que el Altísimo
fija en ella su mirada. Eclo 35, 21.
Condiciones de la oración de petición: Rectitud de intención
Cuando oréis no seáis como los hipócritas, que se ponen a orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles para
ser vistos de los hombres. Mt 6, 5.
Que los hombres oren en todo lugar; alzando las manos limpias, exentas de todo encono y disensión. I Tim 2, 8.
Condiciones de la oración de petición: Perseverancia
Yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, a lo menos por su perseverancia se levantará y le dará
cuanto necesite. Lc 11, 8.
Conviene orar con perseverancia y no desfallecer. Lc 18, 1.
Condiciones de la oración de petición: Confianza
Todo cuanto pidáis en la oración (...) lo obtendréis. Mt 21, 22.
Si vosotros, pues, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará cosas
buenas a los que se lo pidan? Lc II, 13.
Confía en El, ¡oh pueblo! en todo tiempo, abrid ante El vuestros corazones, porque Dios es nuestro asilo. Sal 61, 9.
Si alguno de vosotros se halla falto de sabiduría, pídala a Dios y le será otorgada, pues a todos da con largueza y sin
reproche. Sant 1, 5.

PACIENCIA
El amor es paciente. I Cor 13, 4.
(...) Tenéis necesidad de paciencia para que, cumpliendo la voluntad de Dios, alcancéis la promesa. Heb 10, 36.
Por vuestra paciencia salvaréis vuestras almas. Lc 21, 19.
(...) Que nadie se inquiete por estas tribulaciones. Bien sabéis que para eso estamos. I Tes 3, 3.
Tened, pues, paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. Ved cómo el labrador, con la esperanza de los preciosos frutos
de la tierra, aguarda con paciencia las lluvias tempranas y las tardías. Sant 5, 7.
Tomad, hermanos, por modelo de tolerancia y de paciencia a los profetas, que hablaron en nombre del Señor. Sant 5, 10.
(...) Nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabedores de que la tribulación produce la paciencia; la paciencia, una
virtud probada; y la virtud probada, la esperanza. Rom 5, 3-4.
Porque tenéis necesidad de paciencia para que, cumpliendo la voluntad de Dios, alcancéis la promesa. Heb 10, 36.
Así, pues, os exhorto yo, preso en el Señor, a andar de una manera digna de vuestra vocación (...), con toda humildad,
mansedumbre y longanimidad, sobrellevándoos los unos a los otros con caridad. Ef 4, 1.
Mejor que el fuerte es el paciente, y el que sabe dominarse vale más que el que conquista una ciudad. Prov 16, 32.
(...) En todo nos acreditamos como ministros de Dios en mucha paciencia, en tribulaciones en necesidades, en angustias [...j.
2 Cor 6,
Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo tornaré a él. Yahvé me lo dio, Yahvé me lo ha quitado. ¡ Bendito sea el
nombre de Yahvé! Job 1, 21.
Hijo mío, si caes enfermo, no te impacientes y ruega al Señor (...). Eclo 38, 9.
El iracundo promueve contiendas, el paciente aplaca las rencillas. Prov 15, 18.
El hombre magnánimo espera su tiempo, pero al fin triunfa. Eclo 1, 29.
(...) tenga obra perfecta la paciencia, para que seáis perfectos y cumplidos, sin faltar en cosa alguna. Sant 1, 4.
En las grandes angustias de mi corazón, tus consuelos alegraban mi alma. Sal 93, 19.
Hijo mío, si te das al servicio de Dios, prepara tu ánimo a la tentación. Ten recto corazón y soporta con paciencia, y no te
impacientes en el tiempo del infortunio (...), ten buen ánimo en las vicisitudes de la prueba. Pues el oro se prueba en el
fuego, y los hombres gratos a Dios, en el crisol de la tribulación. Eclo 2, 1-5.
PAZ
La paz os dejo, mi paz os doy; no como el mundo la da os la doy yo. Jn 14, 27.
En cualquier casa en que entréis, decid primero: la paz sea con esta casa. Si hubiere allí un hijo de la paz, descanse sobre
él vuestra paz; si no, se volverá a vosotros. Lc 10, 5.
Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guarde vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Flp 4,
7.
Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz, y gozo en el Espíritu Santo. Rom 14, 17.
Mucha paz tienen quienes aman tu ley; no hay para ellos tropiezo. Sal 118, 165.
Bienaventurados los pacíficos porque ellos serán llamados hijos de Dios. Mt 5, 9.
Vivid en paz y el Dios de la caridad y de la paz estará en vosotros. 2 Cor 13, 11.
Las obras de la carne son manifiestas, a saber: fornicación, impureza, lascivia, idolatría, hechicería, odios, discordias,
celos, iras, rencillas, disensiones, divisiones (...) y otras como éstas, de las cuales os prevengo (...) que quienes tales
cosas hacen no heredarán el reino de Dios. Gal 5, 19-20.
Todo reino dividido contra si mismo será desolado, y toda ciudad o casa dividida contra si no subsistirá. Mt 12, 25.
La paz será obra de la justicia; y el fruto de la justicia, el reposo y la seguridad para siempre. Is 32, 17.
La soberbia sólo ocasiona disensiones (...) Prov 13, 10.
Procurad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Heb 12, 14.
Os ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos habléis un mismo lenguaje y no haya entre vosotros
cismas, antes seáis concordes en un mismo pensar y en un mismo sentir. I Cor 1, 10.
(El Evangelio es) la buena nueva de la paz. Hech 10, 36.
La paz es también un fruto del Espíritu Santo y supera toda imaginación: Cal 5, 22; Flp 4, 7.
La paz es patrimonio de los hombres de "buena voluntad": Lc 2, 14.
(Nuestro Dios) no es Dios de inquietud, sino de paz. I Cor 14, 33.

PECADO
Por un solo hombre entró el pecado en el mundo y con el pecado la muerte (...), y la muerte se fue propagando a todos los
hombres porque todos pecaron (en Adán). Rom 5, 12.
Sobreabundancia de la Redención: Rom 5, 15-21.
Consecuencias del pecado original; vestigios que deja en nosotros aun después del bautismo: Rom 7, 1425.
El Hijo de Dios vino a destruir las obras del diablo. I Jn 3, 9.
Todo el que comete pecado, esclavo es del pecado. Jn 8, 34.
¿No sabéis que los injustos no poseerán el reino de Dios? No queráis engañaros: ni los fornicarlos, ni los idólatras, ni los
adúlteros (...), ni los que viven de robos han de poseer el reino de Dios. I Cor 6, 9-10.
Los pecadores son enemigos de su propia dicha. Tob 12, 10.
El error y las tinieblas son obras de los pecadores; los que en el mal se complacen, en el mal envejecen. Eclo 11, 6.
Reconoce y advierte qué malo y amargo es para ti haberte apartado de Yahvé, tu Dios, y haber perdido mi temor. Jer 2, 19.
La justicia engrandece a las naciones, el pecado es la decadencia de los pueblos. Prov 14, 34.
La paga del pecado es la muerte. Rom 6, 23.
La ley del Espíritu (...) me liberó de la ley del pecado. Rom 8, 2.
Si no me escucháis y no ponéis por obra mis mandamientos, si desdeñáis mis leyes, menospreciáis mis mandatos y no los ponéis
por obra, si rompéis mi alianza, ved lo que también yo haré con vosotros: echaré sobre vosotros el espanto, la consunción y
la calentura que debilitan vuestros ojos y destrozan el alma; sembraréis en vano vuestra simiente (...) y seréis derrotados
por vuestros enemigos, que os dominarán; huiréis sin que os persiga nadie. Lev 26, 14 ss.
Aún no habéis resistido hasta la sangre en vuestra lucha contra el pecado. Heb 12, 4.
El que sabe hacer el bien y no lo hace, comete pecado. Sant 4, 17.
Como de la serpiente, huye del pecado, porque si te acercas te morderá. Eclo 21, 2.
Si tu ojo derecho te escandaliza, sácatelo y arrójalo de ti (...), Y si tu mano derecha te escandaliza, córtatela y arrójala
de ti (...). Mt 5, 29-30.
Quien convierte a un pecador (...) cubrirá la muchedumbre de sus pecados. Sant 5, 20.

PECADO VENIAL
Quien es fiel en lo poco también es fiel en lo mucho, y el que es infiel en lo poco también es infiel en lo mucho. Lc 16, 10.
Todos ofendemos en mucho. Si alguno no peca de palabra es varón perfecto, capaz de gobernar con el freno todo su cuerpo. Sant
3, 2.
(...) Un poco de fuego basta para quemar un gran bosque. Sant 3, 5.
Cazad las raposas, las pequeñas raposas que destrozan las viñas, nuestras viñas en flor. Conf 2, 15.
El que sabe que su hermano comete un pecado que no es de muerte, ruegue por él. 1 Jn 5, 16.
Si dijéramos que no tenemos pecados, nosotros mismos nos engañamos. 1 Jn 1, 8.
Yo os digo que de cualquier palabra ociosa que hablen los hombres han de dar cuenta en el día del juicio. Mt 12, 36.

PENITENCIA
En aquellos días se presentó Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, diciendo: Haced penitencia, porque el reino
de los cielos está cerca. Mt 3, 1-2.
Haced frutos dignos de penitencia. Mt 3, 8.
Comenzó entonces a increpar a las ciudades en que había hecho muchos milagros, porque no habían hecho penitencia. ¡Ay de ti,
Corazein; ay de ti, Betsaida!, porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados en ti, hace mucho que
en saco y ceniza hubieran hecho penitencia. Mt 11, 20-21.
Y no he venido yo a llamar a los justos, sino a los pecadores a penitencia. Lc 5, 32.
Os digo que si no hiciereis penitencia, todos igualmente pereceréis. Lc 13, 5.
Yo reprendo y corrijo a cuantos amo; ten, pues, celo y arrepiéntete. Apoc 3, 19.
Ni se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus maleficios, ni de su fornicación, ni de sus robos. Apoc 9, 21.
Consumido estoy a fuerza de gemir; todas las noches inundo mi lecho y con mis lágrimas riego mi estrado. Sal 6, 7.
Le dijo uno: Señor, ¿son pocos los que se salvan? El les dijo: Esforzaos a entrar por la puerta estrecha, porque os digo que
muchos serán los que busquen entrar y no podrán. Lc 13, 23-24.
Considera, pues, de dónde has caldo, y arrepiéntete, y practica las obras primeras; si no, vendré a ti y removeré tu
candelero de su lugar si no te arrepientes. Apoc 2, 5.
¿O es que desprecias las riquezas de su bondad, paciencia y longanimidad, desconociendo que la bondad de Dios te trae a
penitencia? Rom 2, 4.
Pues os he llamado y habéis rehusado; tendí mis brazos y nadie se dio por entendido. Prov I, 24.
¡Ay de los pecadores tímidos y de las manos flojas, y del pecador que va por doble camino! Eclo 2, 14.
Apiádate de mi, ¡oh Dios!, según tu benignidad. Por tu gran misericordia borra mi iniquidad. Lávame enteramente de mi
iniquidad y límpiame de mi pecado, pues reconozco mi transgresión, y mi pecado está siempre delante de mi. Contra ti, contra
ti solo he pecado; he hecho lo malo a tus ojos, para que seas reconocido justo en tu sentencia y seas irreprochable en tu
juicio. He aquí que en maldad fui formado y en pecado me concibió mi madre. Puesto que amas la verdad en lo intimo,
¡instrúyeme en el secreto de la sabiduría! Sal 51, 3-8.

PERDONAR LAS OFENSAS
Entonces se le acercó Pedro y le preguntó: Señor, ¿cuántas veces he de perdonar a mi hermano si peca contra mi? ¿Hasta siete
veces? Dícele Jesús: No digo yo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Mt 18, 21-22.
Por esto se asemeja el reino de los cielos a un rey que quiso tomar cuentas a sus siervos. Al comenzar a tomarlas se le
presentó uno que le debía diez mil talentos. Como no tenla con qué pagar, mandó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus
hijos y todo cuanto tenla, y saldar la deuda. Entonces el siervo, cayendo de hinojos, dijo: Señor, dame espera y te lo pagaré
todo. Compadecido el señor del siervo aquel, le despidió, condonándole la deuda. En saliendo de allí, aquel siervo se
encontró con uno de sus compañeros que le debía cien denarios, y, agarrándole, intentaba ahogarlo al tiempo que le decía:
Paga lo que debes. De hinojos le suplicaba su compañero, diciendo: Concédeme un plazo y te pagare. Pero él se negó, y le hizo
encerrar en la prisión hasta que pagara la deuda. Viendo esto sus compañeros, les desagradó mucho y fueron a contar a su
señor todo lo que pasaba. Entonces hízole llamar el señor y le dijo: Mal siervo, te condoné yo toda tu deuda porque me lo
suplicaste. ¿No convenía, pues, que tuvieras tú piedad de tu compañero, como la tuve yo de ti? E irritado, le entregó a los
torturadores hasta que pagase toda la deuda. Así hará con vosotros mi Padre celestial si no perdonare cada uno a su hermano
de todo corazón. Mt 18, 23-35.
Si alguno me contristó, no me contristó a mí, sino en cierto modo, para no exagerar, a todos vosotros. Bástele a ése la
corrección de tantos, pues casi habríamos de perdonarle y consolarle, para que no se vea consumido por excesiva tristeza. Por
eso os ruego que públicamente le ratifiquéis vuestra caridad, pues para esto os escribo, para conocer vuestra (probada)
virtud, a ver si sois obedientes en todo. Y al que vosotros algo perdonéis, también le perdono yo, pues lo que yo perdono, si
algo perdono, por amor vuestro lo perdono en la presencia de Cristo, para no ser víctimas de los ardides de Satanás, ya que
no ignorarnos sus prop6sitos. 2 Cor 2, 5-1 1.
Alejad de vosotros toda amargura, arrebato, cólera, gritería, blasfemia y toda malignidad. Sed mas bien unos para otros
bondadosos, compasivos y perdonaos los unos a los otros, como Dios os ha perdonado en Cristo. Ef 4, 31-32.
Vosotros, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de entrañas de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre,
longanimidad, soportándoos y perdonándoos mutuamente siempre que alguno diere a otro motivo de queja. Como el Señor os
perdonó, así también perdonaos vosotros. Col 3, 12-13.
Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis
condenados; absolved y seréis absueltos. Lc 6, 36-37.
Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Dividiendo sus vestidos, echaron suerte sobre ellos. El pueblo
estaba allí mirando, y los príncipes mismos se burlaban, diciendo: A otros salvó; sálvese a si mismo si es el Mesías de Dios,
el Elegido. Y le escarnecían también los soldados, que se acercaban a El ofreciéndole vinagre y diciendo: Si eres el rey de
los judíos, sálvate a ti mismo. Lc 23, 34-37.

PERDON DE LOS PECADOS
Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. Estaban sentados allí algunos escribas,
que pensaban entre si: ¿Cómo habla así éste? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? Y luego, conociendo
Jesús con su espíritu que así discurrían en su interior, les dice: ¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más
fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu camilla y vete? Pues para que veáis
que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados - se dirige al paralítico -, yo te digo: Levántate,
toma tu camilla y vete a tu casa. El se levantó y, tomando luego la camilla, salió a la vista de todos, de manera que todos
se maravillaron, y glorificaban a Dios diciendo: Jamás hemos visto cosa tal. Mc 2, 5-12.
Díjoles otra vez: La paz sea con vosotros. Como me envió mi Padre, así os envío yo. Diciendo esto, sopló y les dijo: Recibid
al Espíritu Santo; a quienes perdonareis los pecados, les serán perdonados; y a quienes se los retuviereis, les serán
retenidos. Jn 20, 21-23.
Si dijéramos que no tenemos pecado, nos engañaríamos a nosotros mismos y la verdad no estarla en nosotros. Si confesamos
nuestros pecados, fiel y justo es El para perdonarnos y limpiarnos de toda iniquidad. I Jn 1, 8-9.
Por lo cual te digo que le son perdonados sus muchos pecados, porque amó mucho. Pero a quien poco se le perdona, poco ama. Y
a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados. Comenzaron los convidados a decir entre sí: ¿Quién es éste para perdonar los
pecados? Y dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, vete en paz. Lc 7, 47-50.
Y tomando un cáliz y dando gracias, se lo dio, diciendo: Bebed de él todos, que ésta es mi sangre de la alianza, que será
derramada por muchos para remisión de los pecados. Mt 26, 27-28.
¿Alguno entre vosotros enferma? Haga llamar a los presbíteros de la Iglesia y oren sobre él, ungiéndole con óleo en el nombre
del Señor, y la oración de la fe salvara al enfermo, y el Señor le hará levantarse y los pecados que hubiere cometido le
serán perdonados. Sant 5, 14-15

PEREZA
Todo lo que puedas hacer, hazlo en tu (pleno) vigor, porque no hay en el sepulcro, adonde vas, ni obra, ni razón, ni ciencia,
ni sabiduría. Eclo 9, 10.
Los deseos matan al haragán, porque sus manos no quieren trabajar. Prov 21, 25.
Respondióle su amo: Siervo malo y haragán, ¿conque sabias que yo quiero cosechar donde no sembraste y recoger donde no
esparciste? Mt 25, 16.
La mano perezosa empobrece, la diligente enriquece. Prov 10, 4.
Ve, ¡oh perezoso!, a la hormiga; mira sus caminos y hazte sabio. No tiene juez, ni inspector, ni amo. Y se prepara en el
verano su mantenimiento, reúne su comida al tiempo de la mies. O ve a la abeja y aprende cómo trabaja y produce rica labor,
que reyes y vasallos buscan para sí y todos apetecen, y, siendo como es pequeña y flaca, es por su sabiduría tenida en mucha
estima. ¿Hasta cuándo, perezoso, acostado? ¿Cuándo despertarás de tu sueño? Prov 6, 6-9.
Por eso vendrá sobre él de improviso la ruina y será quebrantado súbitamente y sin remedio. Prov 6, 15.
Pasé junto al campo del perezoso y junto a la viña del insensato. Y todo eran cardos y ortigas que habían cubierto su haz, y
su albarrada estaba destruida. Prov 24, 30-3 1.
La mano laboriosa señorea; la perezosa se hace tributaria. La angustia del corazón deprime al hombre, mas una palabra buena
le alegra. Prov 12, 24-25.
Todavía os exhortamos, hermanos, a progresar más, y a que os esforcéis por llevar una vida quieta, laboriosa, en vuestros
negocios y trabajos con vuestras manos, como os lo hemos recomendado. I Tes4, 11.
Y mientras estuvimos entre vosotros, os advertíamos que el que no quiere trabajar que no coma. 2 Tes 3, I 0.

PERSEVERANCIA
Corríais bien, ¿quien os ha impedido obedecer a la verdad? Esa sugestión no procede de quien os llamó. Cal 5,7.
Y me saco de una horrible hoya, de fangosa charca. Y afirmó mis pies sobre roca, y afirmó mis pasos. Sal. 39, 3.
El que persevere hasta el fin, ése será salvo. Mt 10, 22.
Nadie que, después de haber puesto la mano sobre el arado, mire atrás, es apto para el reino de Dios. Lc 9, 62.
Busca a Yahvé y su poder, busca siempre su rostro. Sal 104, 4.
Cada uno permanezca en el estado en que fue llamado. I Cor 7, 20.
Yo estaré de pie en mi puesto de guardia, en pie permaneceré sobre la fortaleza, y me mantendré alerta (...). Hab 2, 1.
Así pues, hermanos míos amados, manteneos firmes, inconmovibles, abundando siempre en la obra del Señor, teniendo siempre
presente que vuestro trabajo no es en vano en el Señor. I Cor 15, 58.
No nos cansemos de hacer el bien, que a su tiempo cosecharemos, si no desfallecemos. Cal 6, 9.
Porque hemos sido hechos participes de Jesucristo, en el supuesto de que hasta el fin conservemos la firme confianza del
principio. Heb 3, 14.
¿No sabíais que los que corren en el estadio todos corren, pero uno sólo alcanza el premio? Corred, pues, de modo que lo
alcancéis. Y quien se prepara para la lucha, de todo se abstiene, y eso para alcanzar una corona corruptible; mas nosotros,
para alcanzar una incorruptible. I Cor 9, 24-25.
Mirad por vosotros, no vayáis a perder lo que habéis trabajado (...) 2Jn 8.
He combatido el buen combate, he terminado mi carrera, he guardado la fe. Por lo demás, ya me está preparada la corona de la
justicia que me otorgara aquel día el Señor, justo juez, y no sólo a mi, sino a todos los que esperan su manifestación. 2 Tim
4, 7.
Nada temas por lo que tienes que padecer. Mira que el diablo os va a arrojar a algunos en la cárcel para que seáis probados,
y tendréis una tribulación de diez días. Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida. Apoc 2, 10.
Guarda bien lo que tienes, no sea que otro se lleve tu corona. Al vencedor yo le haré columna en el templo de mi Dios, y no
saldrá ya jamás fuera de él, y sobre él escribiré el nombre de Dios. Apoc. 3, 11.
Al que venciere le haré sentarse conmigo en mi trono (...). Apoc 3, 21.
Considera, pues, de dónde has caldo, y arrepiéntete, y practica las obras primeras (...). Apoc 2, 5.

PIEDAD
Cuanto a fábulas profanas y a los cuentos de viejas, deséchalos. Ejercítate en la piedad, porque la gimnasia corporal es de
poco provecho; pero la piedad es útil para todo y tiene promesas para la vida presente y para la futura. Tim 4, 7-8.
Que no habéis recibido el espíritu de siervos para recaer en el temor, antes habéis recibido el espíritu de adopción, por el
que clamamos: ¡Abba! ¡Padre!. Rom 8, 15.
Mas los primeros fueron hombres piadosos, cuya justicia no cayó en el olvido. Eclo 44, 10.
Pues si todo de este modo ha de disolverse, ¿cuáles debéis ser vosotros en vuestra santa conducta y en vuestra piedad,
esperando y acelerando el advenimiento del día de Dios, cuando los cielos, abrasados, se disolverán y los elementos, en
llamas, se derretirán? 2 Pdr 3, 1112.
Pero tú, hombre de Dios, huye de estas cosas y sigue la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la paciencia, la mansedumbre.
I Tim 6, 11.

PREDICACION
Exhortación a escuchar la palabra de Dios: Mc 4, 9-23; Lc 8, 14-15.
Nuestro Señor tiene palabras de vida eterna: Jn 6, 69.
La palabra de Nuestro Señor es espíritu y vida; ella da la vida: obra lo que dice: Jn 6, 64.
El don de lenguas: 1 Cor 14.
El Evangelio es la palabra de la verdad: Ef 1,13.
Dignidad de los predicadores: 1 Cor 3, 8-9; 4,1.
El Sacerdote es puesto para beneficio de los hombres: Hebr 5, 1-4.
El predicador debe combatir las malas doctrinas: 1 Tim 1, 3-20.
Necesidad de la predicación: Rom 10, 14.
El predicador no debe tratar de agradar a los hombres, sino sólo a Dios: 2Cor 4, 5; 1 Tes 2,4.
Comete un crimen el que profana la palabra de Dios: 2 Cor 2, 17.
El predicador debe sacar de la doctrina revelada en el Antiguo y Nuevo Testamento la ciencia necesaria: 2 Tim 3, 16-17.
Los predicadores del Evangelio son cooperadores de Dios: 1 Cor 3, 4-9.
Su responsabilidad personal: 1 Cor 3, 10-11.
Serán juzgados en el día del juicio por su predicación: 1 Cor 3, 10-16.
Los predicadores son ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios: 1 Cor 4, 1-2.

PREMIO
Alegraos y regocijaos porque es muy grande la recompensa que os aguarda en los cielos. Mt 5, 12; 10, 4 1-42.
Quien haya dejado casa o hermanos (...) por causa de mi nombre recibirá cien veces más, y poseerá la vida eterna. Mt 19, 29;
Mc 10, 30.
Cada uno recibirá su salario a la medida de su trabajo. 1 Cor 3, 8.
Es preciso que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba el pago debido a las buenas o las
malas acciones que haya hecho mientras estaba revestido de su cuerpo. 2 Cor 5, 10; Cfr. Rom 2, 5-6.
Mi única mira es (...) ir corriendo hasta la meta para ganar el premio que Dios me tiene preparado. Flp 3, 13-14.
Bienaventurado aquel que sufre la tentación, porque después que fuere probado recibirá la corona de la vida que Dios ha
prometido a los que le aman. Sant 1, 12.
Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida. Apoc 2, 10.
Recompensa a los que tengan fe: Mt 17,. 19,
Recompensa a los cansados y agobiados que acudan al Señor: Mt 11, 28. y
Recompensa a los que tornen su yugo y le sigan: Mt 11, 28-30.
Recompensa a quienes pierdan la vida por amor suyo: Mt 10, 39.
Recompensa a los humildes: Mt 18, 4.
Recompensa a quienes hayan socorrido a los necesitados: Mt 25, 34-40; Le 14, 14.
Recompensa a quienes asistan a sus discípulos: Mt 10, 40-42.
Recompensa a quienes practican y enseñan los mandamientos: Mt 5, l9.
Recompensa a quienes perdonan las ofensas: Mt 6, 14.
Recompensa a quienes piden con perseverancia: Mt 7,7-11.
Recompensa a quienes padecen persecución: Mt 10, 19-22.
Recompensa a quienes le sigan: Jn 8, 12; 31-.32; 10, 9.
Recompensa a quienes le confiesen delante de los hombre: Mt 10, 28-33.
Recompensa a quienes son generosos: Lc 6, 38; 16, 9.
Recompensa a quienes son dóciles a sus enseñanzas: Jn 10, 28-29.
Recompensa a quienes perseveren hasta el fin: Mt 24, 13.

PRESENCIA DE DIOS
¡La voz de mi amado! Vedle que llega, saltando por los montes, triscando por los collados. Cant 2, 8.
Pues sus ojos (están fijos) sobre los caminos del hombre, y contemplan todos sus pasos... Job 34, 21.
Mis ojos siempre están en Yavé, porque es quien saca mis pies de la red. Sal 24, 15.
Tengo siempre a Yavé ante mi, porque está a mi diestra, no me moveré. Sal 15, 8.
Los que teméis al Señor preparad el corazón y humillaos ante El. Eclo 2, 20.
Yo estaré con vosotros siempre hasta la consumación del mundo. Mt 28, 20.
Siendo Abram de noventa y nueve años, se le apareció Yavé y le dijo: Yo soy El - Saddai; anda en mi presencia y sé perfecto.
Gen 17, 1.
Elohim, tu eres mi Dios; a ti te busco solicito; sedienta de ti está mi alma; mi carne languidece en pos de ti como tierra
árida, sedienta, sin agua. Sal 63, 2.
Como (están atentos) los ojos del siervo a las manos de su señor, como los ojos de la esclava a la mano de su señora, así (se
alzan) nuestros ojos a Yavé, nuestro Dios, para que se compadezca de nosotros. Sal 123, 2.
Por cuanto que El nos eligió antes de la constitución del mundo para que fuésemos santos e inmaculados ante El en caridad. Ef
I, 4.
Salte de júbilo el campo y cuanto hay en él, y exulten todos los árboles de la selva ante la presencia de Yavé que viene a
juzgar la tierra. Regirá el orbe con justicia, y a los pueblos con equidad. Sal 96, 12-13.

PROVIDENCIA
Se extiende poderosa su mano del uno al otro extremo, y lo gobierna todo con suavidad. Sab 8, 1.
Por eso os digo: no andéis preocupados por vuestra vida: qué vais a comer; o por vuestro cuerpo: con que os vais a vestir. En
efecto, la vida vale más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido. Fijaos en los cuervos: no siembran ni siegan, no
tienen despensa y granero, pero Dios los alimenta. ¡ Cuánto mas valéis vosotros que las aves! ¿Quién de vosotros, por más que
cavile, puede añadir un codo a su estatura? Si no podéis hacer ni lo más pequeño, ¿por qué os preocupáis por las demás cosas?
Contemplad los lirios, cómo crecen, no se fatigan ni hilan, pero yo os digo que ni Salomón en toda su gloria pudo vestirse
como uno de ellos. Y si Dios viste así la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, ¡cuánto más a vosotros,
hombres de poca fe! Así, vosotros no andéis buscando qué comer o qué beber, y no estéis inquietos. Por todas esas cosas se
afanan los paganos. Bien sabe vuestro Padre que necesitáis de ellas. Buscad más bien el Reino de Dios y su justicia, y esas
cosas se os darán por añadidura. Lc 12, 22-31.
Echad sobre El todos vuestros cuidados, puesto que cuida de vosotros. I Pdr 5, 7.
Echa sobre Yavé el cuidado de ti, y El te sostendrá, pues no permitirá jamás que el justo vacile. Sal 54, 23.
Dios sabe la necesidad que tenemos de las cosas; busquemos el reino de Dios y su justicia y todas las demás cosas se nos
darán: Mt 6, 32-33; Lc 12, 31.
Dios, que provee de simiente al sembrador, os dará también pan que comer y multiplicara vuestra sementera. 2 Cor. 9, 10.
Dios dice: No te desampararé ni te abandonaré. Podemos animosamente decir: El Señor es quien me ayuda, no temeré cosa alguna
que hagan contra mi los hombres. Hebr 13, 5-6.
Pero tú, Señor de la fuerza, juzgas con benignidad, y con mucha indulgencia nos gobiernas, pues tienes el poder en la mano.
Sab 12, 13-18.
Cuando os entreguen, no os preocupe como o qué hablaréis, porque se os dará en aquella hora lo que debéis decir. Mt 10, 19.
El ha hecho al pequeño y al grande y cuida igualmente de todos. Sab 6, 8.
Todo lo dispusiste con medida, número y peso. Sab 11. 21.
Uno se dispone a navegar, se dispone a atravesar por las furiosas ondas, e invoca a un leño más frágil que la nave que le
lleva. Pues ésta fue inventada por la codicia del lucro y fabricada con sabiduría por un artífice. Pero tu providencia,
Padre, la gobierna, porque tú preparaste un camino en el mar, y en las ondas senda segura. Sab 14, 1 -3.
El es quien da a todos la vida, el aliento y todas las cosas. Hech 17, 25.

PRUDENCIA
El fin de todas las cosas se va acercando; por tanto, sed prudentes y velad en oración. 1 Pdr 4, 7.
Los hijos de este siglo son en sus negocios más prudentes que los hijos de la luz. Lc 16, 8.
Por las riquezas de su gracia, que con abundancia ha derramado sobre nosotros, nos ha colmado de toda sabiduría y prudencia.
Ef 1, 7-8.
No queráis juzgar por las apariencias, sino juzgad por un juicio recto. Jn 7, 24.
Si nos juzgáramos rectamente, no seríamos juzgados. 1Cor 11, 31.
Mirad, hermanos, que andéis con gran circunspección: no como necios, sino como prudentes; recobrando el tiempo, porque los
días son malos. Ef 5, 15-16.
Mientras tenemos tiempo obremos bien. Gál 6, 10; porque la escena de este mundo pasa. 1 Cor 7, 31.
La prudencia de la carne es muerte, mientras que la prudencia del espíritu es vida y paz. Rom 8, 6.
Así está escrito: destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé la prudencia de los prudentes. 1 Cor 1, 19.
Os envío como ovejas en medio de los lobos; sed, pues, prudentes como serpientes y sencillos como palomas. Mt 10, 16.
Traza el corazón del hombre sus caminos, pero es Yavé quien dirige sus pasos. Prov 16, 9.
Donde no hay gobierno el pueblo va a la ruina, en la abundancia del consejo está la salvación. Prov 11, 14.
Con la sabiduría se edifica la casa y con la prudencia se afirma. Prov 24, 3.
Hace más el sabio que el valiente, el hombre de ciencia más que el fuerte. Prov 24, 5.
Mejor adquirir sabiduría; no la olvides, no te apartes de los dichos de mi boca. Pro v.28, 15.
Fuente de vida es la cordura para quien la tiene, y es castigo del necio la necedad. Prov 16, 22.
Pues la prudencia vale más que las perlas, y cuanto hay de codiciable no puede comparársele. Prov
8,11.
El corazón del sabio hace prudente su boca, y sobre sus labios crece la persuasión. Prov 16, 23.

PURGATORIO
(Judas Macabeo) mandó hacer una colecta en las filas, recogiendo hasta dos mil dracmas, que envió a Jerusalén para ofrecer
sacrificios por los pecados (...) Obra santa y piadosa es orar por los muertos. Por eso hizo que fuesen expiados los
difuntos: para que fuesen absueltos de los pecados. 2 Mac 12, 43-46.
En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que pagues el último centavo. Mt 5, 26.
Con las riquezas injustas haceos amigos para que, cuando éstas falten, os reciban en los eternos tabernáculos. Lc 16, 9.
Haz gracia a todo viviente, y al muerto no le niegues tu benevolencia. Eclo 7, 37.
Y sucederá que en toda la tierra serán exterminados los dos tercios, y perecerán, pero será preservado un tercio. Yo pondré
al fuego este tercio, y lo fundiré como se funde la plata, y lo acrisolaré como se acrisola el oro. Zac 13, 9.
(...) y luego enseguida vendrá a su templo el Señor, a quien buscáis, y el Angel de la alianza que deseáis. He aquí que
llega, dice Yahvé de los ejércitos, y ¿quién podrá soportar el día de su venida? ¿Quién podrá mantenerse firme cuando
aparezca? Porque será como fuego de fundidor y como lejía de batanero, y se pondrá a fundir y a depurar la plata y a
purificar a los hijos de Leví, y los acrisolará como al oro y a la plata (...) Mal 3, 1 -3.
Y serán encerrados presos en la mazmorra, encarcelados en la prisión, y después de muchos días serán visitados. Is 24, 22.
Habré de soportar la ira de Yahvé, porque pequé contra El, hasta que juzgue mi causa y me haga justicia. Miq 7, 9.
Saca mi alma de la cárcel para que pueda alabar tu nombre. Me rodearán los justos en corona cuando te hayas mostrado propicio
hacia mi. Sal 141, 8.

PURIFICACION
Lávame enteramente de mi iniquidad, y límpiame de mi pecado. Sal 50, 4.
Lavaos, limpiaos, quitad de ante mis ojos la iniquidad de vuestras acciones. Dejad de hacer el mal. Is 1, 16.
Cuando lave el Señor la inmundicia de las hijas de Sión, limpie en Jerusalén las manchas de sangre al viento, al viento de la
devastación. Is 4, 4.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Mt 5, 8.
Respondió Jesús: En verdad, en verdad te digo que quien no renaciere del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de
los cielos. Jn 3, 5.
Jesús les dijo: El que se ha bañado no necesita lavarse, está todo limpio; y vosotros estáis limpios, pero no todos. Jn 13,
10.
Porque se ha manifestado la gracia salutífera de Dios a todos los hombres, enseñándonos a negar la impiedad y los deseos del
mundo, para que vivamos sobria, justa y piadosamente en este siglo con la bienaventurada esperanza en la manifestación
gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Cristo Jesús, que se entregó por nosotros para rescatarnos de toda iniquidad y
purificar para si un pueblo propio, celador de buenas obras. Tit 2, 1 1-14.
No por las obras justas que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, nos salvó mediante el lavatorio de la
regeneraci6n y renovación del Espíritu Santo. Tit. 3, 5.
Pero si andamos en la luz, como El está en la Luz, entonces estamos en comunión unos con otros y la sangre de Jesús, su Hijo,
nos purifica de todo pecado. Si dijéramos que no tenemos pecado, nos engañaríamos a nosotros mismos y la verdad no estarla en
nosotros. Si confesamos nuestros pecados, fiel y justo es El para perdonarnos y limpiarnos de toda iniquidad. I Jn 1, 7-9.
Porque todo lo que hay en el mundo, concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y orgullo de la vida, no viene del
Padre, sino que procede del mundo. I Jn 2, 16.
(...) Jesucristo, el testigo veraz, el primogénito de los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra. El que nos ama, y
nos ha absuelto de nuestros pecados por la virtud de su sangre. Apoc 1, 5.
Le respondí: Señor mío, eso tú lo sabes. Y me replico: Estos son los que vienen de la gran tribulación, y lavaron sus túnicas
y las blanquearon en la sangre del Cordero. Apoc 7, 14.
Bienaventurados los que lavan sus túnicas para tener derecho al árbol de la vida y a entrar por las puertas que dan acceso a
la ciudad. Apoc 22, 14.

RECOGIMIENTO
En la boca de los necios está su corazón; y el corazón de los sabios es su boca. Eclo 21, 29
El sabio se calla hasta el momento oportuno; el necio no sabe guardar su tiempo. Eclo 20, 7.
En toda labor hay fruto; pero la charlatanería empobrece. Prov 14, 23.
En el mucho charlar no falta el pecado, el que refrena sus labios es sabio. Prov 10, 19.

RECTITUD DE INTENCION
Estad atentos a no hacer vuestra justicia delante de los hombres para que os vean; de otra manera no tendréis recompensa ante
vuestro Padre, que está en los cielos. Mt .6, 1.
Ya comáis, ya bebáis o ya hagáis alguna cosa, hacedlo todo para gloria de Dios. I Cor 10, 31.
Buscad a Yavé y su poder, buscad siempre su rostro. Sal 104, 4.
El sabio tiene ojos en la frente y el necio anda en tinieblas. Ecle 2, 14.
Crea en mi ¡Oh Dios! un corazón puro, y renueva dentro de mi un espíritu recto. Sal. 50, 12.
Siervos obedeced (...), no sirviendo al ojo, como buscando agradar al hombre, sino como siervos de Cristo, que cumplen de
corazón la voluntad de Dios. Ef 6, 5.
Cuando des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna sea oculta, y el Padre que ve lo oculto,
te premiará. Mt 6, 3.
La lámpara del cuerpo es el ojo, si tu ojo estuviese sano, todo tu cuerpo estará luminoso, pero si tu ojo estuviese enfermo,
todo tu cuerpo estará en tinieblas. Mt 6, 22.
Me hubiera avergonzado de pedir al rey una escolta y caballería para protegernos del enemigo durante el camino, pues hablamos
dicho al rey: "La mano de nuestro Dios está para bien de los que le buscan" Esd 8, 22.
Honra al Dios de tu hacienda, da las primicias de todos los frutos. Y estarán llenas tus trojes y rebosará de mosto tu lagar.
Prov 3, 9-10.
Que si las primicias son santas también la masa, si la raíz es santa, también las ramas. Rom 11, 16.
Jesús les dijo: Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y acabar su obra. Jn 4, 34.
Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Lc 2, 14.
Ahora, pues, en los cielos está mi testigo y allá arriba está mi fiador. Job 16, 19.
No alleguéis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín los corroen y donde los ladrones horadan y roban. Atesorad
tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín los corroen y donde los ladrones no horadan ni roban. Donde está tu
tesoro allí estará tu corazón Mt 6, 19.
Allí buscaréis a Yavé, vuestro Dios, y le hallarás y con todo tu corazón, y con toda tu alma le buscarás. Dt 4, 29.
Lo verán los afligidos y se alegrarán, y que viva vuestro corazón, los que buscáis a Dios. Sal. 68, 33.
Pero los justos viven para siempre, y su recompensa está en el Señor, y el cuidado de ellos en el Altísimo. Sab 5, 15.

REDENCION
Dios no reprueba positivamente a nadie; Nuestro Señor murió para salvar a todos los hombres: Rom 3, 23-24; 5, 6-9; 2 Cor 5,
15; 1 Tim 2; 1 Jn 2, 2.
Los "vasos de ira dispuestos para la perdición" (Rom 9, 22) representan a todos los hombres, porque todos los hombres hemos
pecado: Rom 3,20, 23; 11, 32; pero Dios quiere hacer misericordia con todos: Rom 11, 32.
Dios tiene tesoros de misericordia aun para los que voluntariamente han despreciado su gracia: Rom 2, 4; 10, 20.
Dios llama a todos los hombres: Rom 1, 5.
Mortifiquemos nuestro cuerpo para no ser reprobados: 1 Cor 9, 27.
Nadie es forzado a pecar, porque el Señor no permite que seamos tentados sobre nuestras fuerzas: 1 Cor 10, 12-13.
Los que se pierden no tienen disculpa: Rom 1, 19-23.
Todos los hombres somos pecadores: Rom 3, 1-19.
Todos reciben gracias suficientes para no pecar: Rom 1, 21-23.
Dios hace misericordia a quien quiere: Rom 9, 18, 25-29.
San Pablo teme ser reprobado, y por esto no quiere parar en su camino hacia Dios y castiga su cuerpo para reducirlo a
esclavitud: 1 Cor 9, 26-27.
Incertidumbre de la salvación: 1 Cor 10, 12.
Dios quiere salvar a todos los hombres: 1 Tim 2, 4.
Los llamamientos de Dios: Hebr 12, 25-29.
Nuestra reprobación, si nos perdemos, será obra nuestra; Dios no ha puesto en nosotros ninguna cosa mala y no tienta a nadie:
Sant 1, 13-18.
No serán reprobados los que libran a un alma del infierno: Sant 5, 19-20.

ROMANO PONTIFICE
Era Andrés, el hermano de Simón Pedro, uno de los que oyeron a Juan y le siguieron. Encontró él luego a su hermano Simón y le
dijo: Hemos hallado al Mesías, que quiere decir el Cristo. Le condujo a Jesús, que, fijando en él la vista, dijo: Tú eres
Simón, el hijo de Juan; tú serás llamado Cefas, que quiere decir Pedro. Jn 1, 40-42.
Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del
hombre? Ellos contestaron: Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías u otro de los profetas. Y El les
dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Tomando la palabra Simón Pedro, dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Y
Jesús, respondiendo, dijo: Bienaventurado tú, Simón Bar Jona, porque no es la carne ni la sangre quien esto te ha revelado,
sino mi Padre, que está en los cielos. Y yo te digo a ti que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré yo mi iglesia, y
las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos, y cuanto desatares en la
tierra será desatado en los cielos, y cuanto desatares en la tierra será desatado en los cie- 4 los. Mt 16, 13-19.
Simón, Simón, Satanás os busca para ahecharos como trigo; pero yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe, y tú, una
vez convertido, confirma a tus hermanos. Lc 22, 31-32.
Cuando hubieron comido, dijo Jesús a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? El le dijo: Sí, Señor, tú
sabes que te amo. Díjole: Apacienta mis corderos. Por segunda vez le dijo: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro le respondió:
Si, Señor, tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. Por tercera vez le dijo: Simón, hijo de Juan, ¿me amas?
Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntase: ¿Me amas? Y le dijo: Señor tú lo sabes todo, tú sabes que te amo.
Díjole Jesús: Apacienta mis ovejas. Jn 21, 15-17.

SABIDURIA
Dios la otorga a Salomón: 2 Re 3, 4-14.
Falsos sabios: Jer 8, 7-12.
El temor de Dios, principio de la sabiduría: Eclo 1, 11-40. 8,1-11.
Elogio de la sabiduría: Eclo 1, 1-10; 24,1-13.
El sabio y el necio: Eclo 14, 22-27 ; 15, 1-10.
Exhortación de la sabiduría: Prov 1, 20-33.
Excelencias de la sabiduría: Prov 2, 1-93, 13-20; 8, 12-21.
La sabiduría aparta de las malas compañías: Prov 2, 10-22.
Invitación a la sabiduría: Prov
La sabiduría en la creación: Prov 8, 22-36.
El banquete de la sabiduría: Prov 9, 1-6.
La necedad: Prov 9, 13-18.
La sabiduría, propia del corazón prudente: Prov 18, 16.
Origen y naturaleza de la divina sabiduría: 1 Cor 2, 7-9.
Medios por los cuales Dios comunica la divina sabiduría a los predicadores del Evangelio: 1 Cor 2, 10-12.
Qué debe hacer el que quiere poseer la sabiduría divina: 1 Cor 3, 18-21
La sabiduría divina debe predicarse con lenguaje espiritual: 1 Cor 2, 13-16.

SACERDOCIO
Es preciso que los hombres vean en nosotros a los ministros de Cristo y a los administradores de los misterios de Dios.! Cor
4, 1.
Con toda tu alma honra al Señor y reverencia a los sacerdotes. Eclo 7, 31.
Los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría y de su boca ha de salir la doctrina, porque es un enviado de Yavé de
los ejércitos. Mal 2, 7.
Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por sus ovejas. Jn 10, 11.
Apacentad el rebaño de Dios que os ha sido confiado, gobernando no por fuerza, sino espontáneamente, según Dios; no por
sórdido lucro, sino con prontitud de ánimo.1Pdr 5, 2.
Sed santos para mí, porque yo, Yavé, soy santo, y os he separado de las gentes para que seáis míos. Lev 20, 26.
Entre todos los vivientes le escogió el Señor para presentarle las ofrendas, el incienso y el aroma en memorial, y hacer
expiación por su pueblo. Eclo 45, 20.
Pues todo pontífice tomado de entre los hombres, en favor de los hombres es instituido para las cosas que miran a Dios, para
ofrecer ofrendas y sacrificios por los pecados. Heb 5, 11
Pero vosotros sois linaje escogido, sacerdocio regio, gente pueblo adquirido para pregonar excelencias del que os llamó de
las ti nieblas a su luz admirable.1Pdr 2,
El que a vosotros oye, a mi me oye, y el que a vosotros desecha a mí me desecha, y el que me desecha a mi desecha al que me
envió. Lc 10, 16

SACRAMENTOS
Bautismo
En verdad te digo que quien no renaciere del agua y del Espíritu Santo no puede entrar en el reino le Dios. Jn 3, S.
Yo (Juan Bautista) os he bautizado con agua, más (Jesús) os bautizará con el Espíritu Santo. Mc 1, 8; Mt 3, 2; Jn 1, 33.
Id pues y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Mt 28, 19; Mc
16, 15-16.
Jesús fue con sus discípulos a la Judea, y allí moraba con ellos y bautizaba. Jn 3, 22; Jn 4, 2.
Llegaron (Felipe y el Eunuco) a un paraje en que había agua, y dijo el Eunuco: Aquí hay agua, ¿qué me impide el ser
bautizado? (...), y bajaron ambos al agua y Felipe le bautizó. Hech 8, 36-38.
Entonces dijo Pedro: ¿Quién puede negar el agua del bautismo a los que, como nosotros, han recibido el Espíritu Santo? Hech
10, 47.
Cristo santificó a su Iglesia, limpiándola en el bautismo del agua con la palabra de vida. Ef 5,26.
Ellos (los Efesios) dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo. Pues ¿con qué bautismo, les replicó (Pablo),
fuisteis bautizados? Hech 19, 2-3.
Luego que creyeron la palabra de Dios que Felipe (diácono) les anunciaba, hombres y mujeres se hacían bautizar. Hech 8, 12.
Todos los que estáis bautizados en Cristo estáis revestidos de Cristo. Ya no hay distinción de judío, ni de griego; ni de
siervo, ni de libre; ni de hombre ni de mujer. Gal 3, 27-28.
El Señor abrió el corazón de Lidia para recibir bien las cosas que Pablo decía, y fue bautizada ella y su familia. Hech 16,
14-1S.
Recibió luego el bautismo, él (el carcelero de Filipos) y toda su familia. Hech 16, 33.
Crispo, Jefe de la Sinagoga, creyó en el Señor con toda su familia, y muchos ciudadanos de Corinto, oyendo a Pablo, creyeron,
y todos fueron bautizados. Hech 18, 8.
Dios nos ha salvado por el Bautismo de regeneración y renovación del Espíritu Santo. Tit 3, S.
Todos los que habéis sido bautizados en Cristo estáis revestidos de Cristo. Gál 3, 27.
En el Bautismo hemos quedado sepultados con Cristo, a fin de que así como Cristo resucitó de muerte a vida (...) así también
nosotros vayamos con nueva vida. Rom 6, 4.
Sea bautizado cada uno de vosotros (...) para remisión de vuestros pecados. Hech 2, 38.
Cristo amó a su Iglesia, y se sacrificó por ella para santificaría, limpiándola con el bautismo del agua con la palabra de
vida. Ef 5,25-26.
Aquellos que recibieron su doctrina fueron bautizados, y se añadieron aquel día (a la Iglesia) cerca de tres mil personas.
Hech 2, 41.
Todos nosotros hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para componer un solo cuerpo.! Cor 12, 13.
Confirmación
Yo voy a enviaros el que mi Padre os ha prometido: entre tanto permaneced en la ciudad, hasta que seáis revestidos de la
fortaleza de lo alto. Lc 24, 49.
Vosotros habéis de ser bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días. Hech 1, S.
El Espíritu Santo aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente estaban bautízados en nombre del Señor
Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo. Hech 8,16-17.
Oído esto se bautizaron (los efesios) en nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles Pablo impuesto las manos descendió sobre ellos
el Espíritu Santo. Hech 19, 5-6.
Eucaristia
Yo soy el pan vivo que he bajado del cielo. Quien comiere este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi misma carne
para la vida del mundo. Ji' 6, 51-52.
Mi carne verdaderamente es comida, y mi sangre verdaderamente es bebida. Quien come mi carne y bebe mi sangre en mi mora y yo
en él. Jn . 6, 56-57.
Estando cenando, tomó Jesús el pan, y lo bendijo, lo partió, y se lo dio a sus discípulos, diciendo: Tomad y comed, éste es
mí cuerpo. Y tomando el cáliz y dando gracias, se lo dio, diciendo: Bebed todos de él, porque ésta es mi sangre del Nuevo
Testamento. Mt 26, 26-28; Mc 14, 22-24; Lc 22, 19-20;1Cor 11, 24-26.
Yo aprendí del Señor (...) que el Señor Jesús, la noche misma en que había de ser entregado, tomó el pan y dijo: Tomad y
comed, éste es mi cuerpo (...) haced esto en memoria mía. Y de la misma manera el cáliz, después de haber cenado, diciendo:
Este cáliz es el Nuevo Testamento en mí sangre: haced esto cuantas veces lo bebiereis, en memoria mía. 1Cor 11, 23-25; Mt 26,
26-28; Mc 14, 22-24 y Lc 22, 19-20.
Quien comiere este pan, o bebiere el cáliz del Señor indignamente, reo será del cuerpo y de la sangre del Señor (...), porque
quien lo come y bebe indignamente se traga y bebe su propia condenación. 1 Cor 11, 27-29.
Si no comiereis la carne del Hijo del hombre y no bebiereis su sangre no tendréis vida en vosotros. Jn 6, 54.
Trabajad para tener no tanto el manjar que se consume, sino el que dura hasta la vida eterna, el cual os dará el Hijo del
hombre. Jn 6, 27.
He venido para que tengan vida y la tengan en más abundancia. Jn 10, 10.
Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el último día. Quien come este pan vivirá
eternamente. Jn . 6, 55-59.
Penitencia
Como mi Padre me envió así os envió yo a vosotros (...). Recibid el Espíritu Santo; quedan perdonados los pecados a aquellos
a quienes los perdonareis y quedan retenidos a quienes se los retuviereis. Jn . 20, 21-23.
Os empeño mí palabra, que todo lo que atareis sobre la tierra será eso mismo atado en el cielo; y todo lo que desatareis
sobre la tierra será eso mismo desatado en el cielo. Mt 18, 18.
Si dijéremos que no tenemos pecado, nosotros mismos nos engañamos (...); pero si confesamos nuestros pecados, fiel y justo es
El para perdonárnoslos y lavarnos de toda iniquidad. I Juan 1, 8-9.
Hijos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; mas si alguno pecare, tenemos por abogado para con el Padre a
Jesucristo, que es la víctima de propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros sino por los de todo el
mundo.! Jn . 2, 1-2.
Orden sacerdotal
Tomad y comed; éste es mí cuerpo que por vosotros será entregado (a la muerte); haced esto en memoria mía (...) Este cáliz es
el Nuevo Testamento en mi sangre; haced esto cuantas veces lo bebiereis en memoria mía.! Cor 11, 24-25.
A mi se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra (...). íd, pues, e instruid a todas las naciones (...)
enseñándolas a observar todas las cosas que yo os he mandado. Mt 28, 18-20.
Los elegidos (para Diáconos) fueron presentados a los Apóstoles, los cuales, haciendo oración, les impusieron las manos. Hech
6, 6.
Habiendo (San Pablo y San Bernabé) ordenado sacerdotes en cada una de las Iglesias, después de oraciones y ayunos, los
encomendaron al Señor. Hech 14, 22.
Te exhorto a que avives la gracia de Dios que reside en ti por la imposición de mis manos. 2 Tim 1, 6.
La causa por la que te dejé en Creta es para que (...) establezcas en cada ciudad presbíteros, conforme yo te prescribí. Tit
1, 6.
Unción De Los Enfermos
Habiendo convocado a los doce, comenzó a enviarlos de dos en dos (...). De esta suerte salieron a predicar (...) y lanzaban
muchos demonios, y ungían a muchos enfermos con óleo y los sanaban. Mc 6.12-13.
¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia y oren por él, ungiéndole con el óleo en el nombre
del Señor, y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor le aliviará, y si se halla con pecados se le perdonarán. Sant
5, 14-15.
Matrimonio
Dejará el hombre a su padre y a su madre, y se juntará con su mujer y serán los dos una carne. Sacramento es este grande,
hablo con respecto a Cristo y a la Iglesia. Ef 5, 31-32.
Vosotros, esposos, amad a vuestras mujeres así como Cristo amó a su Iglesia y se sacrificó por ella para santificaría. Ef 5,
2S.
Jesús les dijo: ¿No sabéis que Aquel que al principio crió al linaje humano crió un hombre y una mujer y dijo: Dejará el
hombre a su padre y a su madre y se unirá con su mujer, y serán los dos una sola carne? Mt 19, 4-5; Mc 10, 6-8.
Viva cada uno con su mujer, y cada una con su marido. 1 Cor7, 2.
Cualquiera que desechase a su mujer y tomare otra, comete un adulterio contra ella. Y si la mujer se aparta de su marido y se
casa con otro, es adúltera. Mc 10, 11-12; Mt 19, 9.
Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra comete adulterio; y lo comete también el que se casa con la repudiada
por su marido. Lc 16, 18.
Una mujer casada está ligada por la ley (del matrimonio) al marido, mientras éste vive (...), pero si el marido muere, queda
libre del vinculo y puede casarse con otro sin ser adúltera. Rom 7, 2-3; 1Cor 7, 39.
A las personas casadas mando, no yo, sino el Señor, que la mujer no se separe del marido; que si se separa, no pase a otras
nupcias o bien reconcíliese con su marido. Ni tampoco el marido repudie a su mujer. 1Cor 7, 10-11

SAGRADA ESCRITURA
¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras, más que la miel para mi boca! Sal 118, 103.
Todo cuanto está escrito, para nuestra enseñanza fue escrito, a fin de que por la paciencia y por la consolación de las
Escrituras estemos firmes en la esperanza. Rom 15, 4.
La palabra de Dios es viva y eficaz, y más tajante que una espada de dos filos, y penetra hasta la división del alma y del
espíritu, hasta las coyunturas y la médula, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Heb 4, 12.
Yo les he comunicado las palabras que Tú me diste, y ellos ahora las han recibido, y conocieron verdaderamente que Yo salí de
Ti y creyeron que Tu' me has enviado. Jn 17, 8.
(...) El les dijo: Dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios y la ponen en práctica. Lc 11, 28.
El que es de Dios oye las palabras de Dios; por eso vosotros no las oís, porque no sois de Dios. Jn 8, 47.
Poned, pues, en vuestro corazón y en vuestra alma las palabras que Yo os digo; atadlas a vuestras manos para recordarlas y
ponedlas como frontal ante vuestros ojos. Dt 11, 18.
(...) os hago saber, hermanos, que el evangelio por mí predicado no es de los hombres. Gal 1, 11.
El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene ya quien le juzgue: la palabra que yo he hablado, ésa le juzgará en el
último día. Jn 12, 48.
(...) el que escucha estas palabras y no las pone por obra, será semejante al necio, que edificó su casa sobre arena. Mt 7,
26.
(...) recibid con mansedumbre la palabra injertada en vosotros, capaz de salvar vuestras almas. Ponedla en práctica y no os
contentéis sólo con oírla (...), pues quien se contente con sólo oír la palabra, sin practicarla, será semejante al varón que
contempla en un espejo su rostro, y apenas se contempla, se va y al instante se olvida de cómo era. Sant 1, 21-24.
Vienen días, dice Yahvé, en que mandaré yo sobre la tierra hambre, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra
de Yahvé (...) Am 8, 11.
Y tenemos aún algo más firme, a saber: la Palabra, a la cual hacéis muy bien en atender, como a lámpara que luce en lugar
tenebroso, hasta que luzca el día y el lucero se levante en vuestros corazones. 2 Pdr 1, 19.
Tu palabra es para mis pies una lámpara, la luz de mi sendero. Sal 118, 105.
Toda la palabra de Dios es acrisolada, es el escudo de quien en El confía. Prov 30, S.
Tomad el yelmo de la salvación y la espada del espíritu, que es la palabra de Dios. Ef 6, 17.

SAN JOSE
El patriarca, figura de S. José. "íd a José y haced todo lo que él os diga": Gen 41, 55.
Y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. Mt 1, 16.
José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y de
la familia de David. Lc 2, 4.
Fueron con presteza y encontraron a María, a José y al Niño acostado en un pesebre. Lc 2, 16.
Partido que hubieron, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre y huye
a Egipto, y estáte allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo". Levantándose de noche, tomó
al niño y a la madre y se retiró hacia Egipto, permaneciendo allí hasta la muerte de Herodes, (...) Muerto ya Herodes, el
ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto: Mt 2, 13-15, 19.
Cuando sus padres le vieron, quedaron sorprendidos, y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué has obrado así con nosotros? Mira que
tu padre y yo, apenados, andábamos buscándote. Y El les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que es preciso que me ocupe
en las cosas de mi Padre? Ellos no entendieron lo que les decía. Bajó con ellos, y vino a Nazaret, y les estaba sujeto (...)
Lc 2,48-51.
Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Pues cómo dice ahora: Yo he bajado del
cielo? Jn . 6, 42.

SANTIDAD
(...) quien ha empezado en vosotros la buena obra, la llevará a cabo hasta el día de la venida de Nuestro Señor Jesucristo.
Flp 1, 6.
(...) Mas Dios, dador de toda la gracia, que nos llamó a su eterna gloria, El mismo os perfeccionará, fortificará y os
consolidará. l Pdr 5, 10.
Llegado en poco tiempo a la perfección, vivió una larga vida. Sub4, 13.
Anda en mi presencia y sé perfecto. Gen 17, 1.
Sed pues, perfectos, como perfecto es vuestro Padre celestial. Mt 5, 48.
En el amor no hay temor, pues el amor perfecto desecha el temor; porque el temor supone castigo, y el que teme no es perfecto
en el amor. 1 Jn 4, 18.
Yo he venido para que tengan vida, y la tengan abundante. Jn 10, 10.
Pero el que guarda su palabra, en ése la caridad de Dios es verdaderamente perfecta. En esto conocemos que estamos en El. 1
Jn 2, 5.
Sí quieres ser perfecto, ve, vende cuanto tienes dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos, y ven y sígueme. Mt
19, 21.
Sed santos para mí, porque yo, Yavé, soy santo, y os he separado de las gentes para que seáis míos. Lev 20, 26.
Por cuanto que en El nos eligió antes de la constitución del mundo para que fuésemos santos e inmaculados ante El en caridad.
Ef 1, 4.

SERVIR A DIOS
El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, vino a servir y a dar su vida en rescate por muchos. Mt 20, 28.
Sabiendo que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas y que había salido de Dios y a El volvía, se levantó de la
mesa, se quitó los vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó; luego echó agua en la jofaina, y comenzó a lavar los pies de
los discípulos y a enjugárselos con una toalla que tenía ceñida. Jn 13, 3-5.
Cuando les hubo lavado los pies, tomando sus vestidos Y Poniéndose de nuevo en la mesa, les dijo: ¿Entendéis lo que he hecho
con vosotros? Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y decís bien, porque de verdad lo soy. Si yo, pues, os he lavado los pies,
siendo vuestro Señor y Maestro, también habéis de lavaros vosotros los pies unos a otros. Jn 13, 12-15.
En verdad, en verdad os digo: No es el siervo mayor que su señor, ni el enviado mayor que quien le envía. Jn 13, 16.
Hermanos míos, continuad firmes y constantes, trabajando siempre más y más en la obra del Señor, sabiendo que nuestro trabajo
no es inútil a los ojos de Dios. 1 Cor 15,58.
Servid a Yavé con júbilo, venid gozosos a su presencia. Sal 99, 2.
En ti, Señor, está la piedad, pues das a cada uno según sus obras. Sal 61, 13.
Así también vosotros, cuando hiciereis estas cosas que os están mandadas, decid: Somos siervos inútiles; lo que teníamos que
hacer, eso hicimos. Lc 17, 10.
Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mí servidor; si alguno me sirve, mí Padre le honrará.
Jn 12, 26.
El mas grande de vosotros sea vuestro servidor. Mt . 23, 11
Ellos se callaron porque en el camino habían discutido entre si sobre quién seria el mayor. Mc 9,34.
No ha de ser así entre vosotros; antes, sí alguno de vosotros quiere ser grande, sea siervo de todos. Mc 10, 40.

SINCERIDAD
Nuestro Señor aborrece la mentira y la hipocresía: Apoc 22, 1S.
La verdadera caridad es sincera: Rom 12, 9; 1 Cor 13, 5-6.
San Pablo es sincero como Nuestro Señor: pone su conducta de acuerdo con su doctrina: 2 Cor 1, 18-21.
Ser sincero sin temor a desagradar a los hombres: Gal 1, 10.
Todo lo que está oculto será descubierto: Mt 10, 26.
La obediencia debe ser sincera: Ef 6, S.
Atractivo de la sinceridad en medio de la mentira que reina en el mundo: Flp 2, 1S.
San Pablo exhorta a los Colosenses a la sinceridad: Col 3, 8-9.
La sinceridad busca agradar a Dios y no a los hombres: l Tes 2,3-4.
Hagamos todas las cosas con sinceridad y pureza de intención: 1 Tim 5, 21.
Nuestras acciones deben estar de acuerdo con nuestra fe: Sant 1, 19-27; 2, 1-26.
Señales de la auténtica caridad: 1 Jn 2, 3-11; 3, 16-24; 4, 20.
Nuestro Señor desprecia las limosnas, oraciones y ayunos de los hipócritas, por los que no recibirán ninguna recompensa: Mt
6,1-8.
Los hipócritas juzgan severamente a los demás: Mt 7, S.
Indignación de Nuestro Señor contra los que traspasan con astucia y artificio los mandamientos de Dios: Mt 15, 3-9; Mc 7,
9-13.
Testimonio de Nuestro Señor contra ellos: Lc 11, 37-52.
Necedad de los hipócritas; en efecto, todo secreto será descubierto: Lc 12, 1-2.
El diablo es padre de la mentira: Jn 8, 44.

SOBERBIA
La soberbia sólo ocasiona contiendas (...) Prov 13, 10.
¿Qué nos aprovechó la altanería, qué ventaja nos trajeron la riqueza y la jactancia? Sab 5, 8.
Así dice Yavé: Que no se gloríe el sabio de su sabiduría, que no se gloríe el fuerte de su fortaleza, que no se gloríe el
rico de su riqueza. Jer 9, 23.
Las altivas frentes de los hombres serán abatidas y será humillada la soberbia humana, y sólo Yavé será exaltado aquel día.
Is 2, 11.
Asola Yavé la casa del soberbio y afirma los linderos de la viuda. Prov 15, 2S.
La soberbia es odiosa al Señor y a los hombres (...). Eclo 10.7.
Todo lo que hay en el mundo es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida. 1 Jn 2, 16.
El Señor hizo alarde del poder de su brazo, deshizo las miras del corazón de los soberbios. Lc 1, 53.
Quien no abraza las saludables palabras de Nuestro Señor Jesucristo y la doctrina que es conforme a la piedad, es un soberbio
que nada sabe. 1 Tim 6, 3-4.
¿Qué tienes que no hayas recibido? Y silo que tienes lo has recibido, ¿de qué te jactas como si no lo hubieses recibido? 1
Cor 4, 7.
No seamos ambiciosos de vanagloria, provocándonos unos a los otros y recíprocamente envidiándonos. Gal 5, 26.

TEMOR DE DIOS
Temed a Yahvé y servidle con integridad y en verdad (...). Jos 24, 14.
persevera en el temor, pero el de duro corazón caerá en la desventura. Prov 28, 14.
Al que teme al Señor no le saldrá lo malo al encuentro, y aun en las pruebas será librado. Eclo 33, 1.
Engañosa es la gracia, vana la belleza: la mujer que teme a Dios, ésa es de alabar. Prov 31, 30.
Su misericordia se derrama de generación en generación sobre los que le temen. Lc 1, 50.
Yo os mostraré a quién habéis de temer; temed al que, después de haberle dado la muerte (al cuerpo) tiene poder para echarlo
en la gehenna. Si, yo os digo que temáis a ése. Lc 12, S.
¿Quién no te temerá, Rey de las naciones? Pues a ti se te debe el temor, y no hay entre todos los sabios y en todos sus
reinos nadie como tú. Jer 10, 7.
Vi otro ángel que volaba por medio del cielo y tenía un evangelio eterno para pregonarlo a los moradores de la tierra y a
toda nación, tribu, lengua y pueblo, diciendo a grandes voces: Temed a Dios, dadle gloria porque llegó la hora de su juicio.
Apoc 14, 6-7.
Si no te atas fuertemente al temor de Dios, pronto será derribada tu casa. Eclo 27, 3-4.
(...) completando nuestra santificación en el temor de Dios. 2 Cor 7, 1.
Por toda Judea, Galilea y Samaria, la Iglesia gozaba de paz y se fortalecía y andaba en el temor del Señor, llena de los
consuelos del Espíritu Santo. Hech 9, 31.
El grande, el juez y el poderoso son glorificados, pero ninguno de éstos es mayor que el que teme al Señor. Eclo 10, 27.
Bienaventurado el hombre que persevera en el temor, pero el de duro corazón caerá en la desventura. Prov. 28,14
El que teme al Señor no puede estar descuidado, y no se desalentará, porque El es su esperanza. Eclo 34, 16.
El temor del Señor es como un paraíso de bendiciones y como baldaquino sobremanera glorioso. Eclo 40, 28.
Y los supervivientes conocerán que nada hay mejor que el temor del Señor y nada más dulce que atenerse a sus mandamientos.
Eclo 23, 37.
Yahvé nos ha mandado poner por obra todas sus leyes y temer a Yahvé, nuestro Dios, para que seamos dichosos siempre y El nos
conserve la vida, como hasta ahora ha hecho. Dt 6, 24.
Riquezas, honra y vida, son premio de la humildad y del temor de Yahvé. Prov 22, 4.
Temblarán con temor grande, pues Yahvé está con la generación justa. Sal 13, S.
No envidies a los pecadores, antes persevera siempre en el temor de Yahvé. Prov 23, 17.
No temas, hijo; somos pobres, pero rico serás si temes a Dios y te apartas de todo pecado y haces lo que le es grato. Tob 4,
21.
El temor de Yahvé es la confianza del fuerte, y sus hijos en él hallarán refugio. Prov 14, 26.

TEMPLANZA
La semilla caída entre espinas son los que la escucharon, pero los cuidados, las riquezas y los placeres de la vida la
sofocan y nunca llega a dar su fruto. Lc 8, 14.
Perecerán en los vergonzosos desórdenes en que están sumergidos (...) quienes ponen su felicidad en pasar la vida entre
placeres (...) 2 Pdr 2, 12-13.
Se levantarán hombres (...) más amadores de deleites que de Dios, mostrando, así, apariencia de piedad, pero renunciando a su
espíritu. Apártate de ellos. 2 Tim 3, 4 y 5
Andemos decentemente y corno de día, no viviendo en comilonas y borracheras, no en amancebamientos y libertinaje, no en
querellas y envidias, antes vestíos del Señor Jesucristo y no os deis a la carne para satisfacer sus concupiscencias. Rom 13,
13.
No seas insaciable ante cualquier clase de comida, no seas glotón al comer. Eclo 37,32.
El harto pisotea la miel, pero al hambriento le es dulce lo amargo. Prov 27, 7.
¡Ay de vosotros los que ahora estáis hartos, porque tendréis hambres! ¡Ay de vosotros los que ahora reís, porque gemiréis y
lloraréis! Lc 6, 2S.
Vendrá a parar en la miseria el que ama los deleites, y el que ama el vino y los perfumes no se enriquecerá. Prov 21, 17.
¡Ay de ti, país que tienes por rey a un niño y cuyos gobernantes banquetean de mañana! Eclo 10.16.
El término de ésos será la perdición; su dios es el vientre y la conclusión será la gloria de los que sólo aprecian las cosas
terrenas. Flp 3, 19.
Estos son deshonra de vuestros ágapes; banquetean con vosotros sin vergüenza, apacentándose a sí mismos; son nubes sin agua
arrastradas por los vientos; árboles otoñales sin fruto, dos veces muertos, desarraigados. Jds 12.
Bien manifiestas son las obras de la carne (...), embriaguez, glotonería y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo,
como ya tengo dicho, que los que tales cosas hacen no alcanzarán el reino de Dios. Gal 5, 19, 21.
Habéis vívido abandonados a las mismas pasiones que los paganos, viviendo en lascívias, en embriagueces, en glotonerías, en
exceso de bebidas (...) 1 Pdr 4, 3.
Velad sobre vosotros mismos, no suceda que se ofusquen vuestros corazones con la glotonería y embriaguez (...) y os sobrecoja
de repente aquel día. Lc 21, 34.
No durmamos como los demás, antes bien estemos en vela y vivamos con templanza.! Tes 5, 6.
No nos ha dado Dios espíritu de timidez, sino de fortaleza, de caridad y de templanza. 2 Tim 1, 7.
Tu. vigila en todas las cosas (...), cumple todos los cargos de tu ministerio. Vive con templanza. 2 Tim 4, S.
Vivamos sobria, justa y religiosamente en este siglo, aguardando la bienaventuranza esperada. Tit 2, 12-13.
Teniendo, pues, qué comer y con qué cubrirnos, contentémonos con esto. l Tim 6, 8.
Los que se embriagan, de noche se embriagan. Nosotros, empero, que somos del día, vivamos en sobriedad.! Tes 5, 7-8.

TENTACION
El Señor quiso ser tentado para darnos ejemplo: Mt 4, 1-11; Mc 1, 12-13; Le 4, 1-13.
Que no es nuestra lucha contra la sangre y la carne, sino contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los
espíritus malos de los aíres. Ef 6, 12.
Sed sobrios y vigilad, que vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda rondando y busca a quien devorar. 1 Pdr 5,
8.
Simón, Simón, Satanás os busca para acecharos como trigo. Lc 22, 31.
Hijo mío, si te das al servicio de Dios, prepara tu ánimo a la tentación. Eclo 2, 1.
Siento otra ley en mis miembros que repugna a la ley de mi mente y me encadena a la ley del pecado, que está en mis miembros.
Rom 7, 23.
Tened, hermanos míos, por sumo gozo veros rodeados de diversas tentaciones. Sant 1, 2.
Bienaventurado el varón que soporta la tentación porque, probado, recibirá la corona de la vida que el Señor prometió a los
que le aman. Sant 1, 12.
Al vencedor le daré de comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de mi Dios. Apoc 2, 7.
Al vencedor yo le haré columna en el templo de mi Dios, y no saldrá ya jamás fuera de él, y sobre él escribiré el nombre de
Dios, de la nueva Jerusalén, la que desciende del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo. Apoc 3, 12.
Al que venciere le haré sentarse conmigo en mí trono, así como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono. Apoc 3,
21.
Al que venciere le daré del maná escondido y le daré también una piedrecita blanca y en ella escrito un nombre nuevo, que
nadie conoce sino el que la recibe. Apoc 2, 17.
Cada uno es tentado, atraído y halagado por la propia concupiscencia. Sant 1, 14.
No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que obedezcáis a sus concupiscencias. Rom 6, 12.
Fiel es Dios, que no permitirá seáis tentados sobre vuestras fuerzas, sino que de la misma tentación os hará sacar provecho
para que podáis sosteneros. l Cor 10, 13.
Vigilad y orad para que no caigáis en la tentación. Mt 26, 41, Mc 14,38.
Ten recto corazón y muéstrate firme, y no te dejes arrastrar al tiempo de la adversidad. Adhiérete a El y no te separes, para
que tengas buen éxito en tus postrimerías. Recibe todo lo que te sobrevenga y ten buen ánimo en las vicisitudes de tu
humillación. Pues el oro se prueba en el fuego, y los hombres gratos a Dios, en el crisol de la humillación. Confíate a El y
te acogerá, endereza tus caminos y espera en El. Eclo 2, 2-6.
TIBIEZA
El camino del perezoso está lleno de espinas. (...) Prov 15, 19.
Pasé junto al campo del perezoso y junto a la viña del insensato. Y todo eran cardos y ortigas que habían cubierto su haz y
su albarrada estaba destruida. A su vista me puse a reflexionar; aquello fue para mi una lección. Un poco dormir, un poco
adormilarse, un poco cruzar las manos descansando. Y sobreviene como vagabundo tu miseria, y como hombre armado tu
indigencia. Prov 24, 30-34.
Conozco tus palabras y que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Mas, porque eres tibio, y no eres ni
caliente ni frío, estoy para vomitarte de mi boca. Porque dices: Yo soy rico, me he enriquecido, y de nada tengo necesidad, y
no sabes que eres un desdichado, un miserable, un indigente, un ciego y un desnudo; te aconsejo que compres de mi oro
acrisolado por el fuego, para que te enriquezcas y vestiduras blancas para que te vistas y no aparezca la vergüenza de tu
desnudez, y colirio para ungir tus ojos a fin de que veas. Apoc 3, 15-18.
La senda de los justos es como la luz de aurora, que va en aumento hasta ser pleno día. Prov 4, 18.
Sed diligentes sin flojedad, fervorosos de espíritu, como quienes sirven al Señor. Rom 12, 11.
Y aunque me dije: "No me acordaré de él, no volveré a hablar en su nombre", es dentro de mí como fuego abrasador. Jer. 20,9.
Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Mt 15, 8.
Maldito el que ejecute negligentemente la obra de Yavé (...). Jer 48,10.
Habiendo comenzado en Espíritu, ¿ahora acabáis en carne? Gal 3,3.
Tenía uno plantada una higuera en su viña, y vino en busca del fruto y no lo halló. Lc 13, 6.
Estad alerta, velad, porque no sabéis cuándo será el tiempo. Mc 13, 33.
Velad, pues vosotros no sabéis cuándo vendrá el amo de la casa. Mc 13, 3S.
Despierta tú que duermes y levántate de entre los muertos, y te iluminará Cristo. Ef 5, 14.
Estáte alerta y consolida lo demás, que está para morir, pues no he hallado perfectas tus obras en la presencia de mi Dios.
Apoc 3, 2.
Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora el reino de los cielos está en tensión, y los esforzados lo arrebatan. Mt 11,
12.
Los designios del diligente prosperan, mas para el negligente todo son pérdidas. Prov 21, S.
Todo sarmiento que en mí no lleve fruto, lo cortará; y todo el que dé fruto, lo podará, hasta que dé más fruto. Jn 15, 2.
Ya está puesta el hacha a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. Mt 3,
10.

TIEMPO
Todo tiene su momento y todo cuanto se hace debajo del sol tiene su tiempo. Hay tiempo de nacer y tiempo de morir, tiempo de
plantar y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de (...). Ecl 3, 1-8.
Os digo, pues, hermanos, que el tiempo es corto. 1 Cor 7, 29.
Porque dice: "En el tiempo propicio te escuché y en el día de la salud te ayudé". Este es el tiempo propicio, éste el día de
la salud. 2 Cor 6, 2.
Que la buena vejez no es la de los muchos años, ni se mide por el número de días. Sab 4, 8.
Les dijo Jesús: por poco tiempo está aún la luz en medio de vosotros. Caminad mientras tenéis luz, para que no os sorprendan
las tinieblas, pues el que camina en tinieblas no sabe por dónde va. Jn 12, 35.
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. Mt 28, 20.
(...) vino Jesús a Galilea, predicando el Evangelio de Dios y diciendo: Se ha cumplido el tiempo, y el reino de Dios está
cerca; arrepentíos y creed en el Evangelio. Mc 1, 14-15.
Llevo tanto tiempo con vosotros, ¿y no me has conocido, Felipe? Jn 14, 9.
(...) andad con prudencia, no como necios, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo (...) Ef 5, 15-16.
Contestó Jesús: (...) Es preciso que yo haga las obras de Aquel que me ha enviado, mientras dure el día; viene la noche
cuando ya nadie puede trabajar. Jn 9, 4.
Mirad que vengo enseguida, y traigo conmigo el premio, para recompensar a cada uno según sus obras. Apoc 22, 12.
El que anda observando el viento no siembra nunca, y el que se queda mirando las nubes jamás se pondrá a segar. Ecl 11, 4.
[...J No andéis acongojados por el día de mañana, que el día de mañana harto cuidado traerá por sí: baste a cada día su
propio afán. Mt 6, 34.
Velad, porque no sabéis a qué hora ha de venir nuestro Señor; estad ciertos de que si el padre de familia supiera a qué hora
había de venir el ladrón, estaría seguramente en vela y no dejaría que le minasen la casa. Pues así mismo estad vosotros
igualmente prevenidos, porque a la hora que menos penséis ha de venir el Hijo del hombre. Mt 24, 42-44.

TRABAJO
Tomó Yahvé Dios al hombre, y le puso en el jardín de Edén para que lo cultivase y guardase. Gen 2, 15.
Seis días trabajarás, y descansarás al séptimo, para que descansen también tu buey y tu asno y se recobre el hijo de tu
esclava y el extranjero. Ex 23,12.
¿No es éste el hijo del carpintero? ¿Su madre no se llama María (...)? Mt 13, 5S.
Vosotros sabéis que a mis necesidades y a las de los que me acompañan han suministrado estas manos. Hech 20, 34.
Saldrá el hombre a su trabajo y a sus labores, hasta la tarde (...). Sal 104, 23.
Trabajad como para el Señor, y no para los hombres. Col 3, 23.
Allí encontró a un judío llamado Aquila (...), con Priscila, su mujer (...) y como era del mismo oficio que ellos, se quedó
en su casa y trabajaban juntos, pues eran ambos fabricantes de lonas. Hech 18, 2-3.
Os exhortamos, hermanos, a progresar más y a que os esforcéis por llevar una vida quieta, laboriosa, en vuestros negocios, y
trabajando con vuestras manos como os lo hemos recomendado. 1 Tes 4, 11.
Mientras estuvimos entre vosotros, os advertimos que el que no quiera trabajar no coma. 2 Tes 3, 10.
A estos tales les recomendamos y exhortamos en el Señor Jesucristo que, trabajando sosegadamente, ganen su pan. 2 Tes 3, 11.

TRISTEZA
Se derrite mi alma de pesadumbre; levántame tú según tu palabra. Sal 118, 28.
La angustia del corazón deprime al hombre, mas una palabra buena la alegra. Prov 12, 25.
Corazón alegre es buen remedio; mas el espíritu abatido seca los huesos. Prov 17, 22.
Corazón alegre hace buena cara, pero la pena del corazón abate el alma. Prov 15, 13.
Echar vinagre sobre el natrón es cantar canciones al corazón afligido. Prov 25, 20.
Mirando bien que ninguno sea privado de la gracia de Dios, que ninguna raíz amarga, al brotar, cause turbación, inficionando
a muchos. Heb 12, 15.
Alegraos siempre en el Señor; de nuevo os digo: alegraos. Fil 4, 4.
Pero los que confían en Yavé renuevan sus fuerzas, echan alas como de águila, corren sin cansarse y caminan sin fatigarse. Is
40, 31.
Jesús, poniendo en él los ojos, le amó y le dijo: Una sola cosa te falta: vete, vende cuanto tienes y dalo a los pobres, y
tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y sígueme. Ante estas palabras se anubló su semblante y se fue triste, porque tenía
mucha hacienda. Mc 10,21-22.
Levantándose de la oración, vino a los discípulos, y encontrándolos adormilados por la tristeza (...). Lc 22, 45.
En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará; vosotros os entristeceréis, pero vuestra
tristeza se volverá en gozo. La mujer, cuando pare, siente tristeza, porque llega su hora; pero cuando ha dado a luz un hijo,
ya no se acuerda de la tribulación, por el gozo que tiene de haber venido al mundo un hombre. Vosotros, pues, ahora tenéis
tristeza; pero de nuevo os veré, y se alegrará vuestro corazón, y nadie será capaz de quitaros vuestra alegría. Jn 16, 20-22.
Si alguno me contristó, no me contristó a mí, sino en cierto modo, para no exagerar, a todos vosotros. Bástele a ése la
corrección de tantos, pues casi habríamos de perdonarle y consolarle, para que no se vea consumido por excesiva tristeza. Por
eso os ruego que públicamente le ratifiquéis vuestra caridad. 2 Cor 2, 5-8.
Porque si con la epístola os entristecí, no me pesa. Y si estaba pesaroso viendo que aquella carta, aunque por un momento, os
había contristado, ahora me alegro, no porque os entristecisteis, sino porque os entristecisteis para penitencia. Os
contristasteis según Dios, para que no recibieseis daño alguno de nuestra parte. Pues la tristeza según Dios es causa de
penitencia saludable, de que jamás hay por qué arrepentirse; mientras que la tristeza según el mundo produce la muerte. Ved
cuánta solicitud os ha causado esa misma tristeza según Dios, y qué excusas, qué enojos, qué temores, qué deseos, qué celo y
qué vindicaciones. Totalmente limpios os habéis mostrado en este asunto. 2 Cor 7, 8-11.
Cada uno haga según se ha propuesto en su corazón, no de mala gana ni obligado, que Dios ama al que da con alegría. 2 Cor 9,
7.
Guardaos de entristecer al Espíritu Santo de Dios, en el cual habéis sido sellados para el día de la redención. Ef 4, 30.
No queremos, hermanos, que ignoréis lo tocante a la suerte de los que durmieron, para que no os aflijáis como los demás que
carecen de esperanza. Pues si creemos que Jesús murió y resucitó, así también Dios por Jesús tomará consigo a los que se
durmieron en El. 1 Tes 4, 13-14.
A aquellos a quienes el pesar de sus pecados pasados les tiene sumidos en la tristeza y desazón, derramad en su alma a manos
llenas la alegría de la ciencia espiritual, cual si fuese un vino que alegra el corazón humano (Sal 103, 15). Infundid
alientos en esos corazones apesadumbrados, llenándolos con la palabra de salvación, no sea que, acosados por la mortal
desesperación, sucumban a la excesiva tristeza (cfr. 2 Cor 2, 7).

UNIDAD
Que todos sean una misma cosa, y que, como tú, Padre, estás en mi y yo en ti, así sean ellos una misma cosa en nosotros
(...). Jn 17, 21.
Solícitos en conservar la unidad del espíritu en el vinculo de la paz. Ef 3, 3.
Un solo cuerpo y un solo espíritu, así como fuisteis llamados en una misma esperanza de vuestra vocación: un solo Señor, una
sola fe, un solo bautismo. Un solo Dios y Padre de todos, el cual está sobre todos, por todos y en todos. Ef 4, 6-9)
Hay diversidad de operaciones, pero uno mismo es el Dios, que obra todas las cosas en todos. (...) Porque también todos
nosotros hemos sido bautizados en un solo Espíritu, para constituir un solo cuerpo, y todos, ya judíos, ya gentiles, ya
siervos, ya libres, hemos bebido del mismo Espíritu. (...) De esta suerte, si padece un miembro, todos los miembros padecen
con él; y si un miembro es honrado, todos los otros a una se gozan. 1 Cor 12, 6.13.26.
Amándoos los unos a los otros con amor fraternal, honrándonos a porfía unos a otros. Rom 12, 10.

VANAGLORIA
Todo trabaja más de cuanto el hombre puede ponderar, y no se sacia el ojo de ver ni el oído de oír. Ecl 1, 2-9.
Una voz dice: Grita. Y yo respondo: ¿Qué he de gritar? Toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo. Is 40, 6.
El que de sí mismo habla, busca su propia gloria; pero el que busca la gloria del que le ha enviado, ése es veraz y no hay en
él injusticia. Jn 7, 18.
¿No sabes ya de siempre, desde que el hombre fue puesto sobre la tierra, que es breve la exaltación del malvado y dura un
instante la alegría de los perversos? Job 20, 4-5.
Porque, ¿quién es el que a ti te hace preferible? ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y silo recibiste, ¿de qué te glorias,
como si no lo hubieras recibido? 1 Cor 4, 7.
Estad atentos a no hacer vuestra justicia delante de los hombres, para que os vean; de otra manera no tendréis recompensa
ante vuestro Padre, que está en los cielos. Mc 6, 1.
No te vanaglories del día de mañana, pues no sabes lo que dará de si. Prov 27, 1.
Quienes siembran vientos, recogerán tempestades. La espiga no dará fruto ni formará harina, y si algunas lo dieran; las
devorará el extranjero. Os 8, 7.

VERACIDAD
Sea tu sí, sí, tu no, no. Mt 5, 37.
Jesús le dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Jn 14, 6.
Cuando viniere Aquél, el Espíritu de verdad, os guiará hacia la verdad completa. Jn 14, 13.
Si permanecéis en mi palabra, seréis en verdad discípulos míos y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Jn 8,
31-32.
Abrazados a la verdad, en todo crezcamos en la caridad. Ef 4, 15.
El demonio es el padre de la mentira: Jn 8, 42.
El cristiano no debe mentir: Ef 4, 25; Apoc 14, 5.
Es una infamia en el hombre la mentira (...). Eclo 20, 26.
Los cobardes, los infieles, los abominables, los homicidas, los fornicarios, los hechiceros, los idólatras y todos los
embusteros tendrán su parte en el estanque que arde con fuego y azufre, que es la segunda muerte. Apoc 21, 8.
Seis cosas aborrece Yavé, y aun siete abomina su alma. Ojos altaneros, lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente.
Corazón que trama iniquidades, pies que corren presurosos al mal. Testigos falsos, que difunden calumnias y encienden
rencores entre hermanos. Prov 6, 16-19.
Guardaos, pues, de murmuraciones inútiles, preservaos de la lengua mal hablada, porque la palabra más secreta no quedará
impune, y la boca embustera da muerte al alma. Sab 1, 11.
Los labios mentirosos los aborrece Yavé, se agrada de los que proceden sinceramente. Prov 12, 22.
Es preferible el ladrón al mentiroso, uno y otro tendrán por heredad la perdición. Eclo 20, 27.
Guárdate de mentir y de añadir mentiras a mentiras, que eso no acaba en bien. Eclo 7, 14.
Por lo cual, dejando de lado a la mentira, hable cada uno verazmente con su prójimo, pues que todos somos miembros unos de
otros. Ef 4, 25.
No hay para qué gloriaros, ni levantar mentiras contra verdad: que esa sabiduría no es la que desciende de arriba, sino más
bien una sabiduría terrena, animal y diabólica. Sant 3, 14-15.
Ellos (los gentiles) habían colocado la mentira en el lugar de la verdad (...) Rom 1, 25.
Fuera perros, hechiceros, fornicarios, homicidas, idólatras y todos los que aman y practican la mentira. Apoc 22, 15.
Nuestro Señor es la misma verdad; el Verbo de Dios que podemos conocer y en quien debernos vivir. 1 Jn 5, 7.
Por lo tanto, es inútil buscar la verdad fuera de El: toda la sabiduría está contenida en Jesús. Col 2, 3.

VIDA SOBRENATURAL
Respondió Jesús y le dijo: Quien bebe de esta agua volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le diere no tendrá
jamás sed; el agua que yo le de se liará en él una fuente que salte hasta la vida eterna. Jn 4, 13-14.
Y ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mi. Y aunque al presente vivo en carne, vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y
se entregó por mi. Gal 2, 20.
Os digo, pues: Andad en espíritu y no deis satisfacción a la concupiscencia de la carne. Porque la carne tiene tendencias
contrarias a las del espíritu, y el espíritu tendencias contrarias a las de la carne, pues uno y otra se oponen de manera que
no hagáis lo que queréis. Gal 5, 16-17
Y murió por todos para que los que viven no vivan ya para sí, sino para aquel que por ellos murió y resucitó. 2 Cor 5, 15.
Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no lleve fruto, lo cortará; y todo el que dé
fruto, lo podará, para que dé más fruto. Jn 15, 1-2.
Permaneced en mi y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto de si mismo si no permaneciere en la vid, tampoco
vosotros si no permaneciereis en mí. Yo soy la vid. Vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ese da mucho
fruto, porque sin mino podéis hacer nada. Jn 15, 4-6.
Sí permanecéis en mi y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que quisiereis, y se os dará. En esto será glorificado
mi Padre, en que deis mucho fruto, y así seréis discípulos míos. Jo 15, 7-8.
Por sus frutos los conoceréis. ¿Por ventura se recogen racimos de los espinos o higos de los abrojos? Todo árbol bueno da
buenos frutos, y todo árbol malo da frutos malos. No puede árbol bueno dar malos frutos, ni árbol malo frutos buenos. El
árbol que no da buenos frutos es cortado y arrojado al fuego. Por los frutos, pues, los conoceréis. Mt 7,16-20.
Aquel, pues, que escucha mis palabras y las pone por obra, será el varón prudente, que edífíca su casa sobre roca. Cayó la
lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y dieron sobre la casa; pero no cayó, porque estaba fundada sobre roca.
Mt 7,24-25.
El que halla su vida, la perderá, y el que la perdiere por amor de mi, la hallará. Mt 10, 39.

VIGILANCIA
Vela sobre ti, atiende a la enseñanza, insiste en ella. Haciendo así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchan. 1 Tim 4,
16.
Yo sé que después de mí partida vendrán a vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño, y que de entre vosotros mismos
se levantarán hombres que enseñen doctrinas perversas para arrastrar a los discípulos en su seguimiento. Velad, pues,
acordándoos de que por tres años, noche y día, no cesé de exhortaros a cada uno con lágrimas. Hech 20, 29-31.
Yo duermo, pero mí corazón vela. Es la voz del amado que llama: ¡Ábreme, hermana mía, amada mía, paloma mía, inmaculada mía!.
Que está mí cabeza cubierta de rocío y mis cabellos de la escarcha de la noche. Cant 5, 2.
Amo a los que me aman, y el que me busca me hallará. Prov 8,17.
Entonces estarán dos en el campo, uno será tomado y otro será dejado. Dos molerán en la muela, una será tomada y otra será
dejada.
Velad, pues, porque no sabéis cuándo llegará vuestro Señor. Pensad bien que si el padre de familia supiera en qué vigilia
vendría el ladrón, velaría y no permitiría horadar su casa. Por eso vosotros habéis de estar preparados, porque a la hora que
menos penséis vendrá el Hijo del hombre. Mt 24, 40-44.
Llegaron más tarde las otras vírgenes, diciendo: Señor, señor, ábrenos. Pero él respondió: En verdad os digo que no os
conozco. Velad, pues que no sabéis el día ni la hora. Mt 25, 11-13.
Y tomando a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y angustiarse. Entonces les dijo: Triste está mi alma
hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo. Mt 26, 37-38.
Y viniendo a los discípulos, los encontró dormidos, y dijo a Pedro: ¿De modo que no habéis podido velar conmigo una hora?
Velad y orad para que no caigáis en la tentación; el espíritu está pronto, pero la carne es flaca. Mt 26, 40-41.
Estad alerta, velad, porque no sabéis cuándo será el tiempo. Como el hombre que parte de viaje, al dejar su casa, encargó a
sus siervos a cada uno su obra, y al portero le encargó que velase. Velad, pues, vosotros, porque no sabéis cuándo vendrá el
amo de la casa, si por la tarde, si a medianoche, o al canto del gallo, o a la madrugada, no sea que, viniendo de repente, os
encuentre dormidos. Lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad. Mc 13, 33-37.
Estad atentos, no sea que se emboten vuestros corazones por la crápula, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, y de
repente venga sobre vosotros aquel día como un lazo; porque vendrá sobre todos los moradores de la tierra. Velad, pues, en
todo tiempo y orad, para que podáis evitar todo esto que ha de venir y comparecer ante el Hijo del hombre. Lc 21, 34-36.
Tened ceñidos vuestros lomos y encendidas las lámparas, y sed como hombres que esperan a su amo de vuelta de las bodas, para
que, al llegar él y llamar, al instante le abran. Dichosos los siervos aquellos a quienes el amo hallare en vela; en verdad
os digo que se ceñirá, y los sentará a la mesa, y se prestará a servirlos. Ya llegue a la segunda vigilia, ya a la tercera,
silos encontrare así, dichosos ellos. Vosotros sabéis bien que, si el amo de casa conociera a qué hora habría de venir el
ladrón, velaría y no dejaría horadar su casa. Lc 12, 35-40.
Velad y estad firmes en la fe, obrando varonilmente y mostrándoos fuertes. 1 Cor 16, 13.
El fin de todo está cercano. Sed, pues, discretos y sobrios (para prepararse) a la oración. 1 Pdr 4,
Sed sobrios y vigilad, que vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda rondando y busca a quien devorar. 1 Pdr 5,
8.
Por lo cual, ceñidos los lomos de vuestra mente y viviendo sobriamente, tened vuestra esperanza completamente puesta en la
gracia que os ha traído la revelación de Jesucristo. 1 Pdr 1, 13.
Cuanto a vosotros, hermanos, no viváis en tinieblas, para que ese día no os sorprenda como ladrón, porque todos sois hijos de
la luz e hijos del día; no lo sois de la noche ni de las tinieblas. Por consiguiente, no durmamos como los otros, sino que
estemos vigilantes y vivamos sobriamente. Los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan.
Pero nosotros, hijos del día, seamos sobrios, revestidos de la coraza de la fe y de la caridad y del yelmo de la esperanza en
la salvación. Que no nos destina Dios a la ira, sino a la adquisición de la salvación por nuestro Señor Jesucristo, que murió
por nosotros para que, ya velemos, ya durmamos, vivamos unidos a El, 1 Tes 5, 4-10.
Al ángel de la iglesia de Sardes escribe: Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas: Conozco
tus obras y que tienes nombre de vivo, pero estás muerto. Estáte alerta y consolida lo demás, que está para morir, pues no he
hallado perfectas tus obras en la presencia de mi Dios. Por tanto, acuérdate de lo que has recibido y has escuchado, y
guárdalo y arrepiéntete. Porque, si no velas, vendré como ladrón, y no sabrás la hora en que vendré a ti. Apoc 3, 1-3.
He aquí que vengo como ladrón; bienaventurado el que vela y guarda sus vestidos para no andar desnudo y que se vean sus
vergüenzas. Apoc 16, 15.
Tomad el yelmo de la salvación y la espada del espíritu, que es la palabra de Dios, con toda suerte de oraciones y plegarias,
orando en todo tiempo en espíritu, y para ello velando con toda perseverancia y súplica por todos los santos. Ef 6,17-18.
Aplicaos a la oración, velad en ella con hacímiento de gracias, orando a una también por nosotros; para que Dios nos abra
puerta para la palabra, para anunciar el misterio de Cristo, por amor del cual estoy preso. Col 4, 2-3.

VIRGEN SANTISIMA
Santa María Virgen
El Señor mismo os dará por eso la señal: He aquí que la virgen grávida da a luz, y le llama Emmanuel. !s 7, 14.
Eres jardín cercado, hermana mía, esposa, eres jardín cercado, fuente sellada. Cant 4, 12.
Madre del amor
Yo soy la madre del amor hermoso, del temor, de la ciencia y de la santa esperanza. Venid a mi cuantos me deseáis, y saciaos
de mis frutos. Porque recordarme es más dulce que la miel, y poseerme, más rico que el panal de miel. Eclo 24-26.
Amo a los que me aman, y el que me busca me hallará. Prov 8, 17
Y cantarán saltando de júbilo: "En ti están mis fuentes todas". Sal 86, 7.
Veneración a María
Tú, orgullo de Jerusalén; tú, gloria de Israel; tú, honra de nuestra nación; por tu mano has hecho todo esto, tú has
realizado esta hazaña en favor de Israel. Que se complazca Dios en ella. Bendita seas tú del Señor omnipotente por siempre
jamás. Amén. Jdt 15,10.
Muchos hijos han hecho proezas, pero tú a todas sobrepasas. Prov 31, 29.
¿Quién es ésta que se levanta como la aurora, hermosa cual la luna, resplandeciente como el Sol, terrible como un ejército en
orden de batalla? Cant 6, 10.
Peticiones a través de María
Bienaventurado quien me escucha y vela a mi puerta cada día, guardando las jambas de mis puertas. Prov 8, 34.
Y una tienda como sombras de día contra el calor, y como refugio y abrigo contra el turbión y el aguacero. Is 4, 6.
Entonces el creador de todas las cosas me dio una orden, y el que me creó reposó en mi tienda, y me dijo: Pon tu tienda en
Jacob, y sea tu heredad en Israel. Eclo 24, 12.
Es tu cuello cual la torre de David, adornada de trofeos, de la que penden mil escudos. Cant. 4, 4.
Inmaculada
(Pondré enemistad) [...J entre tu linaje y el suyo; Este te aplastará la cabeza, y tú le acecharás el calcañal. Gen 3, 15.
Eres del todo hermosa, amiga mía, no hay lacha en ti. Cant 4, 7.
Antes que los abismos fui engendrada yo, antes que fuesen las fuentes de abundantes aguas. Prov. 8, 24.
Tus testimonios son verídicos en grado sumo, conviene a tu casa la santidad. ¡Oh Yavé!, por el transcurso de los días. Sal
92, S.

VIRGINIDAD
Ha de observarse delicadamente: Eclo 42, 9-14.
Dijéronle los discípulos: Si tal es la condición del hombre con la mujer, no conviene casarse. El les contestó: No todos
entienden esto, sino aquellos a quienes ha sido dado. Porque hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay
eunucos que fueron hechos por los hombres, y hay eunucos que a si mismos se han hecho tales por amor del reino de los cielos.
El que pueda entender, que entienda. Mt 19, 10-12.
Dijo María al ángel: ¿Cómo podrá ser esto, pues yo no conozco varón? El ángel le contestó y dijo: El Espíritu Santo vendrá
sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra, y por esto el hijo engendrado será santo, será llamado Hijo de
Dios. Lc 1, 34-35.
Quisiera yo que todos los hombres fueran como yo; pero cada uno tiene de Dios su propio don: este, uno; aquél, otro. 1 Cor 7,
7.
El casado ha de cuidarse de las cosas del mundo de cómo agradar a su mujer, y así está dividido. La mujer no casada y la
doncella sólo tienen que preocuparse de las cosas del Señor, de ser santas en cuerpo y en espíritu. Pero la casada ha de
preocuparse de las cosas del mundo, de agradar al marido. Esto os lo digo para vuestra conveniencia, no para tenderos un
lazo, sino mirando a lo que es decoroso y fomenta el trato asiduo con el Señor sin distracción. Si alguno estima indecoroso
para su hija doncella dejar pasar la flor de la edad y que así deba ocurrir, haga lo que quiera; no peca; que la case. Pero
el que, firme en su corazón, no necesitado, sino libre y de voluntad, determina guardar virgen a su hija, hace bien. Quien,
pues, casa a su hija doncella hace bien, y quien no la casa hace mejor. 1 Cor 7, 33-38.
La mujer está ligada por todo el tiempo de vida de su marido; mas una vez que muera el marido, queda libre para casarse con
quien quiera, pero en el Señor. Más feliz será si permanece así, conforme a mi consejo, pues también creo tener yo el
espíritu de Dios. 1 Cor 7; 39-40.
Vi, y he aquí el Cordero, que estaba sobre el monte de Sión, y con El ciento cuarenta y cuatro mil, que llevaban su nombre y
el nombre de su Padre escrito en sus frentes, y oí una voz del cielo, como voz de grandes aguas, como voz de gran trueno; y
la voz que oí era de citaristas que tocaban sus citaras y cantaban un cántico nuevo delante del trono y de los cuatro
vivientes y de los ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino los ciento cuarenta y cuatro mil, los que fueron
rescatados de la tierra. Estos son los que no se mancharon con mujeres y son vírgenes. Estos son los que siguen al cordero
adondequiera que va. Estos fueron rescatados de entre los hombres, como primicias para Dios y para el Cordero, y en su boca
no se halló mentira: son inmaculados. Apoc 14,1-5.

VOCACION
Elección divina:
Yo te he llamado por tu nombre. Is 43, 1
Llamó a los que quiso. Mc .3, 13.
No me habéis elegido vosotros a mi, sino que yo os elegí a vosotros. Jn 15, 16.
(Pablo, llamado y elegido) no por los hombres ni por obra de hombres, sino por Jesucristo y Dios Padre. Gal 1, 1.
Nos eligió antes de la creación del mundo. Ef 1, 4.
Nos llamó con vocación santa, no en virtud de nuestras obras, sino en virtud de su designio. 2 Tim 1, 9.
Correspondencia pronta, sin dilaciones:
Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que antes vaya a dar sepultura a mi padre. Pero Jesús le respondió: Sígueme
y deja que los muertos entierren a sus muertos. Mt 21, 22.
Al pasar vio a Leví el de Alfeo sentado al telonio, y le dijo: Sígueme. El, levantándose, le siguió. Mc 2, 14.
Llamada a través de otros
(Andrés) encontró a su hermano Simón y le dijo: Hemos hallado al Mesías, que quiere decir el Cristo. Le condujo a Jesús, que,
fijando en él la vista, dijo: Tú eres Simón, el hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas, que quiere decir Pedro. Jn 1, 41-42.
Fijó la vista (el Bautista) en Jesús que pasaba y dijo: He aquí el Cordero de Dios. Los dos discípulos, que le oyeron,
siguieron a Jesús. Jn 1, 36-37.
A veces no coincide con nuestros planes
(Jonás, el profeta) levantóse para huir lejos de Yahvé, a Tarsis; bajó a Jope y halló un barco que estaba para ir a Tarsis.
Pagó el pasaje y entró en el barco para irse con ellos a Tarsis, lejos de Yahvé. Jon 1, 3.
El joven rico y su negación a seguir a Cristo: Mt 19, 16-26.
Las excusas
Un hombre daba una gran cena, e invitó a muchos. Y envió a su criado a la hora de la cena para decir a los invitados: Venid,
pues ya está todo preparado. Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero le dijo: he comprado un campo y tengo necesidad
de ir a verlo; te ruego que me des por excusado. Y otro dijo: compré cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlas; te ruego que
me des por excusado. Lc 14,16-20.
El premio
Al que venciere le daré el maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en ella escrito un nombre nuevo, que nadie
conoce sino el que lo recibe. Apoc 2,17.
En verdad os digo que no hay nadie que, habiendo dejado casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o campos por mi y por
el Evangelio, no reciba en esta vida cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y campos, con persecuciones;
y en el siglo venidero, la vida eterna. Mc 10, 29-31.

VOLUNTAD DE DIOS
Jesús le dijo: Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y acabar su obra. Jn 4, 34.
Que no os conforméis a este siglo, sino que os transforméis por la renovación de la mente para que sepáis discernir cuál es
la voluntad de Dios, buena, grata y perfecta. Heb 12, 2.
Por esto, no seáis insensatos, sino sabed cuál es la voluntad del Señor. Ef 5, 17
Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Lc 22, 42.
Por esto, también desde el día en que tuvimos esta noticia, no cesamos de orar y pedir por vosotros; para que seáis llenos
del conocimiento de la voluntad de Dios, con toda sabiduría e inteligencia espiritual. Col 1, 9.
No todo el que dice: ¡Señor, Señor! entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre, que está en
los cielos. Mt 7, 21.
Ese siervo que, conociendo la voluntad de su amo, no se preparo ni hizo conforme a ella, recibirá muchos azotes. Lc 12, 47.
Y el mundo pasa, y también sus concupiscencias; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. 1 Jn 2,17.
Aquel, pues, que escucha mis palabras y las pone por obra, será semejante al varón prudente, que edifica su casa sobre roca.
Mt 7, 24.
¡Ah! si hubieses atendido a mis mandamientos, tu paz sería como un río, y tu justicia como las olas del mar. Is 48,18.
Quien me escuche vivirá tranquilo, seguro y sin temor de mal. Prov 1, 33.
Los que cumplen la voluntad de Dios son los verdaderos parientes de Nuestro Señor: Mt 12, 50; Mc 3, 35; Lc 8, 19-21.
Nuestro Señor bajó del cielo para cumplir la voluntad 4e su Padre: Jn 6, 38.
Cómo Pablo conoce y cumple su voluntad divina: Hech 20, 22-25; 21, 13-14.
La voluntad divina es inmutable: 2 Cor 1, 18-22.
No debemos buscar agradar sino a Dios: Gal 1, 10-16.
Cómo hay que cumplir esta santa voluntad: Flp 2, 14-15.
Las órdenes que nos son dadas por nuestros superiores representan la voluntad de Dios respecto de nosotros: Col 3, 22-24.
Cómo los Sagradas Escrituras nos revelan esta santa voluntad: 2 Tim 3, 16-17.
Cómo cumplió Nuestro Señor la santa voluntad de su Padre: Flp 2, 8; Heb 10, 7-9.


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